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Analisis | El perfecto asesino

ANÁLISIS: El Ángel (2018)

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Por: Jessica Blady

Nuestro criminal más famoso llega a las pantallas grandes y no podemos resistirnos a sus encantos.

Luis Ortega sigue sumando porotos en su corta, pero fructífera carrera. Después de abordar el reality crime televisivo de la mano de los Puccio e “Historia de un Clan” (2015), se mete de lleno con el asesino serial más despiadado que engendró nuestro país: Carlos Robledo Puch, quien con sólo veinte años a cuestas fue condenado a cadena perpetua, donde cumple condena desde el año 1972.

El debutante Lorenzo Ferro se mete en la piel de Carlitos, un adolescente encantador que, gracias a su actitud relajada y su rostro angelical, va por la vida obteniendo todo lo que quiere… aunque no le corresponda. Carlos, hijo único y “milagroso” de Aurora (Cecilia Roth) y Héctor (Luis Gnecco) atraviesa la juventud sin ningún tipo de filtro, sin distinguir en “lo tuyo y lo mío”, y sin mucho respeto por la existencia del otro. No es un chico de familia humilde que pasa penurias, ni de padres abusadores. Simplemente, nunca conoció ciertos límites y, digámoslo como debe ser, se convirtió en un sociópata.

Sin control por parte de papá y mamá, y el mundo como un patio de juegos, Carlitos toma lo que quiere sin pedir permiso, pero sus actos delictivos empiezan a cobrar relevancia (y escalar en violencia) después de conocer a Ramón Peralta (Chino Darín), compañero de la escuela secundaria. A diferencia de Puch, el autodidacta, Ramón viene de una familia “delictiva”. Sus padres -Mercedes Morán y Daniel Fanego- lo reciben con los brazos abiertos y, en seguida lo introducen en el negocio de los robos a pequeña y grande escala. Pero Carlos es impulsivo, y como no siente ningún respeto por el otro, el gatillo se vuelve una moneda corriente a la hora de dar un golpe.

Pronto, Carlitos y Ramón forman un dúo demasiado peligroso, pero detrás de esa amistad hay deseos no correspondidos y objetivos muy diferentes que se van a interponer por encima del compañerismo.

Ortega no trata, bajo ninguna circunstancia, de romantizar la vida de este criminal precoz y, muchos menos, su abultado prontuario. “El Ángel” (2018) se balancea entre momentos violentos y crudos, y otros un tanto hilarantes y bizarros, manteniendo una estética visual muy particular –que un poco nos recuerda a “Asesinos por Naturaleza”-, que mezcla la música contestataria y cierta imprudencia (¿o es ingenuidad?) de principios de la década del setenta, con ese aire barroco y añejo de las casas ricachonas de Buenos Aires. En resumen, una película de contrastes que entretiene, hecha luz sobre la historia de este asesino -sobre todo para las nuevas generaciones-, y de paso, trata de analizar las razones tras sus actos delictivos y esa “vía libre” que le dio la época y, justamente, esa carita angelical que no levantaba muchas sospechas… en oposición a los “cabecitas negras”, claro.  

Ferro no es el mejor actor del mundo, pero sale bien parado en esta, su primera película. Actor y director logran encontrar el punto justo para que su Carlitos nos “enamore” (¡miren esa carita, por Jebús!), pero jamás logre nuestra empatía: logramos distanciarnos y no crear ningún tipo de lazo con este ser que, aunque hipnótico, no puede ocultar lo sociópata. Piénsenlo como el Joker de Ledger, un personaje del que no podemos despegar la mirada, pero del que nos despegamos emocionalmente.

Ahí está uno de los grandes aciertos de “El Ángel”, que también se destaca por un gran detallismo de la época y su pericia visual. Hay algo “escenográfico” y teatral que se cuela en medio de tanto realismo, siempre apoyado por una banda sonora bien pum para arriba (Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll, La Joven Guardia, Pappo, Giguiola Cinquetti y hasta Palito Ortega).

El otro punto fuerte es el Chino Darín y su Ramón, complemento y contraparte de Ferro; una amistad y una constante tensión sexual que va moldeando la inestable personalidad del protagonista. Ortega no convierte la sexualidad de Puch en un tópico a tener en cuenta, sino en uno de los tantos aspectos de su complicado temperamento. Es un detalle de color en el cual no ahonda, simplemente, para no darle excusas al juicio del espectador.

“El Ángel” es una película visual que describe a sus protagonistas a través de hechos y no de palabras. Nunca emite juicios de valor sobre el comportamiento de Puch o Peralta, y deja que el espectador saque sus propias conclusiones entre canciones, crímenes, algunas humoradas y cierta “ingenuidad” de su estrella principal. Lo bueno es que la inexperiencia de Ferro se apuntala con la trayectoria de un gran elenco que suma diferentes contrastes a este nuevo exponente del reality crime.

Lo bueno de Ortega es que moderniza su relato para llegar a una audiencia mucho más joven que ni había nacido en la época de los crímenes de Puch, sumando nombres como el de Ferro, Darín y Peter Lanzani. En “El Ángel” hay un documento histórico que se toma sus libertades, pero también un enfoque vanguardista que lo aleja de la clásica narración policial y eso, en estas épocas de estancamiento, siempre es un punto a favor.     

LO MEJOR:

- A pesar de la inexperiencia, Ferro logra que la cámara se enamore de él.

- Que el relato nunca romantiza la violencia ni los crímenes de Puch.

- La reconstrucción de época con ese enfoque tan moderno.

 

LO PEOR:

- No todos son un diez en ese elenco.

- Algunos querrán una historia criminal más detallada.