Opinion

Los mejores juegos de 2018, según Chopper

Un año difícil que se hizo mucho más liviano gracias a estos juegos.

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Por: Jeremias Curci

¡Sí: Starlink garpa a fondo!

¡Sí: Starlink garpa a fondo!

Después de una temporada en el Tíbet (con mucha meditación en el medio), 2018 me encuentra de regreso en la que supo ser mi casa por mucho tiempo: Malditos Nerds. En este sentido, se está yendo un gran año en donde hicimos prácticamente de todo, estrenamos un podcast nuevo, jugamos a todo lo que salió y cubrimos eventos internacionales como nunca. Kudos ahí: estoy muy orgulloso de volver a ser parte de esta gran familia que es Malditos Nerds.

Este suceso sirve de “blindaje” junto a los videojuegos que siempre están ahí para ayudarte a aguantar los embates de lo que nos rodea: estamos en un país en el que todo cuesta cada vez más, donde atestiguamos cómo todo se va desmoronando a una velocidad pasmosa. Pero no quiero irme mucho hacia ese camino, pues esto se supone sea una celebración de lo que nos apasiona.
2018… ¡Muchos juegos muy buenos! El año pasado todavía se siente algo imbatible: nueva consola de Nintendo con dos GOTYs grandes como el obelisco, y aunque mi Juego del Año tardó en llegar, la sensación que queda es como que faltó algo. Repasando mes a mes, hubo de todo y muy variado, por lo que confeccionar este pequeño listículo es una tarea relativamente sencilla. Antes de empezar, un par de menciones:

God of War

Me encantó la forma en la que God of War se hizo cargo de todas sus “falencias” en términos de tono y narrativa respecto a sus antecesores. Pocos tienen las gónadas como para poder hacer de esa autocrítica una parte fundamental de su juego. También me pareció acertada la forma en la que se va desenvolviendo la relación entre Kratos y Atreus, los pequeños gags, los momentos dramáticos. Siendo padre, esto resonó mucho conmigo, y vi algunas cosas muy interesantes, como la idea del sacrificio máximo en pos del bienestar del niño: algo universal en esto de la paternidad.

Lo disfruté muchísimo, pero me quedé con una sensación de vacío. El combate y la progresión realmente no me terminaron de convencer, al igual que la monotonía con respecto a los enemigos y la falta de jefes. Siento que este God of War es un primer paso hacia la dirección correcta, la cual indudablemente llegará con una continuación. Porque claro que habrá otro God of War.

Fortnite

Fue bueno mientras duró. Bueno a decir verdad, fue bastante increíble el subidón que tuve con Fortnite. Es uno de los pocos juegos free to play en los que puse plata y la verdad es que valió la pena: el pase de temporada no sólo te trae una bonanza de elementos cosméticos, sino que también te deja conseguir la platita necesaria para comprarte el pase de temporada que sigue. A mi modesta inversión la hice valer por dos temporadas, lo cual se tradujo en una constante de cazar desafíos y subir de nivel casi de forma obsesiva.

En el camino quedaron momentos sumamente hilarantes jugando no sólo con amigos, sino también con algunos extraños y más lindo todavía, lectores y seguidores que pululan por ahí. Realmente no sé si voy a volver a pisar Pueblo Pomodoro, pero necesitaba dedicarle unas palabras para hacerle algo de justicia. Gracias, Fortnite.

Dead Cells

Me encantó Dead Cells, de hecho, es un juego que sigo visitando de tanto en tanto, más allá del rush inicial que duró cerca de… ¿Un mes? Está perfectamente diseñado a un punto demencial, cada movimiento, ataque, ítem, armamento… Todo está pensado para funcionar como un relojito suizo y ¿la verdad? funciona. Y funciona muy bien. Es súper desafiante y entiendo a la perfección que en TGA lo hayan premiado como mejor juego de acción: porque tiene la cualidad de hacerte sentir un ninja con veinte dedos en cada mano.

Creo que no logra escalar a mi Top 10 simplemente porque no pude conectar con él desde un punto de vista más personal. Esa cualidad es una constante en mi selección final (bueno, salvo Black Ops III, vale), pero más allá de eso creo que es un juego estupendo que divierte casi de forma indefinida, y que es ideal para llevarlo en Switch.

