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10 proyectos de Google que la pifiaron mal

Los gigantes también se equivocan: diez ejemplos que grafican el mal olfato que puede tener Google.
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Por: Jeremias Curci

Google es una de las compañías tecnológicas más importantes de los últimos tiempos. Con su holgada billetera se hicieron acreedores de todo tipo de startups, proyectos de inteligencia artificial, robótica y cuanta compañía ande dando vueltas por ahí, que presente un mínimo de distinción o pensamiento de vanguardia. Hay muchos casos que han evolucionado en estupendos servicios o proyectos prometedores y otros que, como verán en estos puestos, fracasaron miserablemente. Estos son los diez proyectos de Google que la pifiaron astronómicamente.

Google Glass

Google Glass

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Google Glass

Los espantosos anteojos de Google tenían todo lo que cualquier tecnócrata o techie imaginaba en sus sueños más húmedos: un visor que identificaba el entorno y brindaba información en tiempo real, haciendo uso de una interfaz de realidad aumentada digna de las más alocadas películas de ciencia ficción y que respondía a una enorme cantidad de comandos de voz. El gran problema, sin embargo, es que había que ponerse estos horribles aparatos, en un mundo en el que todavía vemos gente hablando con el manos libres enchufado en la oreja, y automáticamente lo tildamos de lunático o, como mínimo, que está absolutamente mal de la cabeza.

Pero por sobre todas las cosas, el problema que tuvo Google Glass fue que nunca quedó en claro qué problema o necesidad de consumo venía a suplir, ni mucho menos cuál era la función vital que nos haría preferir utilizarlo por sobre los dispositivos electrónicos con los que ya andamos dando vueltas por ahí, como, por ejemplo, los teléfonos celulares. Además, el equipo salió con un precio exorbitante: 1500 dólares americanos, y fue protagonista en una enorme cantidad de demandas por protección a la privacidad y seguridad que su uso suponían.

Finalmente, Google dio marcha atrás en el lanzamiento global del aparato y lo puso en suspenso indefinido. A fines de año pasado registraron una patente referida a un nuevo modelo de anteojos de los que, hasta el momento, se sabe poco y nada.

Nexus Q

Nexus Q

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Nexus Q

La pedantería de Google se cargó un aparatito que tenía cierto potencial: un diseño realmente de vanguardia, impecable, con tecnología NFC y un sistema de audio con una potencia de 25 watts de una calidad excepcional, considerando el tipo de accesorio que es. Nexus Q podría haber sido un digno contendiente de, por ejemplo, Roku o Apple TV, pero la necedad de Google lo hizo fracasar antes de que pudiera ver sus mejores momentos. ¿Por qué?

En primer lugar, pretendía ser un dispositivo de streaming “social y multimedia” que no adoptaba los hábitos de consumo de nadie: no soportaba Netflix, ni Hulu, ni Spotify ni tampoco era compatible con iTunes. Sólo admitía contenido desde los canales oficiales de Google: Google Play, Google Music, (en pañales a nivel contenido de audio y video en aquel entonces) o YouTube. Para colmo de males, sólo podía ser manejado desde dispositivos con Android, sean teléfonos o tabletas. No soportaba ningún dispositivo de Apple, como tampoco dejaba hacer streaming desde una PC. Una locura.

La estocada final la puso el precio: 300 dólares americanos, muchísimo más que Roku o Apple TV, los cuales le daban mil vueltas en cuanto a compatibilidad y funciones. Google lo retiró del mercado al poco tiempo de haberlo puesto a la venta por la enorme recepción negativa por parte de la prensa techie y los consumidores por igual. Al menos sirvió de algo: un año y pico después de este fracaso, Google lanzó el formidable Chromecast que reúne todos los requisitos que faltaron en Nexus Q, y a un precio súper competitivo.

Dodgeball

Dodgeball

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Dodgeball

Una mala y una buena: 2005 estuvo marcado por dos compras hechas por Google. La primera, Android, cuyos frutos están fuera de discusión y no corresponden a este top. La segunda, Dodgeball. Aunque su nombre invita a suponer lo contrario, Dodgeball no tiene que ver con el popular juego del quemado, sino que se trataba de una versión muy precaria de una red social basada en locaciones.

