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Analisis | Rápidos y caballerosos

ANÁLISIS: F1 2018 (PC, PS4, XONE)

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Por: Jeremias Curci

Codemasters acuña el mejor exponente hasta el momento de la mítica categoría automovilística.

A veces el universo del fichín puede ser muy injusto. Por lo general, cuando se trata de mencionar juegos deportivos solemos caer en los ejemplos de siempre: NBA 2K, FIFA o PES, UFC, o nos vamos más hacia atrás incluso recordando títulos como los de la serie Fight Night. Muy pocas veces sale en la conversación la saga F1 que hace unos 9 años está en poder de Codemasters y que entrega tras entrega explican por qué siguen a cargo del título oficial. No es un dato menor, teniendo en cuenta el tendal de cambios por los que está atravesando la Fórmula 1: desde su forma de comercialización, transmisiones, cúpula directiva y demás. Todo cambia, Codemasters prevalece.

Que F1 2018 sea el mejor hasta el momento tampoco es moco de pavo. El mayor problema que siempre tuvo la serie es que por cuestiones de desarrollo y distribución, cuando el juego llegaba a nuestras manos, la temporada ya había terminado. Considerando lo fiel a la realidad que siempre pretendió ser, esto representaba un problema. Para esta ocasión, F1 2018 nos llega justo en el descanso de mitad de temporada, por lo que mantendrá el rigor estadístico por un tiempo más, sin sentirse desfasado si lo comparamos con la acción “en la vida real”. Tanto el reglamento como los nuevos requisitos para los vehículos (como la estructura de protección para la cabeza) están presentes, pero también hay agregados que refinan la experiencia hacia un punto excelso.

Desde el motor gráfico a la interfaz de usuario, hay mejoras de calidad de vida que resultan en un pulido sin igual: Codemasters hace un trabajo de sintonía fina tan milimétrico como el que hacen los ingenieros de las escuderías en los bólidos de competición. Y se nota: exuda calidad por los cuatro costados, todo está cuidado, limpio. Todo responde como debería. Donde sí hay una reforma significativa es en el modo carrera, el cual se siente más orgánico que nunca gracias a la dinámica con el equipo de la escudería que representamos. Ya no estamos ante un calendario insulso, sino que nuestro protagonismo es mayor.

Dentro y fuera de la pista, siempre estamos haciendo algo interesante: clasificando, compitiendo y mejorando nuestra máquina, para después pasar a una instancia más de administración en la que incluso tenemos que asistir a conferencias de prensa, donde cada cosa que digamos puede afectar a la relación con nuestro equipo. Según la escudería que elegimos tenemos distintas metas: Ferrari va por todo o nada, pero Toro Rosso nos pide que peleemos el campeonato. La dinámica se vuelve más vertiginosa incluso cuando a mitad de temporada recibimos una oferta de un equipo rival.

Codemasters hizo con su modo campaña algo similar a lo que 2K hace en la serie NBA 2K, pero cortando la grasa, la cháchara y el relleno innecesario. El resultado es un modo que en otro momento podría haber pasado desapercibido, pero que en esta entrega se convierte en la estrella del menú. La carta de este suculento restaurante automovilístico está compuesta por modos Grand Prix en los que podemos jugar con coches actuales o vehículos clásicos, recreando así momentos míticos e inolvidables y el modo online, que también está de regreso con la posibilidad de jugar partidas libres y la creación de salas para alojar carreras y torneos. Es una auténtica jungla salvaje, puesto que en esos modos libres no existe penalización ni etiqueta alguna. La cosa cambia cuando jugamos partidas rankeadas.

Ese es el verdadero paraíso del corredor, puesto que F1 2018 implementa un sistema de licencias que, de modo similar a GT Sport, evalúa no sólo nuestro desempeño en cuanto al tiempo en cada pista, sino que también lo hace respecto a cómo nos comportamos durante la carrera. Si quieren competencia, códigos y clase, jugar partidas rankeadas es donde se deben quedar. 
Por fortuna, el desafío que podemos encontrar online puede ser replicado e incluso mejorado jugando por nuestra cuenta. F1 2018 es un juego por demás demandante con una inteligencia artificial que hace poner colorado al sistema Drivatar de Forza. En este sentido, Codemasters está a años luz de la competencia en esto de dar vida a la CPU con pasmosa similitud a la vida real.

Todo esto está reforzado por una jugabilidad que oscila entre la simulación y el arcade, dependiendo cuánto deseemos tocar el tema de las asistencias durante la conducción, como también con qué accesorio estemos jugando. Si bien se puede jugar con pad y teclado, con un buen volante F1 2018 muestra sus encantos, expandiendo todavía más las opciones de mejoras mecánicas. Entre el sistema ERS, los distintos seteos para cada una de las partes del coche, las mejoras, detalles como la mezcla de combustible y un sinfín de elementos más, las carreras toman además un cariz estratégico que las hacen completamente únicas.

Si leyeron hasta acá se estarán diciendo: “algo malo debe tener”. Y no, no hay nada de malo en F1 2018. Es un producto súper pulido al cual sólo se puede llegar con un equipo talentoso y la rigurosidad y experiencia que te dan esos nueve años haciendo esto. El gran problema de Codemasters es que alcanzaron una cota de calidad tan elevada que las diferencias respecto a la entrega anterior serán irresistibles sólo para los más fanáticos de la categoría. Para el resto de los mortales, es muy difícil recomendar la inversión de 60 dólares, porque ninguno de estos agregados justifican dar ese paso. 


Con F1 2018 Codemasters demuestra por qué es el mejor haciendo lo que hace: estamos ante la versión definitiva de su hijo pródigo. Pero a su vez, el grado de pureza viene siendo tan elevado que esta nueva entrega está recomendada para aquellos que no hayan tenido un fichín de F1 en los últimos años, o aquellos fierreros apasionados que no puedan vivir sin el calendario competitivo actualizado.

LO MEJOR

  • Los cambios en el modo carrera
  • La conducción en todas sus facetas
  • Técnicamente es impecable
  • El sistema rankeado online

LO PEOR

  • El sistema de daños no se condice con lo que la experiencia plantea
  • No logra dar un salto cualitativo que justifique la inversión