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Analisis | Un gran poder…

ANÁLISIS: Iron Fist S02E01: The Fury of Iron Fist

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Por: Jessica Blady

Para qué lo llaman, si ya sabemos cómo se pone.

Por algún extraño milagro, Netflix/Marvel decidieron renovar “Iron Fist” para una segunda temporada, un poco para para darle la oportunidad de redención que Danny Rand (Finn Jones) necesita. La primera entrega de la cuarta aventura superheroica dentro de este universo televisivo, resultó ser la más flojita del conjunto y, ¿adivinen qué? Lo sigue siendo.

Cambiaron de showrunner, decidieron producir menos episodios, mejoraron las coreografías de pelea, pero Jones y su carisma cero siguen estando al frente de esta historia que no puede rejuntar dos personajes interesantes en la misma escena. La única que se sigue salvando es la querida Colleen Wing (Jessica Henwick), que mejora cualquier momento de  “The Fury of Iron Fist”, título que hará mucha referencia a los cómics, pero con el argumento en cuestión, no pega mucho que digamos.  

Esta segunda temporada arranca después de los sucesos de “The Defenders”, con Danny siguiendo al pie de la letra la promesa que le hizo a Matt Murdock de defender su querida ciudad de Nueva York. Rand, como un Batman bien aplicado (con la misma plata y menos recursos), sale por las noches a detener a los criminales. Igual, su rango de acción no parece salir de la zona del Barrio Chino, donde dos bandas rivales (los Verdugos y los Tigres Dorados) andan con ganas de comenzar una guerra de pandillas.

La relación con Colleen va viento en popa, aunque ella se resiste a seguir el camino de la violencia (todavía afectada por lo que ocurrió con Misty Knight), y dedica a su tiempo a ayudar a aquellos que lo necesitan. Claro que la violencia la encuentra a ella, y tras cruzarse con una reliquia familiar, su pasado previo a la Mano, vuelve a aflorar para traer un poquito de complicaciones a su vida.   

“The Fury of Iron Fist” trae los regresos de Joy Meachum (Jessica Stroup), que quiere alejarse de la compañía para siempre; y el de Davos (     Sacha Dhawan), que todavía no supera que Danny se haya convertido en el Puño de Hierro, y ese temita de la destrucción de K'un Lun.

Así, esta temporada parece centrarse en la venganza y en varios personajes con ganas de “recuperar” lo que creen que les corresponde por derecho. Además de sumar a la siempre presente mafia china que busca encontrar su lugar tras la desaparición de La Mano, y a Mary Walker (Alice Eve) que, sin conocer de qué la va en los cómics, a simple vista podemos deducir que tiene unos cuantos problemitas psicológicos.

El director David Dobkin arranca con todo y una escena a pura súper acción y heroísmo entre las callecitas del Chinatown, y por las dudas mete una pelea cada veinte minutos, no sea cuestión que alguien lo tilde de tedioso. El problema no son tus escenas, querido David –bastante mejor orquestadas y menos berretas que la entrega anterior-, sino la cadencia y la cursilería de la mayoría de los diálogos y, sobre todo, la actuación de Jones y muchos de sus compañeros de elenco.    

Una hora por episodio sigue siendo agotador, más que nada por lo repetitivo que resulta la estructura, la cual va metiendo encontronazos a puro kung fu (¿la mafia no usa armas de fuego?) cada vez que siente que el ritmo y el argumento se van poniendo pesados.       

“Iron Fist” sigue siendo una serie que no cautiva al público ajeno al personaje y las historietas, justamente, porque carece de elementos atrayentes: su puesta en escena sigue estando muy por debajo de “Daredevil”, y su protagonista es el personaje con menos carisma de todo este universo expandido.

Danny funciona mejor cuando hace de noviecito complaciente y de tipo bueno con ideales inquebrantables, pero cuando le toca ponerse la camiseta del héroe…, pedimos a gritos la vuelta del Diablo de Hell’s Kitchen.

Igual, y tratando de ser un poco optimistas, esta segunda temporada parece mejor encaminada desde lo narrativo o, al menos, tiene sus ideas bien claras. Sigue fallando desde lo formal, pero si se conforman con poco, las nuevas aventuras de Rand podrían ser más llevaderas, al menos, hasta la la “resurrección” del Hombre Sin Miedo.