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Analisis | El círculo de la meta

ANÁLISIS: Better Call Saul S04E05: Quite a Ride (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Y bueh, Chuck tenía un poco de razón, ¿no?

Michael Morris tiene una amplia trayectoria televisiva, pero esta es su primera incursión en el universo creado por Vince Gilligan y Peter Gould. La elección no parece azarosa, ya que el director se ajusta perfectamente al estilo mega detallista y singular que tanto conocemos, incluso, desde las épocas de “Breaking Bad”. Y otra vez, acá no hay nada fortuito, ya que “Quite a Ride” conecta como ningún otro episodio con los acontecimientos de su antecesora.

Claro que nos acordamos de las peripecias de Walter White y Jesse Pinkman, pero esto, poco y nada tiene que ver con ellos. Sí, los guiños y referencias son bienvenidos y se festejan, pero ahora se trata de conectar los puntos para descubrir como Jimmy McGill terminó convertido en Saul Goodman. Como ese abogado tan chanta, cargado de respuestas para todo y lo más parecido a un gato que siempre cae sobre sus patas, terminó como gerente del Cinnabon de Omaha, bajo el seudónimo de Gene Takovic.

¿Cómo se cae tan bajo? Para eso tenemos “Better Call Saul”, un ensayo sobre las conductas de James, tan cíclicas como las estaciones que se suceden año tras año. McGill, Goodman, Takovic, no importa la piel, por debajo siempre va a estar ‘Jimmy el resbaladizo’, ese personaje que, por un momento fugaz, intenta tomar la senda correcta y hacer una buena acción, pero termina tentado por el lado oscuro y el camino más fácil, que suele ser el menos legal de todos.

Claro que hay diferentes tipos de ilegalidad, y lo de Jimmy fue en pequeña escala, al menos, hasta que se cruzó con Heisenberg, ¿o fue mucho antes? A eso vamos a llegar, posiblemente, durante esta temporada cuando la encrucijada lo conecte con Gustavo Fring... o no, ya que sabemos que nunca estuvieron realmente vinculados, y que su nexo vino por parte de Mike. Por eso la serie decidió tomar estos dos caminos, aunque sea una sola ruta plagada de bifurcaciones, atajos y callejones sin salida.      

Lo cierto es que James es esa mona que, aunque la vistan de seda, mona queda… y las últimas palabras de su hermano parecen haber hecho mella (y más daño) que cualquier otro trauma de su vida. Atrás parecen haber quedado las buenas intenciones, y ahora sólo va en busca de la ventajita. Primero con la estatuilla Hummel, después con los celulares y ese dinerillo extra que logra vendiendo “privacidad” a los clientes de la tienda, pero mucho más a los pequeños delincuentes de la zona que necesitan de teléfonos para llevar a cabo sus “negocios”.

Una filosofía paranoide que el mismo aplicó en su vida y su trabajo a futuro, más si recordamos esa pila de celulares que guardaba Saul en el cajón de su escritorio. Por si no recordaban ese detalle, Morris nos lo recuerda, conectando con esos últimos momentos de Goodman antes de pasar a la clandestinidad después de que la identidad de Heisenberg sale a la luz.

“Quite a Ride” es un conjunto de secuencias maravillosas perfectamente delineadas por su director, acciones que definen a los personajes y llevan adelante la acción, aunque nos parezca que esta temporada se mueve un poco en cámara lenta. Desde esa escena en la oficina de Saul, donde recordamos su vertiginosa huida, pero también sus “métodos” previsorios; hasta la meticulosa búsqueda de un contratista por parte de Mike (ahí el trabajito que le tenía preparado Gustavo), el ingeniero capaz de transformar las instalaciones de Lavandería Brillante en el laboratorio secreto donde el dueño de Los Pollos Hermanos se va a convertir en el capo de la droga de Albuquerque. Sí, esto es el círculo de la vida, aunque sin la música de Hans Zimmer y Elton Joohn.

“Beter Call Saul” no necesita de diálogos para hacernos sentirnos la tensión del momento, el drama o la anticipación. Eso ya lo hacía “Breaking Bad”, y la música también jugó un papel importante en escenas que pedían ritmo a los gritos. Acá tenemos “Street life”, y podemos evitar que se nos dibuje una sonrisa en la cara cuando vemos a Jimmy haciéndola de dealer de teléfonos celulares.

Lo único flojito de este episodio (y un poco de la temporada), sigue siendo Kim, un personaje que trata de encontrar su rumbo, literal y metafóricamente. Entendemos que el suicidio de Chuck sacudió sus prioridades, pero nos están refrenando a una de las mejores protagonistas de este universo. Igual, vamos a confiar en lo que nos tienen preparado los realizadores, aunque no nos guste nada como su camino y el de Jimmy se van separando cada vez más.     

Las cartas parecen estar echadas para cada uno de los protagonistas, sabemos lo que viene a futuro en la mayoría de los casos, pero hay varias nubes oscuras que todavía tienen que descargar sus chaparrones y, posiblemente, no nos guste el resultado de la tormenta que se avecina en el horizonte.