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Analisis | Sacando magia de la galera

RETROINSPECCIÓN: A Hat in Time

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Por: Maximiliano Baldo

Hay juegos que se nos pasaron por alto, pero hoy les mostramos uno que tienen que jugar

La nostalgia suele ser un arma de doble filo. La promesa de experiencias gamer que nos hagan revivir nuestros mejores recuerdos videojueguiles de tiempos pasados es moneda corriente a la hora de promocionar ciertos títulos modernos, desde remakes hasta producciones totalmente nuevas. Tan sólo la mención de un nombre del pasado es suficiente para desviar miradas y captar la atención del público; algo que seguramente sabía EA cuando anunció el regreso de Battlefront, Sega con su Shenmue 3 (y las remasterizaciones de Shenmue 1 y 2) y hasta ex integrantes de Rare con su anuncio y eventual desarrollo de Yooka-Laylee, juego que prometía traer de regreso la diversión que Banjo-Kazooie había generado en su momento.

El problema de muchas de estas llamadas a la nostalgia es que suelen olvidar lo que realmente había hecho bueno al producto original, más allá de su nombre. No hace falta recordar todos los martirios que el nuevo Battlefront y su secuela tuvieron en los últimos años, y si bien ese camaleón y su compañera murciélago lograron recapturar parte de la magia de antaño, está claro que la reacción del público no fue tan alta como se esperaba.

Es entonces que, hacia finales del año pasado, un juego que venía con una carga de varios años en desarrollo tras una buena campaña en Kickstarter finalmente fue lanzado; y fue tan tarde que no llegó a formar parte de las listas de los mejores juegos del año. Una verdadera pena, ya que si acaso existe un juego capaz de traer de vuelta la emoción y diversión de tiempos pasados, ese juego definitivamente es A Hat in Time. Qué mejor título, pues, para dar el puntapié inicial a esta nueva sección en la que echamos un vistazo al pasado para darle una oportunidad a muchos juegos que se nos pasaron por alto en su momento. Bienvenidos a nuestra primera Retroinspección.

A Hat in Time es la ópera prima de Gears for Breakfast, estudio que lanzó la campaña de financiación el 29 de Mayo de 2013. Su modesta suma de $30.000 fue alcanzada en 24 horas, sorprendiendo a los desarrolladores. Era evidente que su propuesta había sido un golpe certero a la nostalgia; pero ahora dependía de ellos llevar a cabo lo prometido con el presupuesto que iba en aumento, alcanzando la considerable cifra total de casi $300.000 dolarucos aportados por poco más de 9.000 entusiastas jugadores. Debieron pasar cuatro años y un par de versiones Beta exclusivas para Backers, pero finalmente todo el mundo pudo disfrutar de esta inusual aventura plataformera en tercera persona; y tan pronto uno comenzaba la partida tenía la firme noción de estar ante una experiencia de juego original por derecho propio.

Esta es la historia de una joven muchachita simplemente conocida como “Hat Kid” (La Niña del Sombrero), una adorable alienígena que viaja por el cosmos en su colorida nave espacial utilizando el poder del Tiempo como combustible. Hete aquí que, al pasar por la órbita de un planeta, uno de sus habitantes se acerca para cobrar peaje. La niña se niega y, en represalia, este integrante de la Mafia de Cocineros destruye la ventana de la nave, forzando a que todos los relojes de arena que retienen el Tiempo necesario para hacer funcionar el vehículo espacial sean succionados al espacio, terminando por car en distintos puntos del globo… Hat Kid incluída.

Si acaso todo lo dicho en el párrafo anterior les parece increíblemente ridículo, acertaron. He allí una de las cartas ganadoras de este juego: deja de lado todo tipo de lógica para ofrecernos una historia absurda pero altamente entretenida. Todo en este juego está recubierto por una capa de dulzura e ingenuidad juvenil de tal forma que uno se siente culpable de hacer cualquier tipo de queja al respecto de ciertas falencias menores en diseños y narrativa. ¿Cómo hizo ese mafioso para llegar a la nave en el espacio? ¿Por qué la nave usa Tiempo como combustible? ¿Por qué motivo una niña anda sola por la galaxia en una nave espacial? No importa el motivo, sólo sus consecuencias. El juego nos está diciendo desde el vamos que se nos presentarán toda clase de situaciones estrafalarias, todas ellas destinadas a servir de mera excusa para la misión actual, ninguna necesariamente coherente en el Todo del argumento. Es el mismo estilo, si se quiere, que la gran mayoría de los juegos de Mario: la Princesa es apenas una excusa para que vivamos la aventura que nos separa del final del juego. Lo que importa no es el destino, sino el viaje hasta el mismo.

El viaje en cuestión nos hará visitar un puñado de localidades de variados diseños y temáticas específicas, muchas de ellas enormes mapas para explorar a gusto y descubrir sus secretos. Estos niveles suelen ser reutilizados con leves modificaciones para adaptarse a la misión actual; algo similar a lo que veíamos en otros grandes clásicos del pasado (Super Mario 64, Banjo-Kazooie). Cada mundo a visitar presenta segmentos únicos, originales. Todo el primer capítulo transcurre en una isla controlada por la ya mencionada “Mafia de los Cocineros”, una pandilla de matones bastante inofensivos; el segundo capítulo es una puja entre dos directores rivales en una serie de niveles basados en estudios de filmación y películas, incluyendo misterios de asesinato y desfiles por una ciudad en la luna; el tercer capítulo es una oda a los escenarios de espantos, con uno de los mejores antagonistas de todo el juego y, además, un nivel que genera sorpresivos niveles de terror (¡La mansión de Vanessa!). Finalmente, un cuarto capítulo se centra en un único y enorme mapa que podemos recorrer con total libertad.

