SERIES 2018: Las 20 mejores series del año
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SERIES 2018: Las 20 mejores series del año

¿Quiénes dominarán el podio de la mejor tele del año? ¿las segundas temporadas de los fenómenos de 2017, los grandes finales de series históricas, o los estrenos fuertes de los últimos meses?

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Por: Ignacio Esains

2017 fue un año flojito en materia de estrenos televisivos, pero nos dio un puñado de series memorables que se tomaron nuestro top 10: la psicodelia de Legion, la inmediatez de The Handmaid’s Tale, la oscuridad mística de American Gods. Candidatas a convertirse en nuestras nuevas favoritas.

Bueno, no pasó. No vas a ver ninguna de esas series en el ranking. Legion mostró todos sus trucos en esa primera temporada y ni con todo el estilo del mundo pudo cubrir su falta de sustancia. The Handmaid’s Tale agotó la novela original y se resignó a apilar humillaciones sobre su protagonista, cerrando la temporada con un final casi inexplicable que parece tener como único propósito justificar una tercera temporada. Y American Gods… ni se estrenó. Perdió a sus guionistas y a la mitad de su elenco, camino a una segunda temporada en 2019 que promete alejarse de todo lo que hacía interesante a la primera.

Pero seguimos creyendo. Hubo grandes temporadas, un par de finales memorables y, crucialmente, muchos, pero MUCHOS grandes estrenos. Este top 20 está lleno de series nuevas, y aunque los destinos de las tres que citamos nos preocupan, vamos a seguir apostando por los nuevos caminos, por una televisión más profunda, más adulta, y por supuesto, más inclusiva.

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20

Bodyguard (Miniserie)

A veces es un problema empezar demasiado arriba. La primera escena de esta miniserie de la BBC es absolutamente perfecta, una de esas secuencias de acción tipo James Bond que buscan mostrar al personaje haciendo lo que mejor sabe hacer, y de paso mostrando distintos aspectos de su personalidad y a la vez enganchando al espectador con una mirada brutal sobre hechos recientes de terrorismo.

Bodyguard nunca vuelve a alcanzar ese nivel cinematográfico, pero lo que sigue es de cualquier manera fascinante, una historia de suspenso con elementos que hemos visto mil veces pero configurados de formas originales, con enorme cuidado en los diálogos y en la caracterización de héroes y villanos. El equivalente televisivo a un gran best-seller playero - y no hay nada de malo en eso.

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La Casa de las Flores S1

Después de bodrios imposibles como Club de Cuervos, Ingobernable y nuestra patética Edha, Netflix por fin la pega con una serie latinoamericana (no, de Luismi solo tenían la distribución). La Casa de las Flores se disfraza de telenovela cool, pero esta historia de una familia en conflicto en realidad tiene mucho más en común con el cine norteamericano que flota entre lo independiente y lo comercial, robando estética a Almodóvar para contar una historia más convencional pero cargada de una energía que hace que una temporada se sienta como cinco.

Los De La Mora son los proveedores de flores de la clase alta mexicana, pero esa familia ideal que venden a sus clientes no es más que una farsa, algo que descubre de golpe la matriarca (una genial Verónica Castro) en un primer capítulo tan cargado de situaciones y sorpresas que parece increíble que dure solo 30 minutos. Cada uno de los De La Mora es una gran creación, pero Cecilia Suárez como Paulina es una de esas creaciones que trasciende la serie, una aristócrata que dice con la voz más educada posible las verdades más hirientes.

Pero Paulina no es una caricatura, y a lo largo de los 13 capítulos (fallidos a veces, atolondrados, pero siempre divertidos) tendrá momentos conmovedores, al igual que cada uno de sus hermanos. Por ahí en ese aspecto es en el que el director Manolo Caro supere a sus inspiraciones - en la gran compasión que tiene hacia sus personajes, evitando condenarlos o regodearse en sus defectos.