En la red se mezclaban el mundo online y el real gracias a la interacción de los usuarios, quienes enviaban mensajes de texto al servicio y este les devolvía datos sobre la ubicación actual, amigos cercanos, puntos de interés y demás. El fundador de Dodgeball era, ni más ni menos que Dennis Crowley, quien después de casi tres años de inactividad de Dodgeball bajo el ala de Google, se frustró tanto que renunció y fundó su propia compañía.

Esa compañía terminó llamándose Foursquare, que, apoyada por la evolución de la tecnología móvil y la inclusión de sistemas de geoposicionamiento, además de la inclusión de aspectos de “gamificación” como las medallas, logros, convertirse en “mayores” en ciertos puntos específicos y tablas de puntuaciones, se convirtió en un hito entre las aplicaciones móviles.

Dodgeball fue discontinuado cuatro años después de su adquisición, en el año 2009. En su lugar, Google implementaría su nuevo servicio basado en locaciones llamado Latitude, que a su vez fue cancelado en 2013. No pegaron ni una.

Google Lively

Google Lively

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Google Lively

Es raro que alguien recuerde a Google Lively cuando uno lo menciona. No es para nada casual: muchos ni siquiera llegaron a conocerlo porque el fracaso que supuso fue tan apabullante, que duró menos de seis meses online hasta que decidieron darlo de baja de manera definitiva, cosa que tuvo efecto en enero de 2009. ¿Qué era exactamente Google Lively?

Era básicamente una suerte de red social vía web que buscaba emular muchos componentes de Second Life. Sí, lo que leen: Google había planteado un servicio donde los usuarios podían conectarse, crear una cuenta, un avatar a su imagen y semejanza y adquirir distintas parcelas virtuales donde reunirse con hasta veinte amigos.

La interfaz era bastante alocada, por ejemplo, los mensajes aparecían con globos al mejor estilo comiquero, lo cual, contrastado con el horrible diseño en la estructura general, daba como resultado un espectáculo difícil de digerir. Esto empañaba una experiencia que tenía cierto potencial, ya que además de parlotear con amigos y extraños, había una especie de servicio de streaming para mostrar fotos y videos.

La explosión de sistemas de mensajería, salas de chat y hits como ChatRoulette (además de Facebook) hicieron que el servicio de Google se extinga rápidamente, más allá de que poseía muchas limitaciones en cuanto a posibilidades de interacción y lo más grave, la falta total de contenido generado por los usuarios.

Google Answers

Google Answers

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Google Answers

Siempre que haya una idea con cierto suceso, ahí estará Google para plantarle cara e intentar dominar esa parte del mercado. Esta es la historia de Google Answers, el cual nació como un sistema de preguntas y respuestas llamado Questions and Answers, donde las mismas eran atentidas por distintos profesionales de Google por un costo de 3 dólares, a modo de tarifa plana. Sucumbió ante el éxito rotundo que tuvo su rival, Yahoo Answers, que ofrecía un sistema similar sin costo alguno.

No fue suficiente para aprender la lección: volvieron a lanzar el servicio un año después de darlo de baja, con el nombre de Google Answers. El mismo funcionaba como un servicio de búsqueda e investigación extendida, en la que usuarios comunes o profesionales podían atender las preguntas, donde quienes realizaban esas preguntas debían abonar valores entre 2 y 200 dólares, según la complejidad de su inquietud. De ese monto, una parte iba para quien respondía, y la otra para Google.

Nuevamente se dio un fracaso estrepitoso: no sólo porque la comunidad nunca tomó bien la idea de abonar por las respuestas, sino porque el sistema se empezó a llenar de spammers que intentaban posicionar sus sitios web a través de Google Answers, además de una enorme cantidad de estafadores buscando hacerse con números de tarjeta de crédito y otras yerbas. Permaneció activo hasta diciembre de 2006, fecha en la que fue dado de baja definitivamente, aunque todavía existe el archivo de preguntas y respuestas, que puede ser usado como consulta.

