Análisis | El minimalismo indie de Wilmot’s Warehouse

La esencia de los videojuegos se origina en los conceptos más simples. Aquellos clásicos de antaño, los primeros grandes éxitos de los Arcades, debían limitarse a unas pocas reglas bien definidas para que el eventual ciclo de repetición—nivel tras nivel—nos mantenga deseosos de seguir enfrentando la inevitable escalada de dificultad que, tarde o temprano, terminaría con nuestras vidas virtuales: cruzar la calle con una rana, derrotar a los invasores espaciales, o incluso escalar a lo alto del nivel para rescatar a nuestra amada de las garras de un gorila gigante. Hago todas estas menciones porque es en lo primero que pienso cuando experimento la adictiva jugabilidad de Wilmot’s Warehouse.

Al igual que en aquellos clásicos de tiempos pasados, no esperen una historia compleja en esta nueva propuesta de Finji. Nuestro protagonista, el titular Wilmot, trabaja en un enorme depósito organizando productos y entregando las cantidades requeridas cuando sus colegas las soliciten. Lo que acabo de escribir es todo el juego, que se repite día tras día en una rutina que se balancea majestuosamente entre la sensación Zen de mantener nuestro espacio de trabajo organizado y el eventual caos que se desencadena en cuanto la cantidad de ítems a organizar va atentando contra el espacio finito del depósito.

Llegan nuevos productos… Llegan nuevos problemas…

Wilmot es un cuadrado; forma geométrica que le viene al pelo para adaptarse a la estructura del depósito y los objetos que pronto ocuparán dicho espacio. Cada día de trabajo comienza con el camión de la empresa volcando una cantidad de objetos en la parte inferior del depósito. Wilmot puede “pegarse” a objetos adyacentes para llevarlos consigo, teniendo en cuenta que nuestro esforzado empleado tiene un límite de carga. Llevar más de la cuenta nos ralentizará, así que es prudente no sobrecargar a nuestro pobre muchacho. Por otro lado, el modo en que agarramos objetos nos convierte en una nueva forma que se mueve por el sitio, muchas veces impidiéndonos el paso por pasajes estrechos o esquinas traicioneras.

El control de Wilmot es muy agradable, aunque no sin algunos reparos. Desplazarnos por el depósito se siente muy bien y el juego siempre nos “centrará” en la casilla más cercana a nuestra posición. Agarrar objetos es tan simple como pegarnos a ellos y seleccionarlos con el mouse o presionar un botón en la dirección deseada. Hay algunas diferencias entre usar el mouse o los botones del gamepad, y cada opción tiene sus puntos positivos y negativos: el mouse puede darnos mayor precisión, pero debemos mantener el puntero cerca de Wilmot y además contar con algo de destreza para seleccionar lo que deseamos; mientras tanto, seleccionar con el botón es más inmediato, pero pierde parte de la precisión del mouse. Personalmente me sentí más cómodo usando el mouse, pero al igual que muchas otras cosas en este juego, la decisión final queda en manos de cada jugador.

Entregando pedidos

Pasado el tiempo de organización, la ventanilla del extremo superior del depósito se abre y nuestros compañeros de trabajo aparecerán para solicitarnos una serie de objetos. Aquí nuestro objetivo es recolectar los ítems pedidos y entregarlos tan pronto sea posible, dando especial prioridad a los empleados con estrellitas, ya que ellos determinarán nuestra calificación al culminar el día. Estas estrellitas serán nuestra moneda para adquirir mejoras en un panel especial al que se accede al culminar cada cuarto de año, que nos brindará nuevas habilidades para Wilmot (rotar los objetos que carguemos, poder llevar más ítems a la vez, correr cuando no llevemos nada) y algunas otras mejoras, como la posibilidad de demoler algunas de las paredes del depósito para aprovechar el espacio vacío.

Tras la pantalla de mejoras tendremos una instancia de organización sin límite de tiempo, lo que nos permitirá hacer un replanteo de nuestra estrategia y acomodar nuestros ítems de la mejor forma que se nos ocurra. Una vez finalizada esta etapa, el juego regresa al bucle de rutina hasta llegar al próximo fin de cuarto para adquirir nuevas mejoras y volver a organizarlo todo.

Wilmot sufre llevando demasiado en un depósito caótico

El éxito de Wilmot’s Warehouse está en esa simplicidad de su reglamento y en la libertad que le da al jugador. Nosotros podemos acomodar los ítems de la forma que se nos ocurra: por color, por categoría, por forma, por lo que sea; lo único que importa es que podamos entregar los ítems pedidos tan rápido como sea posible. En un principio es muy sencillo: el depósito está casi vacío y hay poca variedad de objetos; pero día tras día van apareciendo nuevos ítems en el catálogo, más cargas en el camión, y habrá menos espacio en el depósito. Recordar dónde pusimos cada cosa se convierte en un ejercicio de memoria y organización cada vez más difícil, más desafiante; y si no tenemos cuidado, un pequeño descuido, un objeto dejado de lado, puede tranquilamente convertirse en una pila de desorganización que crece con aterradora velocidad.

Un depósito organizado es un depósito feliz

Wilmot’s Warehouse es una experiencia sorprendentemente atrapante. Tal vez más digna del juego casual, pero al mismo tiempo lista para castigarnos por ello (ustedes intenten volver al otro día y recordar dónde pusieron cada cosa). Con la posibilidad de un modo de juego Experto, que remueve algunas comodidades, y la opción para jugar de a dos en cooperativo, este pequeño y simpático experimento tiene todos los ingredientes para entretenernos por mucho rato. Pasen a buscar su copia, porque hay muchas en el depósito.

WILMOT’S WAREHOUSE

20/08/2019 (PC, SWITCH)
8.0

Disfruté de Wilmot’s Warehouse en Steam, probando tanto el control por mouse como por gamepad; los modos Experto y Cooperativo, y principalmente el modo Normal, descubriendo que, así como el juego puede ser una de las experiencias más relajantes de la industria, también está a dos ítems mal ubicados de gatillar los más severos TOCs que uno no sabía que tenía. El juego fue provisto por el desarrollador.