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18

Succession S1

Si te hacés el hábito de estudiar los ratings de tus series favoritas, vas a ver una tendencia interesante: la mitad de los espectadores dejan de ver una serie nueva luego del primer capítulo. No importa si es malo o bueno, no importa si la serie más adelante se convierte en un éxito o un fracaso - es la matemática. Y los que escribimos sobre televisión no estamos exentos de esta tendencia. Yo, por ejemplo, largué Succession luego de ver el primer capítulo y me arrepentí muchísimo cuando la vi por casualidad, por la insistencia de un amigo.

Y es que Succession necesita más (pero no mucho más) de un capítulo para separarse de la maraña de series post-Mad Men, que muestran hombres de inmenso poder (con alguna mujer como sazón, para no poner incómodos a los actores en entrevistas) que generalmente son bastante infelices. Niños ricos que tienen tristeza como los protagonistas de Billions, Suits, Ray Donovan, y mil más. Bueno, Succession no es así. Acá no hay antihéroes, sino villanos, lacras humanas que solo ocupan posiciones de poder por genealogía y suerte.

Succession es como una versión de Hamlet en la que todos los personajes estuvieran demasiado ocupados chequeando el celular como para escuchar las conspiraciones que los rodean. Este clan de posibles herederos alterna entre la paranoia y la displicencia de forma alarmante, y la intención de Jesse Armstrong, creador de la serie, es nunca dejar de lado la forma en la que estos monstruitos repugnantes controlan una de las pocas cosas que deberían ser sagradas: los medios de comunicación. Una temporada que no hace más que escalar hasta un final tan perfecto que parece difícil de superar en una futura continuación.

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17

The Terror (Miniserie)

El terror televisivo tiene una limitación que parece insuperable: si una buena historia del género debe ser un lento descenso a los infiernos ¿cómo hacés para que la gente se quede viendo el capítulo dos? “The Terror” se pone un desafío adicional, básicamente declarando desde el minuto uno que no hay oportunidad de que estos marinos del Siglo XIX atrapados en el Ártico se salven de lo que sea que los espera en el hielo. Y la solución, en el caso de esta serie, es apelar a un morbo casi clínico del espectador, unas ganas casi incontrolables de saber “qué pasó después” en una serie que evita los misterios artificiales y se dedica a registrar con frialdad el deterioro de sus personajes.

Los primeros capítulos de The Terror están dedicados a bocetar el microcosmos de los dos rompehielos camino al frío eterno, y aún sin sustos, logra contar pequeñas historias que martillan la idea de que la vida de los marinos rasos no valen nada, ni para sus superiores, ni para su gobierno, ni para… mejor no spoilearte nada. The Terror se gana sus 10 horas, aprovechando cada minuto para expandir la historia en distintas direcciones y logrando quizás el mejor final que se haya visto en una serie del género.

Ah, y si sos de los gamers que disfrutaron el brillante Return of the Obra Dinn - TENÉS que ver esta serie.

 

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16

Sorry for your Loss S1

A pesar de que esta serie es de Facebook, nada de lo que lees en Facebook sobre lidiar con el dolor es real. Hay vacíos repentinos en tu vida que nunca vas a poder llenar. No vas a poder cerrar las historias que empezaste con un otro que se fue y no va a volver. No podés poner buena cara al mal tiempo, y Leigh Shaw lo sabe mejor que nadie. También sabe que a pesar de todo esto tenés que seguir viviendo igual, pero no está segura si eso la convence del todo.

Leigh acaba de perder a su esposo, justo cuando estaba empezando una nueva fase de su vida. Tenía una carrera, planes, un futuro que ahora parece no tener sentido. Leigh está triste, pero más que todo está enojada con todo lo que uno estaría enojado en esa situación ¿por qué pasó? ¿por qué de repente? ¿por qué a mí y no a otro que hizo las cosas peor que yo?

Leigh, interpretada por una prodigiosa Elizabeth Olsen, es observadora, ingeniosa, sarcástica, y ya no tiene excusas para ser una buena persona, lo que la hace un personaje fascinante de seguir en una serie que mezcla el humor y la catarsis sin insultar la inteligencia del que está mirando.

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15

Howard’s End (Miniserie)

Kenneth Lonergan es dramaturgo, aunque quizás lo ubiques más como el autor del guión de “Manchester Junto al Mar”, y no es mala referencia para una miniserie que consiste de largas escenas calmas, fascinantes, que registran la dinámica de una familia y (por extensión) una época, contrapuestas con explosiones emocionales casi imposibles de controlar que causan graves consecuencias en sus entornos.

