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Analisis | En zona de descenso

ANÁLISIS: Danger Zone 2 (PC, PS4, Xbox One)

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Por: Guillermo Leoz

Lo que era un modo genial en Burnout no cumple como juego completo

Año 2018 y todavía nadie pudo igualar lo que los juegos de la saga Burnout lograron en el ámbito del género de carreras arcade. La adrenalina, la velocidad y la locura de esa franquicia no pudo ser replicada por títulos como Need For Speed o la saga Forza Horizon (la cual estuvo más cerca). Pero una de las razones del éxito de Burnout que muchas veces no se celebra tanto no fue el nitro, ni fueron los carteles de Paradise City, ni los saltos gigantes que podíamos hacer con nuestros coches. Resulta que había un pequeño modo de juego (que lamentablemente estuvo ausente en Paradise) llamado “Crash Mode”, es decir, modo choque. En este íbamos con nuestro auto a toda velocidad y tratábamos de provocar el mayor choque en cadena posible para acumular la mayor cantidad de dinero en daños ocasionados. Eran misiones de lo más ridículas pero que funcionaban como puzzles al ritmo de una hermosa sinfonía de destrucción. Danger Zone 2 busca recuperar la mística de ese modo añorado por la comunidad y transformarlo en su propio juego. Lamentablemente falla en el intento y es tan sólo una sombra de ese glorioso Crash Mode.

Danger Zone 2 es el tercer intento de la gente de Three Fields Entertainment de realizar un juego de este estilo: primero fue Dangerous Golf y luego el Danger Zone original. Básicamente proponían la misma fórmula pero ninguno fue del todo exitoso. Esta secuela parecía ser más ambiciosa y acercarse un poco más las intenciones del estudio y de la comunidad. Pero una de las principales falencias de Danger Zone 2 es que no tiene estilo, no tiene “onda” por así decirlo. Burnout siempre se trató de punk rock al palo, de una presentación espectacular, de tener un sello distintivo en cada pixel, en cada pista, en cada curva. Nada de eso está presente en este juego desde su insípido menú, su apático logo, unos textos ilegibles y bastante pequeños, la ausencia de música, un apartado visual que parece de anterior generación, unos modelos de autos repetitivos y poco inspirados y unos escenarios que se repiten demasiado. Danger Zone 2 no enamora a primera vista, no te atrapa con su estética ni presenta su contenido en un paquete atractivo. Pero este es el menor de sus problemas.

Porque si la jugabilidad fuera sensacional, si las pistas y las misiones fueran creativas, si hubiéramos visto una evolución notable en este estilo de juego, vaya y pase el tema de su presentación. La realidad nos coloca con un título que muestra toda su baraja y su abanico de posibilidades en su primera media hora de juego. Básicamente tenemos tres regiones con varias misiones dentro para que completemos y todas se desarrollan de una forma extremadamente similar. Estamos con un vehículo en particular, vamos por una autopista y debemos llegar a la “danger zone” en la que chocar al tráfico que tuvo la mala suerte de ponerse en nuestro camino. Ahí es donde tendremos la posibilidad de maniobrar en el aire a nuestro coche destrozado para tratar no sólo de dañar más autos, sino de agarrar monedas desparramadas por la pista y así mejorar nuestro puntaje/dinero. Además se nos van a ir dando objetivos para cumplir en el trayecto previo a la zona de peligro que puede ser, por ejemplo, eliminar a todos los taxis que se nos cruzan, saltar todas las rampas que aparezcan, mantener el nitro durante varios segundos, etc. Estos objetivos secundarios son fundamentales para conseguir el mejor puntaje posible y alcanzar las medallas de bronce, plata, oro y platino que cada misión entrega. Pero no hay más que eso, no hay más que buscar obtener la medalla más brillante; no hay sentido de progresión, no hay nada que desbloquear más allá de la próxima misión, no hay profundidad y no hay customización.

Es que en Burnout había algo más allá del puntaje y era descifrar el puzzle mismo que esa misión proponía. Eran un poco más intrincadas y complejas; en Danger Zone 2 es una autopista tras otra sin inspiración ni un diseño inteligente. No hay una fluidez natural en cómo llegamos a la zona de peligro ni en aquello que después ahí terminamos ejecutando. Para colmo incluso en aquellos Burnout de PS2, los escenarios eran más atractivos y variados. Chocar en ciudades de europa, en ciudades super transitadas o en áreas rurales de los Estados Unidos siempre era divertido y siempre nos hacía sentir como niños traviesos jugando de manera poco convencional a los autitos. Danger Zone 2 no sólo es extremadamente monótono, sino que nunca me dio esa sensación de diversión, de estar haciendo algo espectacular y único. Ni siquiera con lo mucho que se ha avanzado a nivel técnico en materia de físicas y de modelos de autos se ve un avance significativo con lo que fue el modelo de daños de Paradise. Los autos se controlan de una manera espantosa, como si fueran un coche de radiocontrol y es muy inconsistente qué sucede cuando chocamos contra tal o cual vehículo. Los choques no se sienten viscerales, ni llamativos; son ordinarios con toda la suerte.

Quizás mi propio fanatismo por la saga Burnout puso las expectativas en Danger Zone 2 más altas de lo que tendrían que haber estado. Pero incluso sin esperar demasiado del juego de Three Fields Entertainment estaríamos hablando de una gran decepción. Nada en este título está a la altura de su ADN ni de aquel gran Crash Mode. Todo este insulso paquete está disponible a un precio de $20 dólares, lo cual no es muy excesivo, pero que si lo comparamos con otros juegos que valen lo mismo o incluso menos, no queda muy bien parado. Danger Zone 2 es un accidente por el que ni vale la pena bajar la velocidad para ver qué pasó.

 

 

LO MEJOR

  • Las misiones con camiones
  • La primer media hora de juego

LO PEOR

  • Todo lo demás
  • Repetitivo, sin estilo, sin vida
  • Poca creatividad en las misiones