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Analisis | La tierra de las oportunidades

ANÁLISIS: La Catedral del Mar S01E01: Fugitivos

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Por: Jessica Blady

La Edad Media apesta.

A los españoles les encanta la historia. No importa si la representación es precisa, pero tienen los escenarios naturales (no por nada muchas producciones internacionales como “Game of Thrones” o “Wonder Woman 1984” usan sus paisajes), y el público dispuesto a disfrutar de estos relatos que mezclan el pasado con el drama casi telenovelesco.

“La Catedral del Mar” (2018), basada en la novela homónima de Ildefonso Falcones -publicada en 2006-, es una coproducción entre Atresmedia, Televisió de Catalunya y Netflix que, por ahora, resume su argumento en una única temporada de ocho episodios y, posiblemente (y debido al éxito local), podría tener una segunda entrega gracias a la continuación literaria “Los Herederos de la Tierra” (2016).

La idea de Falcones y los productores es mostrar la vida en la Barcelona del siglo XIV, una de esas ciudades emergentes, independientes del poder de la nobleza y los señores feudales que oprimían a los campesinos, donde la naciente burguesía empezaba a oponerse a los tiranos. Acá, tomando como nexo la construcción de la iglesia de Santa María del Mar, levantada por el pueblo y nuestros protagonistas: Bernat Estanyol (Daniel Grao) y su hijo Arnau.

Bernat es un joven (no tan joven) que vive con su padre, trabaja la tierra sin molestar a nadie, y nunca se casó ya que no posee dote porque su herencia cayó en las manos de su hermana mayor y su marido, un habilidoso artesano. Tras la muerte del viejo, concreta su matrimonio con Francesca Esteve, pero los festejos de la boda quedan interrumpidos cuando el señor feudal decide hacer los “honores” con la novia, mucho antes que el esposo.

Sí, “La Catedral del Mar” arranca no con una, sino con dos violaciones, ya que la chica tampoco quiere que la toque su esposo, forzado a tener sexo para justificar cualquier embarazo. La violencia explícita se va extender a lo largo de todo el capítulo (y suponemos que también de la serie), sobre todo cuando se trata de personajes femeninos, al parecer, los que más sufrían y lo pagaban durante la España de la Edad Media.   

Nadie va a negar que esto fuera verídico, pero no hay necesidad de mostrarlo a todo color y espectacularidad, como la reprimenda a una sirvienta mora, que desnuda y maniatada, es azotada delante de todos hasta morir. Detalles que nos muestran el camino de esta serie, más enfocada en mostrar las miserias de una de las épocas más oscuras que atravesó la humanidad.

A los nueve meses de la boda, nace el pequeño Arnau, pero al poco tiempo la madre y el bebé son obligados a mudarse a la casa del señor feudal. Debido a una marca de nacimiento, Bernat está convencido que el pequeño es hijo suyo y viaja hasta el feudo para conocer la suerte que corrió su familia. Un incidente lo obliga a tomar al bebé y convertirse en fugitivo; y ahora la única opción que le queda es intentar llegar a Barcelona para, con el tiempo, transformarse en un hombre libre.

Padre e hijo se ocultan en la casa de su hermana y su cuñado, el artesano convertido en gran señor, que, muy a regañadientes, le da trabajo en su taller, dejando que el pequeño Arnau se críe con sus primos. Una vida de miserias que no parece afectar a Bernat, quien sólo quiere lo mejor para su retoño.

A no confundirse, esta es la historia del pequeño Arnau, al que le tocarán vivir un montón de peripecias, aprendiendo del sufrimiento, la segregación, las maquinaciones políticas y otras yerbas. La excusa perfecta (o mejor dicho, imperfecta) para delinear la problemática de una época marcada por fanatismos religiosos, la opresión por parte de los más poderosos y el devenir de la Edad Moderna, donde el hombre empieza a ser el verdadero dueño de sus actos.

Claro que para eso faltan unos cien años, y mientras tanto “La Catedral del Mar” se vanagloria en crueldad, el melodrama más barato y las peores actuaciones que haya visto la TV en mucho tiempo. No se puede negar el diseño de producción y cierta atención a los detalles, pero hay que tener ganas de transitar una hora atestiguando lo mal que lo pasan estos pobres protagonistas.

Entendemos que sólo Mel Brooks te puede hacer una comedia ambientada en la Edad Media, pero esta producción española está más cerca de las telenovelas bíblicas brasileñas que de dramas más contundentes como “El Nombre de la Rosa” (Der Name der Rose, 1986).

“La Catedral del Mar” puede funcionar como documento histórico para conocer la importancia de las ciudades emergentes como Barcelona, pero en cuanto a desarrollo de personajes y la narración en sí, no deja de caer en todos los lugares comunes, con la única intención de generar cierto impacto, y hasta incomodidad en el espectador, pero nunca de forma positiva.