Howard’s End (adaptada al cine en 1991 por James Ivory como “La Mansión Howard”) necesita esos tiempos que Lonergan regala para sugerir el tsunami interno de cada uno de sus personajes, en particular de Margaret Schlegel, tan idealista como contenida, deslumbrante en la interpretación de Hayley Atwell. La oscarizada película compartía el uso de los tiempos muertos, pero en este caso la puesta en escena de Hettie MacDonald (directora de “Blink”, el mejor capítulo de Doctor Who) está consciente del ojo inquisidor del espectador, y carga cada plano de información periférica para el que presta atención, casi como un libro anotado a los márgenes.

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14

Chilling Adventures of Sabrina S1

Riverdale es uno de los hallazgos de los últimos años: una serie para adolescentes que se divierte modernizando y pervirtiendo un poco el acartonamiento rancio de los clásicos cómics de Archie. Sabrina hace lo mismo, no solo con los cómics sino con la igual de azucarada versión televisiva de la serie, casi una leyenda para una generación que esta nueva lectura demuele con infinita alegría.

En donde Sabrina supera a Riverdale (aparte de permitirse temáticas un poco más subidas de tono) es en el tratamiento visual, donde la serie de Netflix se juega por una estética más cinematográfica y a la vez más cercana al universo expresionista de los cómics. Kiernan Shipka, veterana de Mad Men, encuentra el equilibrio perfecto entre la Sabrina teen y la aprendiz de bruja fascinada con lo oscuro, además de algo intermedio que recién empezamos a explorar y que llega en la mitad de la temporada. A lo largo de los capítulos, los creadores introducen elementos más relacionados con la saga Harry Potter de lo que creemos conocer de Sabrina, y aunque son efectivos, queda claro que en la próxima temporada la serie va a tener que decidir lo que realmente es - lo bueno es que cualquiera de los caminos por los que se decidan tienen aspectos interesantes.

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13

Cobra Kai S1

Con hacernos reir un rato, esta serie ya se ganaba un puesto en el top, pero los creadores de las también excelentes Harold & Kumar decidieron también usar nuestra nostalgia para contar una historia sobre lo difícil que es dejar atrás el pasado y (quizás la idea más original de esta serie) si por ahí no es una buena idea mantener viva a la mejor versión de nosotros mismos, a pesar de que eso esté tan lejos de lo que otros llaman madurez.

Casi como en el futuro que Marty McFly se encuentra al final de la primera peli, los roles de bully y bullyado han cambiado en el universo de Karate Kid. Johnny es el perdedor que de forma casi desesperada vuelve a abrir el dojo que lo hizo feliz, mientras que Daniel-San está viviendo una vida de éxito superficial que mataría de vergüenza al pobre Mr. Miyagi. La inteligencia de la serie es contrastar las vidas de estos vejetes con las de sus nuevos alumnos, chicos que los hacen ver a Johnny y Daniel que el conflicto en el que basaron sus vidas los hizo miopes a muchas cosas que pasaban alrededor de ellos.

Ah, y APARTE es la comedia más graciosa del año.

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12

The Good Place S2/S3

Hay que reconocer la audacia de The Good Place. La primera temporada es una genialidad, que plantea una fantasía que podría haber durado 10 temporadas y la detona en menos de 13 capítulos. La segunda temporada agotó las posibilidades narrativas de ese universo aumentando la velocidad e introduciendo nuevos conceptos que nunca chocaban con el planteo original.

La inspiración de The Good Place es Lost, no solo por los misterios sobrenaturales y la curiosidad filosófica, sino porque también aprende de la serie de Damon Lindelof los errores a evitar. La tercera temporada parece resetear por completo la estructura de las temporadas anteriores, cambiando los roles de los personajes y acomodándose en una narrativa un poco más lineal (pero no por eso predecible). Los primeros episodios de esta temporada profundizaron en los traumas individuales de los cuatro personajes originales, y por lo tanto la comedia pasó a un segundo plano, perdiendo un poco del vértigo que caracteriza a esta serie. Pero a juzgar por los excelentes últimos episodios transmitidos en 2018, el equipo de guionistas tiene los objetivos claros y el camino ha vuelto a ser un placer.