Marvel’s Spider-Man

Y por último, el buen vecino Spidey. No miento si les digo que es el mejor videojuego de superhéroes que jugué en mi vida. Lo que hizo Insomniac Games es brillante: un héroe con el que podemos conectar porque es un tipo como cualquiera, con poderes. El bueno de Spidey, que le cuesta llegar a fin de mes. Es un estupendo juego de Peter Parker. Adoré su historia y todavía me debo el DLC. No llega al top simplemente porque siento que todo lo que acompaña a la historia tiene un desarrollo tan profundo como un charco de un freezer en proceso de deshielo. Rippy dice que con el DLC levanta y le creo, pero en muchos aspectos este Spider-Man es de ultra avanzada, pero en otros es de una o dos generaciones atrás.

Y sin más preámbulos, a la carne y papas:

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10

Where the Water Tastes Like Wine

Mi primera pasada con Where the Water Tastes Like Wine fue bastante similar a aquella primera vez donde le di un sorbo a una copa de vino. En ese entonces, no supe apreciar todos los matices y sabores que tenía el brebaje en aquella copa, cosa que hoy, con cierta experiencia, he aprendido a diferenciar. Por lo general buscamos (o al menos, yo lo hago) juegos que nos cuentan una determinada historia, pero el juego de Dim Bulb Games va mucho más allá, intentando contarnos la historia de las historias.

Sí: se trata de un experimento en el que nuestra labor es recolectar relatos a lo largo y ancho del suelo norteamericano, los cuales van cambiando a medida que los desperdigamos por el territorio. Es brillante: los relatos profundos que empiezan como anécdotas hasta convertirse en hitos que definen la identidad de una región. En este sentido, no hay ningún juego que haya logrado semejante tarea con tanta soltura. Es cierto que desde lo lúdico se queda un poco corto y que el ritmo no es para cualquiera. Pero es así, al igual que los mejores vinos.

Está escrito magistralmente y ni hablar del voice acting que nos ofrece: de lo mejor que se le puede dar a nuestros oídos. Por eso es una pena que el estudio responsable se la haya dado contra la pared (comercialmente, este juego fue un fracaso), pero alzo mi copa por ellos igual: Where the Water Tastes Like Wine es una de las experiencias más mágicas, genuinas, introspectivas y profundas que tuve con los videojuegos este año, y ojalá salieran más juegos como él.

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9

Nintendo Labo

Es cartón de Nintendo decían. 70 dólares por cartón es caro decían. Pero Nintendo Labo es mucho más que eso. Pero antes, decir que Nintendo Switch se convirtió en mi plataforma favorita de juego por varios motivos: no sólo tiene títulos exclusivos increíbles, sino también se convirtió en la receptora de juegos imperdibles como Gris, Into the Breach y muchos más. Se adapta a mi uso y puedo compartirla por ejemplo, con mi familia, con mi hijo. Hay mucha variedad y Labo viene a acentuar justamente eso.

Es un gran paquete lleno de cartón, sí, pero también es una pieza de software maravillosa que, a través de una propuesta sumamente didáctica te permite fabricar artilugios que funcionan y se sienten como pases de magia que asombran a chicos y grandes por igual. Y está el Toy-Con Garage, donde los más hábiles utilizan la flexibilidad de la herramienta para fabricar juegos de cartón sumamente ingeniosos.

Desde que vi el trailer me interesé por esta propuesta, pero después de experimentar el armado junto a mi familia sólo puedo reconocer el toque que tiene Nintendo para cruzar lo analógico con lo digital de una forma tan magistral. Es literalmente magia, y me encantaría que se sigan agregando formas de jugar completamente nuevas. Hasta entonces, seguiré cual científico loco experimentando con proyectos en el Toy-Con Garage.

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8

Florence

Me gustan muchísimo los juegos que tocan aspectos de lo que hace a la naturaleza humana y en ese sentido, Florence es único. No sólo viene a empoderar la idea de los celulares como plataforma de juego (como si hiciera falta, realmente a esta altura) sino que también es una lección de diseño respecto a la manera en la que se “gamifica” (término que odio) la comunicación entre dos personas, o el progreso en una relación. Son diálogos brillantes carentes de palabra alguna: transmite perfectamente esto de mirarse y entenderse.

