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Analisis | Con paciencia y con saliva…

ANÁLISIS: Better Call Saul S04E06: Piñata (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Jimmy y Kim, asuntos separados.

¿Lo tienen a Andrew Stanton? El director de “Buscando a Nemo” (Finding Nemo, 2003), “Wall-E” (2008) y la secuela protagonizada por Dory, debutó en la pantalla chica con dos episodios de la segunda temporada de “Stranger Things”, y ahora decidió saltar al oscuro universo de Vince Gilligan y Peter Gould. Complicado superar un episodio tan perfecto como “Quite a Ride”, el quinto d esta temporada, pero Stanton y la guionista Gennifer Hutchison (habitué de las historias de Albuquerque) hacen un gran trabajo extendiendo la calidad que mantiene la serie desde su estreno en 2015.  

“Piñata” sigue acomodando los complicados presentes/pasados de Jimmy y Kim, cada vez más distanciados el uno del otro (personal y profesionalmente), un atisbo de esa respuesta que venimos esperando desde que conocimos a la compañera de aventuras de McGill. Cada vez que pensamos en el turbio presente de Gene Takovic o en el período “Saul Goodman”, nos preguntamos: ¿qué pasó con Wexler? Y nos asusta (un poquito) conocer la respuesta. Los indicios de esta temporada pueden llegar a apaciguar esas dudas (y esos miedos) y guiarnos a la conclusión de que la vida los llevó por caminos muy diferentes.

Los sueños del trabajo en conjunto, de volver a compartir una oficina cuando James pueda retomar las prácticas legales, se van haciendo más difusos a medida que Kim busca nuevos rumbos lejos de la presión de Mesa Verde, balanceando una nueva posición como socia de Schweikart and Cokely, y sus tareas como defensora pública. El flashback con el que arranca este capítulo –unos diez años atrás cuando ella y Jimmy trabajaban como internos en HHM-, deja bien en claro que la chica siempre tuvo potencial para alcanzar todos sus logros, y un enfoque muy diferente a los de su querido compañero.

No importa cuánto cariño haya de por medio, Kim sabe (muy en el fondo, o no tanto) que Jimmy nunca va a cambiar, ni aceptar ayuda alguna, por eso no va a dejar que la corriente de los acontecimientos los arrastre a los dos. Mientras que ella parece haber encontrado el equilibrio que necesitaba, McGill sigue transitando el camino más fácil: el de la ilegalidad que “no hace daño”, el de la violencia mínima, el que lo va a llevar derechito hacia el Saul Goodman que conocemos.

A diferencia de Walter White, un personaje que siempre mostró la hilacha (aunque no lo queramos admitir), Jimmy McGill es un protagonista más complejo, perseguido por sus culpas y ese lado más sensible y vulnerable que demuestra sus muchas facetas. El hecho de que se emocione por la muerte de la señora Strauss –su primera clienta longeva-, o que se vea afectado por las propias decisiones de Kim que aplastan sus deseos futuros de un “Wexler-McGill”; dejan entrever esta tridimensionalidad y el por qué Saul siempre fue un personaje tan interesante dentro de este universo. Y aunque su moral siempre está en escrutinio, no es tan ambigua como nos quieren hacer creer.

Sabemos que James va a retomar la práctica legal, tarde o temprano (tenemos diez meses por delante), pero por ahora elige el “negocio” de la telefonía celular, haciendo hincapié en una clientela muy particular (los negocios non santos). Es un proceso de prueba y error, y por suerte tiene a Huell de su parte como “fuerza de choque” cuando es estrictamente necesario.  

Mike tuvo su momento (como siempre lo tiene), demostrando que es el mejor en lo que hace, y el porqué de la confianza que le tiene Gustavo Fring. Todo está listo para comenzar a construir el laboratorio secreto tras la fachada de Lavandería Brillante, un trabajo largo y meticuloso que requiere de toda su atención. Pero detrás de esa máscara de dureza está el padre afligido y el abuelo, que tiene que bajar la guardia por unos minutos, pedir disculpas por su comportamiento en la última reunión del grupo de apoyo, y reconectar con su familia, ese lugar seguro que lo aparta de la oscuridad que lo rodea.   

Lo mejor de “Piñata” es, sin dudas, el momento solitario de Gus Fring ante la cama del postrado Hector Salamanca. La historia del árbol de lúcuma y el coatí es una más que clara metáfora de su relación con el tío, cuya vida corre peligro tras una nueva infección. Dejando los eufemismos de lado, el dueño de Los Pollos Hermanos hará todo lo que esté en su poder para salvar al viejo y que pague por la muerte de su socio y amigo, Max Arciniega, a su debido tiempo. Una situación de poder que se va a extender a lo largo de los años. La venganza de Fring contra el cartel y Don Eladio fue lenta, pero llegó finalmente en la cuarta temporada de “Breaking Bad”; mientras que lo de Hector, sabemos, fue más personal y doloroso para los dos… con una pequeña ayuda de un tal Heisenberg.

La impasibilidad del chileno siempre dio un poco de pavor, sobre todo porque nunca llegamos a conocerlo completamente. Hay todo un aspecto de su pasado que se mantiene entre las sombras (y ayuda a cimentar la mitología del personaje) que, tal vez, podamos ir descubriendo en los próximos episodios.