Web Accelerator

Web Accelerator

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Web Accelerator

Hace once años, las velocidades en la red de redes estaban muy, muy lejos de lo que son las conexiones monstruosas a las que podemos acceder hoy en día en nuestro país, ni hablar del resto del mundo. Cualquier ayuda que pudiera optimizar los tiempos de carga respecto a la navegación era muy bien recibida. De hecho, allá por 2005 había muchas empresas que brindaban proxys dedicados para estos fines, y una de ellas era Google, con Web Accelerator.

Lo que hacía era instalar un cliente que empezaba a indexar todo lo que navegábamos armando una especie de “mega – caché” del cual se servía para “acelerar” nuestra estadía paseando por Internet. No era un sistema perfecto, sin embargo: tuvo una enorme cantidad de problemas de privacidad y seguridad de datos personales, ya que el caché incluía información sensible a la que se podía acceder sin ningún tipo de problema desde cualquier lugar, ya que no estaba encriptada.

El mayor problema, sin embargo, era que Web Accelerator tenía serios conflictos con otro servicio que venía rompiéndola en Google: YouTube. Muchos usuarios reportaron que, con el acelerador puesto, se les hacía imposible reproducir videos. Evidentemente era mucho más fácil discontinuar la aplicación que realizar las reparaciones necesarias, ya que en 2008 (dos años y medio después del lanzamiento) Google le quitó todo el soporte al sistema. Aún puede descargarse, aunque no sirve para nada.

Google Nest

Google Nest

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Google Nest

Con las credenciales de ser un ex ejecutivo de Apple involucrado en la creación de iPod, Tony Fadell se las ingenió para deslumbrar a Google con Nest: una compañía tecnológica cuyos diseños iniciales hablaban de un termostato inteligente para controlar diversos aspectos de los ambientes, en forma de lo que terminó siendo uno de los primeros objetos para consumo masivo con el concepto de “Hogar Inteligente” en la cabeza.

El idilio por parte de Google fue tal que incluso Nest fue una de las pocas divisiones de Google que recibieron el visto bueno para hacer uso de los recursos de manera ilimitada: algo así como una chequera repleta de cheques en blanco. Y ahí empezaron las complicaciones, donde el concepto de “buena adquisición” empezó a desvanecerse, cambiando por el de “Caballo de Troya”. ¿Por qué?

Porque al tiempo se empezaron a conocer comentarios sobre el pésimo manejo por parte de Tony Fadell de todos y cada uno de los aspectos de la empresa: triplicó la planta de empleados, abrió cinco proyectos paralelos sin haber terminado de cerrar conceptos básicos para terminar de materializar el termostato. Además, diversos ingenieros se pronunciaron en contra del estilo de manejo de Fadell en cuanto a los conceptos creativos, además de otras prácticas sacadas del libro negro del bullying corporativo.

En pleno descontrol y con un negoción celebrado con Google, Tony Fadell se desentendió de la jugada, y abandonó su rol como CEO a fines del año pasado, dejando al gigante del buscador con un quilombo hermoso que todavía no se sabe cómo va a definirse.

Chromebook Pixel

Chromebook Pixel

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Chromebook Pixel

Todo el mundo está al tanto de lo que es una Chromebook. ¿Verdad? Para los que no, decirles que se trata de una laptop que corre el sistema operativo de Chrome: Chrome OS. Esto es básicamente, un entorno que es compatible con las aplicaciones de Google como Hangouts, Documentos, Spreadsheets, Google Maps, Drive, etc. Por tanto, dependen exclusivamente de una conexión para internet para funcionar, como también para almacenar datos, ya que vienen provistas con una memoria flash de 16 o 32gb en el mejor de los casos.

Mientras que uno podría argumentar, ¿qué sentido tiene poseer uno de estos bichos si no corren más nada que esas funciones?, lo cierto es que hay un mercado interesante para esto. Después de todo, el uso de estas herramientas hoy por hoy es masivo, y, además, la conectividad a internet es casi habitual en cualquier entorno laboral, incluso hogareño. Así lo demuestra al menos el éxito que tienen las Chromebooks como las de Samsung, que por unos 200-300 dólares se vendieron como pan caliente.