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11

One Day at a Time S2

La comunidad latina de Estados Unidos suele estar relegada a la periferia de la televisión. La excusa de las grandes (y pequeñas) cadenas es que ese público prefiere ver productos de sus países originarios, ignorando quizás que la experiencia de un cubano nacido y criado en Los Ángeles es muy distinta a la de los nativos de la isla. One Day at a Time se concentra en una de estas familias, pero en vez de apuntar a una historia genérica, cambia los estereotipos por personajes finamente detallados.

La primera temporada de la serie se contentó con presentar a estos personajes, sus raíces y sus conflictos en una colección de episodios brillantes, que usaban la estructura de la “sitcom” más clásica (escenas teatrales, risas grabadas, gags constantes) para convertir la experiencia de esta familia única en algo universal. En la segunda el equipo de Gloria Calderón-Kellett y Mike Royce redoblan la apuesta, explorando los temas difíciles de la primera (estrés postraumático, identidades sexuales y de género, el amor en la tercera edad) con un toque ligero pero sin miedo a momentos que exponen las emociones de los personajes. No hay un solo episodio malo, pero el final de temporada es de lo mejor que el género ha dado, un tour de force actoral para el elenco completo que encuentra en el artificio de la sitcom una sinceridad desnuda a la que pocas series se atreven.

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10

The Americans S6

Preguntale a cualquiera que sepa algo de televisión y te va a decir que la mejor serie de la historia es The Wire. Es casi indiscutible que esta obra maestra de HBO, una mirada a las instituciones en colapso de una ciudad de clase trabajadora de los Estados Unidos, es simplemente magistral, una master class de narrativa. Pero preguntale a la misma persona cuál es su serie favorita y probablemente esa esté lejos de ser la respuesta.

The Americans, en especial en sus últimas temporadas, ha resultado ser una serie que se admira más de lo que se disfruta. La genialidad de sus primeros años fue usar la historia de espionaje como una metáfora de la desintegración de un matrimonio, y esta sexta temporada, sabiamente cierra en esa misma frecuencia cambiando los roles de Phillip y Elizabeth - ahora ella es la que tiene las crisis y él el que tiene el plan.

Sin embargo, y a pesar del enorme virtuosismo narrativo y visual de la parte de espías, con los años el lado soviético de la serie se ha vuelto cada vez menos creíble y por lo tanto la tensión se hizo artificial. Como pasó con Mad Men o Breaking Bad, los conflictos que los guionistas introducen para estirar la historia se sienten falsos, y la forma superficial en la que esta última temporada trata el colapso de la Unión Soviética resulta una mancha negra más al aspecto político que siempre fue el talón de Aquiles de la serie.

Pero como pasaba con BB y MM, la recta final es pura perfección. El último capítulo logra sorprender cuando parecía que la suerte estaba echada para todos los personajes, y a pesar de que el destino de los personajes está sellado por la Historia, The Americans evita la tragedia melodramática a la que parecía estar apuntando y nos da un cierre tan adulto como satisfactorio.

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9

Better Call Saul S4

Hace un par de años era sacrilegio decir que Saul era mejor que Breaking Bad - hoy no es más que la pura verdad. Después de una tercera temporada que sacudió para siempre la estructura de la serie, Vince Gilligan y Peter Gould se tomaron 10 capítulos para hacernos perder cualquier esperanza de que el alma de Jimmy McGill tuviera salvación. Si es la transformación que estamos esperando desde el primer capítulo ¿por qué es tan dolorosa?

La cuarta temporada es desoladora por varias razones, principalmente porque se trata de un manojo de personajes alejándose entre ellos y perdiendo de vista sus objetivos. La desintegración de la relación de Kim y Jimmy alcanza su pico en la mitad de la temporada, con un montaje al ritmo del dúo “Something Stupid” que deben conformar los mejores cinco minutos de televisión del año. Mike también se está alejando de sus propios códigos, camino a convertirse en el criminal que conocimos en Breaking Bad, y el gran acierto de la temporada es dejar respirar su relación con Werner, un ingeniero alemán que es en muchos sentidos un espejo del calculador pero fatalmente sentimental Mike.

