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Analisis | Las penas son de nosotros

ANÁLISIS: Better Call Saul S04E01: Smoke

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Por: Jessica Blady

Dale, que se lo re extrañaba.

La cuarta temporada de “Better Call Saul” se hizo esperar más de la cuenta pero, por suerte, ya está entre nosotros. La vuelta de Jimmy (Bob Odenkirk) y sus tribulaciones llega de la mano de “Smoke”, episodio dirigido por Minkie Spiro –que repite después de “Fall”-, el cual retoma los acontecimientos, tal cual, los dejamos el año pasado.

Claro que antes nos vamos al presente –no nos olvidemos que el universo de BCS transcurre alrededor de 2003 (cinco años antes del comienzo de “Breaking Bad”)-, ese donde Gene Takavic vive mirando sobre su hombro, escapándole al pasado criminal de Saul Goodman.   

Como ya es costumbre, la temporada arranca con uno de estos “flashforward” en blanco y negro (resaltando la atmósfera de policial bien oscuro), donde vemos al gerente de Cinnabon en medio de una emergencia médica que, por suerte, no pasa a mayores, pero amenaza con revelar su verdadera identidad. ¿O es sólo paranoia? Una respuesta que no sabremos por el momento y que, al igual que las sospechas de James, quedan flotando en ese futuro incierto.

El presente de McGill no es menos esperanzador tras perder Sandpiper y gran parte de su reputación (al menos entre sus clientes adultos mayores), la oficina y cierto futuro prometedor junto a Kim (Rhea Seehorn), pero él no se desanima y ya empieza a poner el ojo en algún trabajito que lo saque adelante, al menos, hasta la resolución de la junta de abogados.

Todo cambia con una llamada de Howard (Patrick Fabian) y la noticia de la trágica muerte de Chuck (Michael McKean). Ahí comienza otro camino, el de la culpa, algo de lo que Jimmy parece tener toneladas guardadas.

¿Se acuerdan de esa última conversación entre hermanos? Todos sabemos cuál fue el verdadero detonante de la “recaída” del McGill más adulto, pero a diferencia del personaje, no podemos culpar a Jimmy por la mala onda de su hermano. Igual, el golpe es fuertísimo y esa misma culpa parece paralizarlo. Esta es una reseña sin spoilers, así que la cosa se queda acá, pero claro que hay un giro en esta trama importantísima, uno que va a marcar el rumbo de esta vida llena de atajos, tan fáciles como complicados para el futuro abogado de Walter White.      

Llevamos tres temporadas atestiguando esta relación tan tóxica. Comportamientos que fueron forjando a Jimmy desde chiquito, pero que parecen haber impactado mucho más en ese adulto que siempre estuvo a la sombra de los hitos de su hermano mayor, incluso, después de muerto.

Pero dejemos a Jimmy de lado y concentrémonos en esos personajes que, de alguna manera, conectan mejor (y llenan los espacios) con “Breaking Bad”, algo que no debería importar, pero que está ahí porque: A) el público lo pide. Y B) nos ayuda a entender un montón de decisiones futuras y el contexto de muchos personajes secundarios que se cruzaron en el camino de Heisenberg.

Igual, “Better Call Saul” hace las cosas de otra manera y sigue manteniendo la calidad y el interés sin necesidad de apoyarse en su serie hermana. Digamos que son complementarias, y ambas pueden subsistir sin la otra.

Acá estamos, sabiendo cómo terminó el rudo Hector Salamanca (Mark Margolis) postrado y derrotado (a medias) en una silla de ruedas. Cómo Gustavo 'Gus' Fring (Giancarlo Esposito) fue subiendo en la escala hasta convertirse en el lord de la droga de Albuquerque, y cómo esa larga enemistad territorial terminó saldando cuentas en una explosiva habitación de hospital varios años después.  

Todo empieza a cerrarse sobre sí mismo, pero también se ven las miserias y los peligros que, por ejemplo, le tocan atravesar a Nacho Varga (Michael Mando), alguien cuyos intereses son muy diferentes, pero no se da cuenta de que sus acciones pueden ocasionar un conflicto más grande para todos los involucrados.

BCS no se convirtió solamente en una precuela sobre Saul Goodman. Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) también juega un papel fundamental y todos estamos esperando ese momento en donde confluyen todos los planetas. Por lo pronto, el ex oficial de policía decide abandonar su trabajo en la casilla del estacionamiento y aceptar el encargo de convertirse en el nuevo “consultor de seguridad” para Madrigal Electromotive, la empresa ‘tapadera’ y ‘lavadora’ que supo tener a Lydia Rodarte-Quayle (Laura Fraser) como su cara más visible durante la serie hermana.

Este es el camino de Mike, el que lo lleva a convertirse en el “guardaespaldas” de Gus y detective privado ocasional para Saul. El hombre que hace ‘lo que debe hacer’ para mantener segura a su familia, y el protagonista de una de las mejores secuencias de “Smoke”, con esa impasibilidad y maestría que lo caracteriza. Hablamos tanto del personaje como su intérprete, y nos seguimos preguntando como es que este buen hombre no tenga una repisa cargada de Emmys. Spoiler alert: NO los tiene. Lo mismo que Odenkirk o Seehorn, una injusticia que alguien debería rectificar antes de que sea demasiado tarde.

Desde la primera temporada sabemos que “Better Cal Saul” no tiene la misma ‘espectacularidad’ que “Breaking Bad” y eso, si se quiere, la convierte en un producto más refinado y pulido. Vince Gilligan y Peter Gould no se apartaron demasiado del universo que supieron crear, pero lo encararon desde otro ángulo y otros tópicos muchísimo más humanos que el de un profesor de química devenido en el rey de la metanfetamina azul. Y a pesar de que genera más contrastes, espanta un poco a los premios.