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Analisis | Quien quiera oír que oiga

ANÁLISIS: Better Call Saul S04E04: Talk (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Acá no trabaja en el no quiere.

John Shiban, productor y director egresado de “Breaking Bad”, tiene a su cargo uno de esos tantos episodios de “Better Call Saul” donde, a simple vista, parece que no pasa nada, pero está lleno de contrastes. Sobre todo cuando se trata de Jimmy y Kim, y esa pregunta latente de qué pasó con estos dos en el futuro o, mejor dicho, el presente de su antecesora televisiva.

Ya quedó claro que McGill va por el camino más cómodo. Los trabajos “comunes” no son lo suyo, y prefiere la guita fácil, como los miles de dólares que Ira consiguió con el robo/venta de la estatuilla Hummel. “Jimmy el resbaladizo” tomó las riendas de esta nueva etapa, una que suponemos ya no tiene vuelta atrás, y seguirá su curso hacia las actividades non sanctas cuando recupere su licencia.

Primero le dijo que no al empleo seguro en Neff Copiers, ahora dudó antes de agarrar el puesto en CC Mobile. Un cambio de parecer, suponemos, influenciado por la culpa de la mentira hacia Kim, que sólo pretende ayudarlo tras la muerte de su hermano. ¿Pero quién la ayuda a ella?

El estrés, el accidente, el suicidio de Chuck también la obligaron a replantearse varias cosas como ser humano y como litigante. De ahí sus paseos por la corte en busca de “redención”, algo que no va a encontrar tan fácilmente, como bien le dice el juez Munsinger. Está claro que Wexler perdió el entusiasmo que le provocaba representar a Mesa Verde y su camino por la práctica independiente.

No hay que ser un genio para predecir que en los próximos capítulos la veremos trabajando ad honorem como abogada defensora, representando a los clientes más aburridos de Albuquerque. Como verán, el otro extremo de Jimmy, que parece haber dejado atrás todas sus “buenas intenciones”.     

Contrastes, como los de Mike y su “grupo de ayuda”, una parada obligada, solamente, por el bien de su nuera Stacey y el recuerdo de su hijo Matthew que, aunque no lo quiera admitir, sigue bien presente en su memoria. Es obvio que al ex policía de Filadelfia no le gusta ventilar sus emociones, en cambio, decide desenmascarar a Henry, uno de los miembros que asegura (falsamente) haber perdido a su esposa. Esto es lo que hace Ehrmantraut para protegerse (de su propia culpa, claro está): resguardarse tras la cortina del detective rudo y frío que cree no tener nada en común con estos “sobrevivientes” que comparten su dolor y miserias.

Mike siempre fue un personaje impasible que no demostró miedo ante nadie, ni siquiera en esos últimos minutos junto a Walter White. Ni hablar de arrepentirse de sus acciones presentes –el pasado y la muerte de su hijo es otro tema-, que llevaron a Nacho a atentar contra la vida de Herctor Salamanca, en contra de los intereses de Gus Fring, el hombre que ahora paga su abultado sueldo como director de seguridad en Madrigal. Pero sabemos que esta es una sociedad próspera y larga, al menos, hasta la llegada de un tal Heisenberg.    

Fring y sus hombres deben seguir guardando las apariencias y prolongar las consecuencias del ficticio ataque hacia Nacho y Arturo, poniendo como chivo expiatorio a los Espinoza, otras bandita local que se dedica a la distribución de droga. Varga, metido hasta el cuello, no tiene escapatoria y debe jugar a dos puntas más allá de los riesgos. ¿Las consecuencias? Los primos deciden vengar la muerte de su lugarteniente y arrasan con el lugar dejando el territorio libre para los prósperos negocios del dueño de “Los Pollos Hermanos”.

La masacre llama demasiado la atención y los Salamanca vuelven a su agujero en México, dejando que Nacho tenga un poco de paz, de un lado y del otro del conflicto. ¿Lo volveremos a ver? Seguro cuando el Hector vuelva a escena. Sabemos que Vince Gilligan y Peter Gould no dejan nada librado al azar, y esta es una historia requiere su cierre antes de los acontecimientos de “Breaking Bad”.

“Talk” sigue encadenando personajes y situaciones que, sabemos, van a repercutir en el futuro de Albuquerque y más allá. Eso es lo genial de “Better Call Saul”: conocer el punto B, pero entender cómo llegamos hasta ahí desde A, con historias bien construidas, profundas y justificadas que no siempre nos permiten enamorarnos de estos protagonistas de moral tan trastocada.