No todo fue perfecto. La entrada de Gus Fring todavía no encaja mucho con la temática de la serie, y su tortura del “Tío” Salamanca recordó a los momentos menos inspirados de los neonazis del final de Breaking Bad. Nacho es otro personaje que está a la deriva, pero la altísima calidad de los elementos individuales de esta serie prácticamente garantiza que estas piezas están ahí para ser usadas en el gran final.

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8

Glow S2

La primera temporada de Glow fue tan divertida como ligera, gracias a su elenco de actrices ultra talentosas y los capítulos veloces, que con 30 minutos son como un parpadeo para el promedio de Netflix. La segunda podría tranquilamente haber sido un refrito, pero el equipo creativo aumentó la apuesta buscando un poco más de riqueza temática en las vidas de estos personajes.

La reconciliación de Ruth y Debbie es solo el principio de un camino en el que deben volver a conocerse, a confiar y a encontrar un mutuo respeto cuando las dos descubren sus dones como directora y productora respectivamente. Los estereotipos raciales que la serie criticaba con una sonrisa el año pasado ahora se toman en serio, en especial en un capítulo conmovedor para el personaje de Tammé. Son pocos los miembros del elenco que no tienen su momento para brillar en los 10 capítulos de la temporada, y un final del todo sorpresivo aleja a la serie de su contrapartida real y nos lleva en terreno desconocido, hacia lo que seguramente será un excelente tercer round.

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7

Westworld S2

La primera temporada de Westworld fue tan impactante como emocionalmente inerte. El diseño de producción era espectacular, y ese parque de diversiones obsesionado con la muerte era una creación tan original como efectiva en lo temático. El gran problema eran los personajes, que al estar a merced de sus creadores ficticios y sus guionistas reales eran incapaces de desarrollar una personalidad propia sin que fuera reseteada de inmediato por algún capricho de la narrativa no-lineal de Jonathan Nolan y Lisa Joy.

Esta segunda temporada resuelve la mayoría de esos vicios, y aunque todavía gasta demasiada energía en querer impresionar al espectador con giros ingeniosos y líneas temporales distorsionadas, la rebelión de los robots tiene forma gracias a la búsqueda paralela de Dolores y Maeve, dos personajes que buscan maneras opuestas de lidiar con sus recién descubiertos poderes. Es una pena que no le dieran la misma oportunidad de brillar a Jeffrey Wright, que aún interpretando a un personaje que es básicamente un signo de pregunta andante logra transmitir más emoción con su mirada perdida que cualquiera de los humanos del parque.

Ah, esos humanos… lo más flojo de la temporada sigue teniendo que ver con el “Hombre de Negro” de Ed Harris, aunque su historia nos da una de las mejores secuencias de la serie, una especie de homenaje a la escotilla de Lost que responde varias preguntas sobre la naturaleza de la inteligencia artificial en el parque. Es en grandes episodios como “Kiksuya” y “Akane No Mai”, en los que los humanos están en la periferia, en donde Westworld logra contar sus mejores historias sobre la consciencia, y el rol que un “anfitrión” debe jugar en este mundo.

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6

Homecoming S1

El misterio es el género más difícil de hacer en televisión. Aún los mejores (Lost, Twin Peaks, The Affair) terminan colapsando bajo el requerimiento de contar una historia en capítulos, compartiendo información con cuentagotas. Bajo esos parámetros, Homecoming es un milagro: una serie de misterio que logra sostener el suspenso sin caer un solo segundo en el aburrimiento ni perderse en la tangente.

Podría contarte de qué se trata, pero mientras menos sepas antes de verla mejor (y seas quien seas, tenés que verla). La primera gran estrategia de Homecoming es reducir todo lo que sobra. Los capítulos duran solo 30 minutos (algo extraño para una serie dramática) y el elenco tiene solo los personajes necesarios, relegando a los secundarios a las dos o tres escenas en las que contribuyan a la historia y luego sacándolos por completo de la serie. Eso hace que el elenco de actores de primer nivel liderado por una contenida pero eléctrica Julia Roberts pueda respirar y, a pesar de lo cortos que son los capítulos, llegar a conocerlos e involucrarnos con sus historias.

