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Analisis | ¿Qué es esto? ¿Lo puedo romper?

ANÁLISIS: Insatiable S01E01: Pilot

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Por: Jessica Blady

Maldito sistema que me obliga a ponerle UN corazón.

Hay shows que intentan ser transgresores por la transgresión misma, y se nota a la legua que son más importantes los “chistes” que los mensajes correctos. “Insatiable” (Insaciable) se mueve en una marejada de humor negro que nunca cesa, un tipo de humor demasiado incómodo para los tiempos que estamos viviendo.

Ojo, el humor negro es genial, cuando está bien llevado. No es el caso de esta nueva “dramedia” de Netflix pergeñada por la guionista Lauren Gussis (“Dexter”), una realizadora que, obviamente, no sabe dónde poner los límites de su historia.

Por un lado tenemos a Patricia ‘Patty’ Bladell (Debby Ryan), adolescente con algunos kilitos de más que debe aguantar las constantes burlas de sus compañeros de clase, y hasta de su propia mamá (Sarah Colonna). Patty tiene una amiga incondicional, Noonnie (Kimmy Shields), que la ama en secreto (obvio), y un cariño por la comida que, en un arranque de furia, la lleva a golpear a un vagabundo y quebrarle la nariz, antes de recibir un puñetazo de yapa.

Por el otro, tenemos a  Bob Armstrong (Dallas Roberts), abogado exitoso, cuyo sueño y pasión es preparar a jovencitas que compiten en concursos de belleza. No se confundan, Bob es más bueno que Lazzie –casado y con una familia feliz-, pero cae en desgracia cuando la madre de su “protegida”, Dixie Sinclair, lo acusa de haber abusado de su hija tras perder en uno de estos certámenes.

Listo. Acá, “Insatiable” me perdió para siempre, porque nadie puede ser tan imbécil de hacer humoradas sobre abuso sexual y (peor aún) pedofilia en épocas del #MeToo, Women’s March, #8A y Time’s Up. ¿En qué cuernos estaba pensando esta gente?

En sólo sus primeros quince minutos, a la “comedia dramática” de la Gran N se le escapa un poquito de body shaming. Tres meses después de ambos incidentes, Patty y Bob cruzan sus caminos cuando él decide defenderla en la corte ad honorem (en parte para recuperar su credibilidad y prestigio) tras haber sido demandada por el simpático vagabundo.

La chica pasó todo ese tiempo con la mandíbula rota (se acuerdan que el tipo le devolvió el golpe, ¿no?) y, claro, adelgazó más de treinta kilos, y ahora es una adolescente “roba corazones” que utiliza su sexualidad y sensualidad para obtener lo que quiere.

Bob quiere ganar el caso a toda costa para dejar mal parado a su eterno rival en las cortes y los concursos de belleza, Bob Barnard (Christopher Gorham), pero también quiere que Patty se convierta en su nueva protegida y, quien sabe, tal vez llegue a ser la próxima Miss America.

“Insatiable” no te hace reír, más bien, todo lo contrario. Me resulta imposible disfrutar de una serie que, cada dos escenas, me muestra como una adolescente (ya sea Patty o Magnolia Barnard) intenta seducir a un hombre casado que, tranquilamente, podría ser su padre. Ni hablar del mensaje de mierda que le deja a todas aquellas jovencitas que no están conformes con su cuerpo: uno donde les dice bien clarito que tienen que cambiar y ser súper hot, en vez de aceptarse individualismo.

Gussis admite que basó la historia en sus propias experiencias personales con el bullying, pero nada de lo que se ve en “Insatiable” parece enfocarse en estos problemas tan serios, al menos, no en este episodio piloto dirigido por Andrew Fleming, que me saca las ganas de ver lo que puede llegar a ocurrir en los próximos once.

Los realizadores nos dan a entender, por los exagerados acentos de sus protagonistas, que estamos en alguna ciudad del Sur estadounidense; sí, de esos lugares donde todos son medio “brutos” y se casan con sus hermanas o algo así, pero en vez de rednecks, nos muestran a gente linda de la alta sociedad, donde todas las mujeres son falsas (bah, Alyssa Milano) y sólo desean ser como Etta Mae Barnard, o simplemente, quedarse con su “atractivo y fornido” marido.   

Todo es exageración, todo es sátira, pero todo tiene un límite e “Insatiable” lo rebalsa con bastante mal gusto. Por algún motivo se mete con la carrera de Drew Barrymore, e intenta convencernos de que será algo parecido a “Muérete, Bonita” (Drop Dead Gorgeous, 1999), aunque con menos asesinatos y mucho más estupro (¿?).  

La crítica no viene solamente por el lado de la “incorrección política”. La serie es mala porque si ni siquiera cumple con los mínimos requisitos que plantea. No es graciosa, no es dramática, no deja nada positivo para destacar. Sus personajes son estereotipos pasados de esteroides que ni deberían tener cabida en la televisión actual.