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Editoriales | Fortnite o Spider-Man

CONTRATAPA: La relevancia de los juegos

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Por: Leo Valle

¿Qué tan importante es el cross-platform cuando hay exclusividades como Spider-Man?

Cuando la semana pasada, durante la feria IFA en Berlín, se lo consultó acerca de la posibilidad de habilitar el cross-platform con otras consolas, el CEO de Sony Kenichiro Yoshida declaró sin tapujos que "PlayStation es el mejor lugar para jugar" (via Independent).

Esa frase, muy alejada del slogan "For the players" que profesa la empresa desde el lanzamiento de PlayStation 4 (y más propia del dueño de la pelota) es sin dudas una representación de la actualidad de Sony y la industria en general. PlayStation tomó las riendas de la generación desde sus comienzos y no parece que las vaya a soltar por lo menos por algunos años, cuando esas líneas imaginarias que representan la insatisfacción del cliente y el número de unidades vendidas se crucen.

El problema para los que abogan por la apertura de plataformas es que realmente es un gran momento para ser un poseedor de una PlayStation, y Sony lo sabe. No solo por la abrumadora superioridad en materia de unidades en el mercado, sino porque la empresa continúa reivindicando la decisión de sus usuarios, algo que el jugador de consolas precisa. Reivindicación para sentir que invirtieron su plata en el lugar correcto, que tienen argumentos para justificar su compra, y hasta que poseen armas en caso de una eventual guerra de consolas.

Hoy nos desayunamos con la noticia que Spider-Man, el nuevo exclusivo de PlayStation 4, rompió varios récords de venta el Reino Unido colgándose las medallas de "mejor debut en una plataforma" y el juego del personaje y de Marvel de más rápida venta. Por supuesto esos datos responden sólo a las unidades físicas y no necesariamente son representativos de un impacto global, pero cuando hablamos de un juego protagonizado por uno de los personajes más populares de la cultura pop y que con casi un centenar de análisis chapea un 87 en Metacritic, estamos en presencia de un éxito rotundo y un candidato a varias listas de juego del año. 

Un éxito rotundo que solo se puede jugar en una PlayStation 4.

La aventura del arácnido llega para empezar a cerrar un 2018 que para Sony incluyó exclusividades como Shadow of Colossus, God of War, Yakuza 6 y Detroit: Become Human; una buena cantidad de títulos también disponibles en PC, como Ni No Kuni II o Guacamelee 2; y hasta lanzamientos compartidos exclusivamente con Nintendo Switch. No importa cómo se lo vea, Sony ha mantenido a sus jugadores satisfechos con su elección, incluso si esa elección fue la tan discutida PlayStation 4 Pro.

En la vereda de enfrente (dejamos a Nintendo afuera porque la gran N es su propio paradigma) Microsoft intenta recuperar el terreno perdido durante la nefasta Era de Matrick a fuerza de servicios y buena voluntad. Y es innegables que la oferta de Xbox es tentadora, con consolas que se ven cada vez mejor, opciones para acceder a un enorme catálogo de juegos (desde la retrocompatibilidad hasta Game Pass) y la reafirmación del compromiso de la empresa con la plataforma materializado en el Xbox One All Access, un sistema de subsidio y crédito a dos años. 

Es verdad también que Phil Spencer ha transformado la empresa y ha cambiado radicalmente la imagen de Xbox, pero aún así es imposible volver a ver la conferencia de Microsoft durante la E3 de este año y no percibir una estrategia a mediano y largo plazo. La empresa ya está trabajando en la(s) sucesora(s) de Xbox One X -una consola lanzada hace apenas seis meses- y la compra de estudios no va a dar frutos sino hasta dentro de dos o tres años.

Hoy Microsoft se muestra como la compañía más progresista del mercado aunque detrás de los servicios y la nueva amistad con Nintendo se esconda una realidad ineludible: Xbox One es la única plataforma en el que hay que pagar extra para jugar el juego que puso a Sony en el centro de la controversia – me refiero a Fortnite: Battle Royale, por supuesto. 

¿Hace eso a Microsoft malo y a Sony bueno? Definitivamente no. Simplemente muestra que los agujeros argumentales se encuentran de ambas partes y que plantear y prometer un mundo perfecto es mucho más sencillo que ejecutarlo. Los datos dicen que aproximadamente la mitad de las PlayStation 4 no cuentan con una suscripción a PlayStation Plus. Esos usuarios, que representan una gran porción del mercado (y millones de potenciales compradores de Battle Pass para Epic), no están siendo alienados del fenómeno del momento y por consiguiente también se siente reivindicados.

En lo operativo Epic sabe que no va a tener problemas para llenar los servidores en un futuro cercano así como seguramente poca diferencia le haga si los jugadores de PlayStation 4 pueden o no transferir sus cuentas a otras consolas o jugar cross-platform. Es una decisión de mierda por parte de Sony, definitivamente, pero no tendría sentido que fuera de otra manera y el estudio lo sabe.

Las cartas están echadas y cada cuál asume el rol que más le conviene. Habrá que ver a qué porcentaje de usuarios afecta realmente la postura dominante de Sony (información que la empresa seguramente conocerá) y si le cuesta caro subestimar a ese público. Por el momento, más allá de las chicanas, más allá de los servicios, más allá de las alianzas momentáneas, los usuarios de PlayStation continúan sumando razones para estar contentos con su elección.

A lo largo de la última década hemos respondido en incontables oportunidades a la pregunta de "¿qué consola compro?" con variantes sobre dos tópicos fundamentales como son las exclusividades y la elección del entorno. Recién ahora estamos empezando tímidamente a considerar el back catalog y los servicios disponibles en la ecuación – aún en territorios tercermundistas y devaluados como el nuestro. El cross-platform y el procesamiento remoto parecen ser el futuro de la industria, pero mientras las corporaciones puedan permitirse manejarse como tales (en particular cuando tengan argumentos de peso para hacerlo), lo harán.

Al fin y al cabo al usuario promedio lo que le importan son los juegos.

Y en ese terreno Sony tiene el camino allanado.