Es breve, brevísimo, pero impacta en igual proporción. Lo que más me gusta de Florence es que es realmente para cualquiera: en eso, es tal vez el juego más inclusivo del listado. Celeste (perdón por el spoiler del próximo puesto) cuenta una historia tan valiosa como esta, pero para acceder a ella necesitamos un buen par de manos para avanzar en el título, incluso con sus opciones de accesibilidad, que le sobran. Cualquiera puede agarrar Florence y entenderlo y más importante aún, conectar con la propuesta de una forma clarísima.

Otro acierto de Annapurna, que al igual que Devolver se fue convirtiendo lentamente en uno de mis publishers favoritos. Ah, y sale literalmente dos mangos verdes. Imposible perdérselo.

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7

Celeste

Celeste hizo mella después de la primera e intensa pasada que hice con él. Su historia tocó fibras muy íntimas, como alguien quien no sólo ha superado tendencias depresivas sino que también ha perdido amistades y ha padecido en el seno familiar más íntimo la complejidad de esta problemática. Creo que ningún juego ha logrado emparejar la propuesta de juego con la temática que aborda con tanta precisión, y sólo por eso se merece todo el reconocimiento.

Pero si queremos abstraernos de una narrativa que resonará más en unos que otros, nos encontramos con un juego de plataformas demandante y solvente que toma la idea de transversalidad que encontramos en TowerFall Ascension y le quita el combate, dejándonos solos con nuestra habilidad. De por sí es endiabladamente difícil (sobre todo los lados B) pero es tan consciente de esto que incluye opciones de accesibilidad para que todos puedan disfrutarlo. Porque parte de una base positiva.

Siempre que uno pierde se encuentra con mensajes de aliento y sobre cómo la pérdida es una parte a superar dentro de un camino hacia un destino más… ¿grandioso? El diseño es alucinante, los controles se fusionan con vos y la música es de lo mejor que pudimos escuchar en el año. Sí por todos lados. Obviamente, ideal para llevar en Switch.

King K. Rool. Lo ODIO.

King K. Rool. Lo ODIO.

6

Super Smash Bros. Ultimate

Todos están ahí y yo quiero estar también. Bendito Super Smash Bros. Ultimate que llegó paradójicamente en un momento en el que estaba profundamente desencantado con los juegos de pelea con toques competitivos (no me importa lo que digan: Smash Bros siempre la rompe en EVO). Y es que es imposible no caer rendido ante sus encantos. Lo tiene todo: una jugabilidad tan amigable como profunda, un modo historia robusto con ideas brillantes que sorprende una y otra vez, personajes variados con trajes extra y mecánicas muy bien pensadas.

Y es una celebración del videojuego como cultura. Literalmente hay 30 años de historia metidos en un título que parece destinado a satisfacer a cualquiera que le ponga las manos encima. Es endiabladamente divertido e inagotable: lo gasté jugando solo, también lo disfruté con amigos y con perfectos extraños en el modo online. Es redondo, no falla, no tiene fisuras. En este sentido, no hay un juego tan perfecto en ejecución como este en todo este año (ni en los últimos tampoco, si lo pienso bien).

En lo que se propone, es rey. Estamos de acuerdo que al tratarse de mi primer Smash “serio” percibo más novedad de la que un veterano puede encontrar por acá, pero eso no quita que, al igual que muchas de las propuestas de Nintendo, Smash Bros. Ultimate tenga como para encandilar a propios y extraños de distintas generaciones de jugadores por igual. Y en eso creo que nadie puede igualarlo ni mucho menos superarlo.

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5

Starlink: Battle for Atlas

Créditos donde es debido: ¡Gracias Maxi por haberme hecho conocer este fantástico universo! Starlink: Battle for Atlas es tal vez uno de los mejores juegos realizados por Ubisoft en esta etapa contemporánea y a la vez, uno de los que peor se ha movido tanto desde la presentación en sí como también desde el punto de vista del marketing. Para comprobarlo hace falta bucear un poquito y vislumbrar que muy poca gente habló de él. De hecho, cuando empecé a jugarlo no sabía bien qué esperar, y me sorprendí como hacía tiempo no me pasaba.

Básicamente se trata de un arcade de naves que transcurre a través de distintos planetas del sistema planetario Atlas. La historia está muy bien contada pero no quiero aburrirlos con eso, no. Porque cómo se juega es lo mejor que nos ofrece. Desde una vista en tercera persona, controlamos nuestra nave por la superficie planetaria cumpliendo una tonelada de objetivos principales y secundarios que plantean misiones que a veces se repiten, pero que nunca aburren. Tiene el ADN de Ubisoft en el sentido de que siempre está pasando algo y siempre tenemos algo para hacer.

