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Analisis | Detrás de un gran hombre…

ANÁLISIS: La Buena Esposa (The Wife, 2018)

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Por: Jessica Blady

Glenn Close hace goles de media cancha.

A veces, sólo aludimos a la imagen “sexy”, malvada o de femme fatale que Glenn Close ostentaba en la década del ochenta, y olvidamos que es una grandísima actriz que no siempre tiene el reconocimiento que se merece. “La Buena Esposa” (The Wife, 2018) la vuelve a tener como protagonista indiscutida, y nos recuerda que la SEÑORA está en la cresta de la ola, aunque sean las intérpretes más jóvenes las que siempre se quedan con los titulares y, muchas veces, con los premios.

Jonathan Pryce y Christian Slater son sus consortes en este drama basado en la novela homónima de Meg Wolitzer y dirigido por Björn Runge, realizador sueco que, desde las frías imágenes de Estocolmo, le hace honor a su país.

Joan Castleman (Close) es la esposa ideal, devota, aplicada, siempre dispuesta para ayudar a los suyos, la gran mujer detrás del hombre: su esposo Joe (Pryce), afamado escritor, un hombre de carácter y bastante egocéntrico que desparrama sus encantos frente a cualquiera dispuesto a idolatrarlo. Por fin llega ese día que tanto espera como artista, y desde el otro lado de la línea telefónica, un representante de la Real Academia le anuncia que ha sido elegido para recibir el premio Nobel de literatura.

La ocasión merece el debido festejo antes de viajar a la ciudad de Estocolmo (Suecia) para recibir el mentado galardón, una reunión de familiares, amigos y conocidos que deja escapar el lado más narcisista del literato, el mal trato hacia su hijo David (Max Irons) –aspirante a escritor que, obviamente, busca la constante aprobación y el respeto de su famoso padre-, y cómo su esposa siempre va a quedar en un, aparente, segundo plano.

Ojo, ese es el lugar que ella decidió ocupar, haciendo la vista gorda a la mayoría de las infidelidades y malos tratos de su esposo, y apoyando su carrera en un cien por ciento. Los logros son compartidos porque Joan siempre estuvo ahí desde el primer momento, sosteniendo el entorno de Joe por más de cuarenta años, dejando de lado sus propios sueños y ambiciones.

Claro, Joan no es la típica ama de casa y madre, todo lo contrario. Es una mujer excepcional e inteligente que, por varios motivos, decidió dejar su carrera de lado. Tras la llegada a Estocolmo, y en medio de los preparativos y los protocolos, se empieza a dar cuenta que ya no quiere vivir rodeada de mentiras y secretos.  

A lo largo de las pocas horas que la pareja y su hijo permanecen en Estocolmo, Runge y la guionista Jane Anderson (ganadora de varios premios televisivos), entretejen la tensa realidad del matrimonio en la víspera de la premiación con imágenes del pasado, desde que la joven Joan (Annie Starke) conoció al joven Joe (Harry Lloyd), típico profesor universitario que conquista a sus entusiastas alumnas con su encanto e intelecto.

Una relación de cuarenta años que dejó al primer matrimonio de Joe por el camino (sí, Joan fue una de sus tantas conquistas), una hija mayor con la que casi ni tiene contacto, y la carrera literaria de Joan, una meta casi imposible para las mujeres de la década del sesenta, rechazadas por las editoriales (y por el público) que no creían vendibles sus historias. Ante esta disyuntiva, la joven bajó los brazos y decidió apoyar incondicionalmente la incipiente trayectoria de su marido.          

Claro que hay secretos que no vamos a revelar, aunque Nathaniel Bone (Christian Slater) -editor que quiere convencer a Castleman para escribir sus memorias-, está muy bien encaminado y aprovecha que el marido está ocupado, para emboscar a la señora. Las insistencias de Bone y los comportamientos de Joe van a hacer mella en la fragilidad emocional de Joan que, llegado el momento, va a demostrar como la gota puede rebalsar el vaso.

“La Buena Esposa” se va construyendo entre presente y pasado. Acá no se trata de develar los ‘misterios’ en sí, sino de comprender las elecciones de la protagonista y acompañarla en el ¿último? tramo de este viaje de liberación y autodescubrimiento. Un relato que celebra el individualismo femenino, aunque no siempre haya un lugar para expresarlo.

Joan, como figura central, se amolda a los convencionalismos y las etiquetas de comportamiento que debe tener como esposa abnegada y compañera. Puertas adentro, en el hotel o donde sea, es menos permisiva y sumisa, dejando bien en claro que de tonta no tiene un pelo.

Close es pura perfección: dulce, sarcástica, sincera, emocional, según lo necesite la escena. Su Joan ama con cada fibra de su cuerpo y, por eso mismo, sufre cuando la golpea la realidad. No podemos evitar estar de su lado a cada momento, defenderla si es necesario, o aspirar a tener ese mismo valor a la hora de decir las cosas de frente. Un personaje que encaja a la perfección en la coyuntura de la lucha femenina, pero que prefiere mantenerse oculta y sólo revelarse ante nuestros ojos como espectadores.

Esto es lo más frustrante y maravilloso del relato de Runge, que traslada la frialdad y la oscuridad de las calles nórdicas a la relación de los Castleman. Y, más allá de que los logros sean de Joe y a simple vista ponga a la mujer por detrás de ese gran hombre, el verdadero foco de atención siempre está puesto sobre su protagonista, aunque la mayoría de las veces brille en silencio.     

 

LO MEJOR:

- Glenn Close en todo su esplendor.

- Lo bien que encaja el relato en esta época.

- Que las consecuencias son más importantes que las revelaciones.

 

LO PEOR:

- Que sólo la va a ir a ver tu abuela.

- Que hay pocos papeles como estos para actrices “maduras” y talentosas.