El caso es que cada nivel posee un elemento de originalidad que lo vuelve especial; incluso todo el primer capítulo en la isla de Mafia, pero especialmente durante el resto del juego. Nuestras aventuras por el mundo del cine nos harán descubrir a un asesino en un tren en movimiento, o recorrer los estudios Dead Bird en inesperadas secuencias de sigilo. En el temible bosque encantado hemos de quemar retratos para sosegar almas en pena, o conducir una moto de correo para entregarle cartas a ciertos NPCs. Pero nada de esto funcionaría de no ser por uno de los elementos más relevantes de este juego: el eximio sistema de control.

Controlar a Hat Kid por cada escenario es una absoluta delicia de perfección. Aquí los desarrolladores tomaron más páginas del libro del buen Mario y dotaron a su joven protagonista de saltos, saltos dobles, saltos desde paredes y barridas. A esto se suma el uso de sombreros y prendedores. Los primeros se obtienen al conseguir suficiente cantidad de ovillos de lana y le otorgan a Hat Kid habilidades especiales: correr a toda velocidad, convertirnos en una estatua de hielo que cae con fuerza, lanzar pócimas explosivas, descubrir secretos en los escenarios y hasta congelar el tiempo. Necesitaremos de estos poderes para acceder a ciertas zonas y abrir nuevos caminos, así como también para facilitarnos la navegación por los mapas. Los prendedores son habilidades adicionales y modificadores que alteran nuestro estilo de juego, desde el imprescindible gancho (digno de Link) para colgarnos de diversos objetos y columpiarnos por el aire hasta otras joyitas imperdibles, como un rayo que podemos lanzar desde nuestro paraguas o la posibilidad de reemplazar el poder de “correr” de uno de nuestros sombreros por hacer que Hat Kid maneje una motito vespa.

Cada nivel culmina con la obtención de una de las 40 “Time Pieces” (relojes de arena) perdidos, y necesitaremos una cierta cantidad de los mismos para acceder a los siguientes capítulos de la historia. Una parte de este total se ocultan en “Time Rifts”, sub-niveles escondidos en los niveles principales que nos ofrecen los mejores desafíos plataformeros para hacer gala de todas nuestras habilidades. Pese a todo, este es el único verdadero detrimento del juego, ya que se siente mucho más corto de lo que debería. Son apenas 40 relojes de arena y con 25 ya podemos acceder al último nivel. Afortunadamente el juego cuenta con una muy saludable comunidad de Modders que han añadido toneladas de contenido a esta adorable aventura, desde nuevos y divertidos sombreros y habilidades (¡está Cappy de Super Mario Odyssey!) hasta niveles totalmente nuevos.

El juego consigue crear un universo propio, original, destacable. Hace especial énfasis en añadir toneladas de pequeños detallitos en cada momento que puede, dejando al jugador en una constante sensación de sorpresa. Es imposible no esbozar una sonrisa al ver a Hat Kid jugar con un par de muñequitos si nos quedamos quietos por suficiente tiempo, o verla hacer un gesto de “pistola” con los dedos en las secuencias de sigilo, o escuchar a la simpática roomba de la nave quejarse cuando le encajamos un paraguazo. Gears for Breakfast entendió perfectamente que aquello que generó la sensación de nostalgia era la diversión y entretenimiento del juego, y por ese lado logró darnos un título colmado de ambos elementos, de principio a fin.

Lo único que pedimos ahora es una potencial secuela, preferentemente manteniendo el impecable nivel de carisma de este sorpresivo debut en la industria. Se sabe por lo visto en las Betas que hubo bastante material cortado para el juego final, ¡incluso una versión más adulta de Hat Kid!, de manera que posiblemente haya contenido para, al menos, considerar una nueva iteración. Por lo pronto, este primer juego ya puede ser considerado un clásico instantáneo y, quién te dice que no, un candidato a activar el sentido de la nostalgia en el futuro cercano.

Nos sacamos el sombrero, Gears for Breakfast.

 

 

LO MEJOR:

  • Es inexcusablemente adorable. Imposible no sonreír.
  • Gran sistema de control y habilidades. Excelentes secuencias plataformeras.
  • Sorpresas por todos lados. Cada nivel es único por derecho propio.
  • Activa comunidad de MODs.

LO PEOR:

  • Algunas voces podrían ser mejores.
  • ¡Es muy corto! ¡Queremos más A Hat in Time!

 

Entonces… ¿Vale la pena jugarlo hoy?

Totalmente. Si gustaron jugar Super Mario 64, Super Mario Sunshine, Banjo-Kazooie y otros por el estilo, definitivamente tienen que darle una oportunidad a A Hat in Time. Sus pequeñas falencias son fácilmente avasalladas por el enorme carisma de su mundo y sus personajes, y por lo bien que se siente controlar a Hat Kid a nivel gameplay. Es un título que se disfruta segundo a segundo y está constantemente aportando pequeñas sorpresas. De verdad, ojalá no sea la última vez que veamos a Hat Kid en acción.