La jugabilidad y el feedback de lo que hacemos es lo que nos engancha, pero en la versión de Switch suma decenas de puntos el hecho de que jugamos con Fox McCloud y el resto del reparto de Star Fox, quienes están increíblemente implementados en la narrativa y también fuera de ella… ¡Jugar con Arwing en la mano es alucinante! Es, lisa y llanamente, el mejor juego de Star Fox a la fecha. El Top 5 de este top 10 son juegos que me engancharon a niveles de estar en completo trance, y Starlink: Battle For Atlas es tal vez el que más me enganchó (y me sigue enganchando, tiene decenas de horas y sistemas para experimentar y recorrer). ¡Corran a jugarlo!

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4

Into the Breach

La parte más difícil de Into the Breach es asimilar que nunca vas a tener una pasada perfecta. Me costó mucho adecuarme a eso principalmente por mi característica obsesivo compulsiva, pero una vez que entendí que no todo puede estar bajo absoluto control (como la vida misma) empecé a descubrir un juego único e inigualable en lo que se propone. No podía ser de otro modo, viniendo de los creadores del gran FTL: un juego desafiante, con una estética pixel art despojada pero con mucha personalidad y facha, y sistemas de juego muy bien pensados.

Como bien dicen mis compañeros en el podcast, el punto fuerte de Into the Breach es justamente entender todas las sesiones que jugamos como si fuesen un todo, una enorme iteración en vistas de desbloquearlo todo y buscar optimizar resultados. Es como un juego de ajedrez, de tablero, digital pero sumamente análogo, en el que sabemos todos los movimientos del rival y tenemos que hacer lo imposible para evitar la mayor cantidad de daño posible. Hasta te moja la oreja dándote la posibilidad de reiniciar el tablero una vez por batalla.

Es literalmente una locura. Me perdí por completo en él las primeras horas que lo jugué en PC, pero fue con Switch donde descubrí todo su potencial, porque pude llevármelo a todos lados constatando una de sus grandes virtudes: puede ser consumido de a breves pero intensas ráfagas. Una maravilla de juego sin ningún tipo de fisuras.

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3

Call of Duty: Black Ops IIII

Si me hubieras dicho cuando lo anunciaron que el nuevo Black Ops iba a terminar siendo uno de mis juegos preferidos de este año, probablemente te hubiera tildado de loco, o mentiroso, cuanto menos. Siempre miré con desdén este Black Ops… La “oveja negra” de la familia, sin campaña y dedicada exclusivamente al multiplayer. ¡Pero qué equivocado estaba! No voy a negar que debo ser de los pocos que se interesan por la campaña en estos juegos, pero tampoco puedo negar que en este caso su ausencia no se nota.

¡Sucede que es un paquete súper completo! Vamos a despejar la X de primera: posee el modo Battle Royale que más me gusta. Blackout toma el género y le imprime la impronta de Call of Duty no sólo con su jugabilidad, sino también por el estupendo uso de los perks que lejos de desbalancear las partidas, le aportan un tinte estratégico muy interesante. ¡Y ese mapa! ¡Y las zonas PvE! ¡Y los eventos! Es una maravilla. ¡Pero hay más! Todas las playlists del multiplayer clásico, los modos nuevos, el balance de cada una de las clases y la idea de juego en equipo. Es sólido, con mapas estupendos repletos de puntos de interés que sólo me hacen jugarlo una y otra y otra vez.

El modo zombie es tal vez lo que menos peso específico me deja y paradójicamente de lo que más esperaba. Pero funciona bien, tiene variedad y jugarlo con amigos es endiabladamente divertido. Ojalá que Activision encuentre la forma de mantenerlo en vigencia como una plataforma de juego: a nivel multiplayer y competitivo, es el Call of Duty más pulido y redondo que recuerdo haber jugado en muchos años. Y voy a seguir jugándolo, incluso cuando salga el próximo.

