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Analisis | El Gigante de Fierros

RETROINSPECCIÓN: Jettomero: Hero of the Universe

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Por: Maximiliano Baldo

De las profundidades del espacio llega el robot más grande, adorable y atolondrado del Gaming

Las historias de kaijus vienen atrapándonos desde hace años. Japón tiene todo un historial con el tema, siendo responsable de grandes hitos como Gamera, Jet Jaguar y, por supuesto, Godzilla. Norteamérica supo responder con los bicharracos de Pacific Rim y el adefesio de Cloverfield, entre otros. No importa en qué parte del mundo nos encontremos, la fascinación por las criaturas gigantes es uno de los elementos en común del imaginativo popular. ¿Qué pasa, entonces, cuando varios de los conceptos del género se utilizan en un videojuego? Quizá algo como Jettomero: Hero of the Universe.

Jettomero es un robot gigante con un diseño que casi-casi se lo puede considerar como el hermanito menor del Gigante de Hierro, excepto que nuestro protagonista es bastante más grande, más alto que un edificio de buen tamaño; aunque no hay nada que pueda servirnos de comparación en el pequeño planeta en el que despertamos sin saber por qué estamos allí o cuál es nuestro propósito en la vida. Ya de entrada se aprecia un apartado gráfico altamente estilizado; un uso del cellshading llevado al extremo para definir objetos con contrastantes baldazos de colores sólidos. Hay una onda “comic” en todo el juego, desde el panel que bordea la pantalla de juego hasta las narrativas de Jettomero y los eventuales pantallazos de información que aparecerán más adelante.

Primero, sin embargo, hay que aprender a movernos. Tras un breve tutorial descubrimos que Jettomero camina como un borracho después del noveno trago. Esto se logra por un sistema de movimiento procedural que va colocando los pies del robot gigante más o menos en la dirección en la que deseamos guiarlo, dejando que el resto del cuerpo siga a las piernas con efectos de física e inercia. Es muy difícil explicar esto en palabras, pero tras intentar desplazar a Jettomero a cualquier lado sentiremos que esos movimientos son sorprendentemente realistas en su fluidez.

También aprendemos que Jettomero puede lanzarse al espacio y volar hacia otros planetas, donde encontrará humanos por primera vez. La reacción de nuestro muchachote metálico es la de tratar de defender a estas adorables personitas, aunque muy pronto notaremos que navegar estos planetoides sin destruir nada es un martirio pero de los buenos. Hay una gran sensación de empatía cuando golpeamos un edificio y Jettomero se lamenta y pide disculpas. El pobre bicho no quiere molestar a nadie y no comprende por qué los humanitos lo están atacando a él, pero decide ignorarlos, pues al fin y al cabo su cuerpo es indestructible.

Eso no impide que sus enfrentamientos con otros kaijus sean tensos. Tras visitar un par de planetas encontraremos a otro ser enorme recorriéndolo, momento en el que Jettomero comprende que es su deber destruir a ese horrible ser y salvar a los humanos. Esto se realiza mediante un simple sistema de Quick Time Events: primero aparecerá una secuencia de comandos que debemos realizar y, si lo hacemos correctamente, podremos presionar repetidas veces un botón específico para llevar la puja de lasers que estamos teniendo con el enemigo más para su lado. Si fallamos, el botón servirá para evitar levemente que el láser enemigo se venga hacia nosotros.

Perder estos combates no significa morir sino ser despedidos al espacio, desde donde podremos volar de regreso a la superficie del planeta para una segunda oportunidad. Si triunfamos, los circuitos de Jettomero se activarán y un recuerdo aparecerá en su mente. ¡Es hora de un puzzle! Un puzzle de palabras, para colmo. Estas instancias nos incitan a decodificar el texto en pantalla mediante las perillas disponibles. Al completar el mensaje tendremos una pieza de la historia de fondo y podremos pasar al siguiente sistema estelar para repetir todo de nuevo… porque esa es la mayor falencia del juego: su enorme repetitividad.

El ciclo es siempre el mismo: exploramos planetas hasta que encontramos al kaiju del sistema, lo derrotamos en combate, resolvemos el puzzle de palabras, pasamos al próximo sistema. Los combates se vuelven más difíciles (hay que presionar las secuencias más rápido) pero los puzles de palabras se ponen insoportables bien rápido. Para colmo que la historia es bastante predecible. Hay que repetir esta secuencia de eventos nueve veces y luego, al fin, obtendremos un leve “giro” en el argumento en el que tendremos que tomar una decisión; que no voy a espoilear pero que sí diré que una de sus consecuencias es que sigamos explorando sistemas solares, aunque ahora sin preocuparnos por los puzles de palabras.

Hay otras actividades menores para realizar. Los planetas pueden albergar antenas de ondas rojas que, al pisotearlas, nos darán nuevas piezas para “armar” a Jettomero: cabezas, torsos, brazos y piernas. Estas piezas no nos dan ningún tipo de ventaja en el juego, son simplemente coleccionables y, en su mayoría, muy divertidas al combinarlas con otras para modificar la pinta de nuestro roboto. Por otro lado, al viajar por el espacio podremos dar con pequeños desafíos de pasar por aros; un entretenimiento que no perjudica a nadie y puede servir para pasar otros cinco minutos y romper un poco el ciclo de repetición.

Finalmente, el juego incluye un Modo Fotografía para acomodar la cámara a gusto y probar múltiples filtros y efectos para capturar alguna escena interesante. Es un lindo detalle que suma al juego.

Jettomero no posee grandes complicaciones. Es una historia simple, predecible, con una jugabilidad amena pero repetitiva. Una aventura casual para disfrutar del enorme carisma de su protagonista y de sus torpes movimientos en su intento por salvar al universo. Es difícil no querer al juego, pero tampoco cuesta entender sus falencias. Si buscaban algo diferente, original, y con una estética impactante, quizá Jettomero sea justo lo que no sabías que estabas esperando. Quizá.

LO MEJOR:

  • La estética.
  • La física de movimiento.
  • Jettomero es adorable.

LO PEOR:

  • Jugabilidad repetitiva.
  • Los puzles de palabras son un tedio.

 

Entonces… ¿Vale la pena jugarlo hoy?

Diría que vale la pena jugar el juego tan sólo por su protagonista, la física de movimiento y la estética. Sin embargo, puedo comprender que la repetitividad de su jugabilidad es un factor muy limitante. Jettomero no es un juego caro, así que si lo ven en oferta denle una oportunidad. El Héroe del Universo se la merece.