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Editoriales | Volver al primer amor

CONTRATAPA: FIFA y la tentación de la recaída

Volver a la home

Por: Leo Valle

La demo de FIFA 19 vuelve a despertar esos sentimientos que pensaba dormidos. ¿Qué hago?

246 victorias, 185 empates y 223 derrotas.

654 partidos. 

350 horas aproximadamente, contando ejecución, tiempos de carga y demás.

Ese es el tiempo que le dediqué a FIFA 17 desde su lanzamiento hasta enero de este año y es el número que me convenció de no comprar FIFA 18 en septiembre de de 2017. El juego del año pasado terminó siendo una mala experiencia por lo que accidentalmente o no me ahorré 60 preciados dólares. 

En aquel momento, cuando miré hacia atrás me di cuenta que el juego de fútbol se había vuelto una parte fundamental de mi vida. No solo en lo que al gaming refiere, sino en general. Noches de insomnio atado a la falsa promesa de "un partido más", la exposición al innecesario malestar propio de los juegos competitivos y, mucho más importante, una dedicación casi absoluta a un único juego.

Aclaro, antes de tener que dar explicaciones innecesarias, que un promedio de una hora de juego por día en promedio era (y es) mucho para mí. Que el gaming sea sólo uno de muchos intereses hace que haya que elegir qué momento dedicarle a ello entre las películas y series a ver, los libros a leer y la vida social a mantener. Benditos sean aquellos que viven solo para el joystick, pero por desgracia no es mi caso.

No es que no me interesasen otras experiencias, pero siempre había una razón para justificar un partido de FIFA por sobre cualquier otra cosa, ya fuese tiempo para invertir, ánimo o simplemente la clásica falta de interés en cualquier otro juego de una librería en constante crecimiento – juegos gratuitos, ofertas ofertas ocasionales y catálogo de PlayStation Plus mediante.

Mi PlayStation 4 se había convertido de alguna manera en "la máquina de FIFA", un destino impensado en un primer momento y una suerte de maldición que me mantuvo al margen de una enorme cantidad de juegos a los que tenía acceso. Me convertí durante ese 2017, mucho más que en años anteriores, en un turista del gaming. Un espectador. Un extraño.

Yo jugaba juegos. Todos los que podía. ¿Qué me había sucedido? ¿En qué me había convertido? Era el pibe de Minecraft sin una enorme construcción que subir a YouTube, el jugador de DOTA 2 sin un ápice de posibilidad competitiva, el soldado virtual de Call of Duty sin la coordinación motriz necesaria.

Entonces tomé una decisión que, en retrospectiva, fue la correcta. Y después de un año de recuperación, en el que me puse al día con juegos y en el que pude desarrollar otras actividades mucho más productivas, llegó la demo de FIFA 19 para volver a tentarme con su satisfacción temporal y la adrenalina de la victoria conseguida.

A primera vista FIFA 19 parece una secuela superior y  aunque seguramente tendrá problemas que están más allá de la superficialidad de una docena de partidos (los que cualquier jugador regular empieza a identificar en la hora diez aproximadamente), el contacto inicial es sin dudas satisfactorio y la familiaridad es inmediata. Es volver a ese lugar seguro tan peligroso como reconfortante que roza la adicción.

Por supuesto el contexto económico vuelve mucho más sencillo resistir la pulsión, cuando esa pulsión viene acompañada de un recibo por 2500 pesos. Pero aún así el de 28 de septiembre próximo estaré atento a los análisis porque en tiempos de recesión e incertidumbre, tener 400 horas de juego aseguradas durante los próximos 12 meses es algo a considerar – aunque esa certeza construya en última instancia una relación que se ha comprobado tóxica.

Al fin y al cabo el backcatalog no se va a ir a ningún lado.