Lo contrario de lo que pasó con Chromebook Pixel: uno de los pasos en falso más notorios de Google. Hablamos de una laptop que no funciona sin internet, que sólo corre aplicaciones basadas en Chrome, que almacena hasta 32 gigabytes y que es fea como ella sola, por 1300 dólares. Sí: 1300 dólares. Posee además un montón de funciones que está probado que no funcionan, como una pantalla táctil para un sistema operativo que no es táctil, o una densidad de píxeles más alta que las pantallas retina de Apple, que le endosan a esta computadora despojada una autonomía que a duras penas llega a las cuatro horas. 1300 dólares, lo mismo que una MacBook Air o una MacBook Pro, que no sólo tienen un mejor diseño, sino que son una computadora de verdad: fracaso asegurado.

Project ARA

Project ARA

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Project ARA

Cuando sos un gigante como Google, es muy difícil no tentarse con cuanto proyecto techie ande dando vueltas por ahí, como, por ejemplo, Project ARA: la famosa iniciativa que pretendía establecer una nueva forma de concebir los teléfonos celulares, los cuales podían ser armados de manera modular, seleccionando entre varias opciones y prestaciones de un mismo componente.

Sin lugar a dudas se trataba de un proyecto súper ambicioso del cual muchos amantes de lo futurista se enamoraron casi instantáneamente: un celular con el potencial de modificarse y actualizarse de acuerdo a nuestra necesidad. Aunque la presentación del mismo era sumamente prometedora, fue materializarlo lo que puso a Google en un auténtico aprieto.

ARA terminó siendo mucho más complejo de lo que sus bloques encastrables invitaban a pensar, por lo que Google decidió quitarle algunas funciones principales que había sido anunciadas en un principio. Luego, se encontró con sendos problemas para la fabricación de módulos, y empezaron a llegar los retrasos. Mientras tanto, el director del proyecto decidió dar un paso al costado, y ARA, que aspiraba a salir en algún momento de 2017 fue discontinuado.

A diferencia de desastres como Google Plus, Google fue bastante expeditivo en cortar de cuajo el desarrollo de este esperpento, ya que notó rápidamente toda la negatividad que circundaba a su alrededor (retrasos, complejidad, costos y pérdida de interés por parte del público). Tal vez, lo único positivo que tomamos de ARA es que encendió la llama de Google para meterse en el mercado de los teléfonos con tecnología propia, lo cual tomó forma con su excepcional teléfono al que conocemos como Google Pixel.

Google+

Google+

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Google+

Es muy interesante ver cómo a una empresa de tecnología como Google que pretende cruzar humanidad con ceros y unos, se le da poco y nada esto de congregar seres humanos en una red social, mientras que sus mayores sucesos tienen que ver con aspectos concernientes al desarrollo de la inteligencia artificial. ¿Será casualidad?

Cuesta verlo de ese modo: Google+ es el último eslabón de una carrera nefasta en la que Google decidió participar sin que nadie lo invitara, impulsado por un temor extremo ante la supuesta amenaza que representa Facebook. Basta con recordar algunos de los proyectos fallidos: Orkut, Wave, Buzz, Google Health y Powermeter.

El caso de Google Plus es el más llamativo, sin embargo, por toda la pompa y la apuesta a nivel recursos (humanos y financieros) que Google puso en esta nueva red social. Son muchos los aspectos que la llevaron al fracaso: plantarle cara a un gigante establecido como Facebook, ofrecer pocas novedades tangibles, hacer obligatorio su uso para utilizar los servicios de Google, y el más importante de todos, brindar una experiencia poco personal, poco atractiva y mucho menos, divertida.

Hoy por hoy, Google Plus es un páramo donde existe una actividad casi nula, comparado a Facebook que cuenta con millones de usuarios con nombres reales registrados, fotos y una enorme cantidad de datos, a los que Google puede alcanzar únicamente en sus sueños.

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