De forma admirable, Homecoming nunca quiere engañar al espectador. Oculta información, como cualquier misterio, pero nunca se va en una dirección falsa para aumentar la confusión, y aunque está narrada en dos tiempos, usa una estrategia visual tan simple como efectiva para separar el “hoy” del “ayer”. Esta economía de información, duración y personajes hace que el director Sam Esmail (Mr. Robot) pueda jugar con la imagen, dándonos planos que rara vez se ven en televisión.

Pero donde Homecoming supera a todos los misterios televisivos del pasado es en su final, que cierra las líneas narrativas más importantes de forma satisfactoria y regala un gran momento a cada uno de los personajes. Quizás lo que la aleje de los primeros puestos sea que la historia, por buena que sea, es ligeramente superficial. A diferencia de Twin Peaks, True Detective, o la brillante Sharp Objects, la serie toca de costadito temas serios que usa solamente para mantenernos pegados al asiento y sus personajes no parecen tener mucha vida interior más allá de lo que el guión les exige.

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5

Barry S1

Bill Hader es lo mejorcito de las últimas décadas de Saturday Night Live, un brillante imitador que disfrutaba tanto sus propios sketches (¡Stefon!) que no podía hacer uno solo sin tentarse. Por eso uno esperaba una de estas parodias y poco más cuando Hader anunció que su nueva serie de HBO se trataría de un asesino a sueldo deprimido que descubre por accidente su verdadero sueño: la actuación.

Los primeros capítulos juegan con un humor negro dentro de todo tradicional, pero de a poco la serie se va volviendo más oscura, cargando tensión camino a un final que es un verdadero descenso a los infiernos. Cuando Barry decide traicionar a los que pagan su sueldo para quedarse estudiando teatro en Los Ángeles, pone en marcha una serie de consecuencias lógicas para un asesino rebelde, que impactan a sus nuevos compañeritos y al único amigo que le queda de su otra vida. “Esta no es la vida que elegí” parece decir Barry “y por lo tanto debería poder alejarme sin dar explicaciones”. La vida de asesino no es así. Ninguna vida es así.

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4

Sharp Objects (Miniserie)

Gillian Flynn es una contradicción fascinante. Una crítica de televisión que se volvió premiada autora de misterios literarios, verdaderas historias de terror feministas que ha llevado a la pantalla en colaboración con algunos de los mejores directores del momento. David Fincher dirigió la exitosa adaptación de su obra maestra Perdida (“Gone Girl”), mientras que Sharp Objects, su primera novela, cayó en las manos de la guionista Marti Noxon (ex-Buffy) y el director Jean Marc-Vallée, que el año pasado nos deslumbró con Big Little Lies. Por si no faltaba pedigree para esta miniserie, la protagonista es Amy Adams, la actriz más talentosa de su generación, a la que cada año roban el Oscar por una película diferente.

Sharp Objects es una historia de misterio en la que el misterio es la excusa para adentrarnos en la psicología de un pueblito del Sur de Estados Unidos, una suerte de maqueta de un país congelado en el tiempo en el que se cruzan distintos tipos de opresión. Los estratos sociales se respetan como si de castas se tratase. Las enfermedades mentales no se nombran, no se tratan, y se dejan crecer como mala hierba, creando víctimas y brutales victimarios. Y en el centro una madre (magistral Patricia Clarkson) que inculca un rancio patriarcado a sus hijas, en el que todo amor se basa en la dependencia mutua y en el que la destrucción física y psicológica es solo daño colateral.

El estilo de Sharp Objects es puro gótico sureño, y la intención de Flynn, Noxon y Vallée es transmitirnos la incomodidad de la protagonista Camille a cada paso, sin dejarnos lugar por donde escapar. Es una serie intencionalmente lenta, en la que las situaciones se repiten con sutiles variantes, y cada pista se ve de reojo, casi como si compartiéramos el miedo de Camille a abrir las puertas del pasado.