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2

A Way Out

¡Oh, Josef Fares! Sólo el responsable de la maravillosa bomba lacrimógena que fue Brothers: A Tale of Two Sons podía hacer algo como A Way Out, que podría definirse básicamente como Brothers pero donde el stick derecho es directamente otra persona. Sí, hay una gran apuesta ahí en hacer un juego que se juegue exclusivamente en modo cooperativo, pero considerando la propuesta, es como tiene que ser. En mi caso, recorrí este periplo con mi amigo personal y compañero de sitio Sebastián Cigarreta, lo cual le puso una serie de condimentos muy especiales sobre todo hacia el final de la aventura y su conclusión.

A Way Out es un juego que apela a muchas películas carcelarias y de escape, pero lo hace de una manera magistral, generando situaciones muy íntimas, humanas, con detalles que no parecen ser importantes pero que suman al todo. Es muy fácil conectar con los protagonistas y más todavía asumir los roles, y como suele hacer David Cage, es a través de la ejecución de acciones mundanas que nos empapamos de la personalidad de estos dos convictos en fuga.

Y terminó relativamente rápido: un par de horas que se convirtieron en uno de los momentos que más recuerdo hoy terminando el año. Considero que cuando un juego es capaz de evocar sentimientos tan profundos y con una acción tan residual en nuestro inconsciente es digno de reconocimiento. Y voy a ser totalmente honesto: tampoco hubo tantos juegos que lograron eso este año. Bravo por Josef, que siga la locura.

¡Sadie rules!

¡Sadie rules!

1

Red Dead Redemption 2

No estaba demasiado interesado en este juego. ¿Para qué mentirles? De hecho, el primer Red Dead Redemption me gustó muchísimo, pero siempre fui más de GTA, e incluso en ese tópico, Grand Theft Auto IV sigue siendo para mí el mejor GTA, lo cual también hay quienes podrían considerar como atípico. Con el correr de los meses hasta su lanzamiento fue que empecé a interesarme más, pero no fue hasta el inicio de la maratónica sesión de estreno que hicimos en vivo que el juego hizo “click” conmigo.

 

Aunque mis compañeros de stream estaban literalmente asfixiados por el ritmo cansino de las primeras horas, yo no podía esperar volver a casa para repetir esa experiencia, a mi tiempo. Y con la responsabilidad de revisarlo para nuestro sitio, tuve que internarme por más de 50 horas en una semana para poder tener la nota arriba: nunca me sentí tan a gusto con semejante encargo. Red Dead Redemption 2 me enamoró de principio a fin. Porque tiene tanta confianza en sí mismo que no le interesa gustarte de primera. No te regala explosiones, ni tampoco te la hace fácil.

 

Carga con decisiones de diseño realmente cuestionables, pero que palidecen cuando se las extrapola con la realización de un mundo virtual tan vasto y lleno de vida, con cientos de actividades que están ahí para enriquecer la experiencia y aumentar la inmersión. Literalmente pasé decenas de horas vagando por ahí viviendo la vida del cowboy, topándome con todo tipo de misiones de extraños, pescando y cazando. Y eso que todavía no hablé de Arthur Morgan, su brillante personaje protagónico ni la banda de Dutch, que son tan protagonistas como él. Su historia de escapismo, de manipulación. La historia de Arthur, la vida mal vivida, la búsqueda de la redención en base a un suceso clave que cambia su forma de ver las cosas.

 

*Y a continuación lo que algunos podrían llamar spoiler, en itálicas*

Es un juego de un estudio “AAAA” que toma la típica fantasía de poder y la subvierte: somos unos matones y asesinos a sueldo, para luego ablandarnos y convertirnos en alguien que está desesperado por tratar de hacer las paces con el universo que lo rodea. Se trata de un final épico que quedará en mi memoria por muchísimo tiempo, con un epílogo que para algunos es largo, pero para mí tiene lo justo y necesario para dejar esta nave en el punto justo y saltar al primer Red Dead Redemption.

*Fin de “spoiler”*

Porque como si fuera poco, Red Dead Redemption 2 aporta sustancia y resignifica lo que fue su primer juego, que obviamente disfruté mucho más en esta segunda pasada, después de jugar esta maravillosa precuela-continuación. Con todo y su polémica, Rockstar construyó un universo que probablemente no veamos replicado en ningún otro juego hasta entrada la próxima generación: no es fundacional ni tampoco disruptivo como Breath of the Wild, pero a su modo logra marcar un antes y un después. Porque después de jugarlo es imposible ver al género con los mismos ojos.

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