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3

Atlanta S2

No existe una serie más inventiva, más original, más experimental en la televisión actual. Y aunque es verdad que eso se podía decir de la primera temporada de Atlanta, este regreso abandona la narrativa lineal para convertir cada capítulo en un cuento corto, como si el surrealismo fuese la única forma sincera de contar la experiencia afroamericana en televisión.

Durante toda la temporada los personajes de Atlanta están estancados en arenas movedizas, sin saber en qué dirección moverse pero conscientes de que no se pueden quedar quietos. Cada episodio es una broma cósmica, una demostración de que cuando uno juega el juego del opresor, cualquier elección es en sí una trampa.

“Teddy Perkins”, el mejor capítulo de cualquier serie de 2018, es una fábula al estilo de “Huye” que cuenta a través del terror la tragedia de una familia incapaz de lidiar con el éxito. “Helen” viaja una celebración afro-germana para reflexionar sobre la identidad y de cómo la necesidad de adaptarse obliga a dejar a un lado lo que uno es. “FUBU” es un flashback de media hora, una historia de bullying y consumismo con un final aplastante.

Y así podría seguir hasta enumerarlos todos. Atlanta no solo es una maravilla, sino que es de las pocas series que realmente valora el episodio como una unidad narrativa.

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2

Pose S1

La mejor televisión del año quizás no sea la mejor contada o la más elegante, sino la que intenta cosas nuevas y nos transmite experiencias a las que hasta el cine ha dado la espalda. Pose es ridículamente ambiciosa, una serie que busca contar el fin de los ‘80 a través de un contrapunto entre la cultura de las “balls” (desfiles de moda de la comunidad trans de New York en los que Madonna se inspiró para “Vogue”) con el punto más alto de la codicia de Wall Street, personificada por un grupo de ejecutivos de nivel medio de la empresa de Donald Trump. Pero Pose quiere ser más: un retrato de las familias que se forman entre descastados, una crítica indignada a la forma en que el HIV fue tratado en medios y política, y (crucialmente) un tributo apasionado a la comunidad transgénero.

El prolífico Ryan Murphy se enfoca como nunca en su carrera y logra su mejor serie combinando elementos de las demás. La teatralidad brutal de American Horror Story. La reconstrucción de época a través del pop de American Crime Story. La esperanza de Glee. Pose cae en los mismos excesos de estas series, y suele dibujar a sus personajes con trazo grueso, pero (junto con la excelente The Assassination of Gianni Versace) marca un camino de madurez para Murphy que poco tiene que ver con el control, sino en usar estas explosiones de color para dejar todo lo demás de lado y encontrar una veta de verdad que pocas series sobre la experiencia LGBT han mostrado. Fracking televisivo del bueno.

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1

Killing Eve S1

La serie del año es todas las series. Phoebe Waller-Bridge (Fleabag, Crashing) es el mayor talento en surgir de la televisión inglesa en la última década, y esta es su obra maestra, una serie delirante, divertidísima y a la vez audaz en su temática, que pasa por todos los géneros en busca de mantener un ritmo vertiginoso que alterna tensión con explosiones emocionales y giros que cambian de golpe todo el statu quo de la serie. Un talento menor hubiese necesitado 5 temporadas para llegar hasta ahí. Waller-Bridge se toma solo ocho capítulos.

Killing Eve empieza siendo una serie de espionaje. Eve (Sandra Oh, perfecta) es una analista de datos en MI6, la sede del contraterrorismo en Inglaterra, un trabajo gris para una persona (aparentemente) gris. Hasta que Eve descubre a Villanelle (Jodie Comer, el hallazgo del año), una asesina a sueldo tan misteriosa como efectiva, tan sanguinaria como despreocupada por dejar un reguero de cadáveres a su paso. Eve se obsesiona con Villanelle, pero el juego se vuelve más interesante cuando la asesina se da cuenta que alguien está siguiéndole el rastro, lo que la despierta de su propio aburrimiento con su trabajo. Así empieza una cacería/romance/buddy movie, o lo que sea que Waller-Bridge quiera hacer en cada capítulo de una serie que redefine el género más chabonardo a través de una mirada femenina absolutamente irresistible.

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