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Analisis | Rompan Todo

ANÁLISIS: Wreckfest (PC, PS4, Xbox One)

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Por: Guillermo Leoz

Tags: wreckfest
Uno de autos como los que ya no se hacen

Manejar es una de las actividades que más placer me genera. Incluso en situaciones de mucho tráfico es algo que disfruta profundamente. Estando solo y escuchando un podcast, en la ruta con buena música, teniendo charlas con un acompañante y comiendo algunas cosas en el camino. Realmente cada momento frente al volante es único. Pero en la vida real uno tiene que manejar con cuidado, siendo precavido, sin chocar a nadie, respetando las leyes de tránsito y yendo a la velocidad correspondiente. Todo lo contrario a lo que uno hace en Wreckfest, donde todas nuestras fantasías de estrellar autos unos contra otros, de romper paragolpes o colear en el barro para agarrar una curva, se vuelven realidad. Es una oda a la imprudencia donde el caos reina y donde ir rápido no siempre es la única opción para ganar; uno de esos juegos de carrera que parecían en el olvido pero que Bugbear Entertainment recupera en todo su esplendor.

Wreckfest no es un juego elegante; honestamente es todo lo contrario. No es un título cuya interfaz o presentación te vayan a enamorar o deslumbrar; de hecho es uno de los aspectos más criticables del juego. No da la impresión de que el equipo de desarrollo haya dedicado demasiados recursos a hacer un juego atractivo en ese aspecto, en intentar engañarnos con espejitos de colores o con artilugios que le dan a un juego mucha “onda” o estilo (como sucede con la saga Forza Horizon). Pero justamente Wreckfest demuestra más que ningún otro juego en su género que lo importante es la esencia, es tener corazón y no cuán lindo es el envoltorio. Porque cuando arrancamos el modo “carrera” (entre muchas comillas) no hay ni un mensaje, ni un contexto, ni una excusa por la cual vamos a ir saltando de evento en evento. No somos un piloto buscando fama, no hay red social falsa en la que busquemos ganar seguidores o escudería a la cual representar. Hay una lista de eventos, la completamos, vamos subiendo de ranking, destrabamos nuevos autos, compramos mejoras y así vamos viendo las distintas pistas, estilos de coche y locuras que nos propone Wreckfest. Arrancamos en competiciones más amateur y a medida que somos exitosos, se nos van destrabando nuevas categorías. Tan sencillo y clásico como eso.

Quizás con los recursos, el presupuesto y los mil y un estudios que publicadores como Electronic Arts o Ubisoft cuentan, podríamos tener un juego ideal que tenga las ideas y la jugabilidad de Wreckfest pero con todo la accesibilidad de títulos que tienen buen soporte, son llamativos y cuentan con buena infraestructura (en este caso, por ejemplo, las manos no se ven cuando pasamos a la cámara interna del auto). Pero creo que Bugbear fue astuto en hacer un juego muy enfocado, que sabe lo que quiere y que le da a una audiencia muy específica aquello que está pidiendo hace bastante. Brinda autos que se destruyen por completo, que se ensucian, desarman y prenden fuego de una forma hermosa. Pistas con barro, con tierra, casi offroad donde los coches se deslizan y van coleando constantemente sabiendo que en cualquier momento pueden ser abatidos por un rival. No importa cómo, la carrera hay que terminarla y eso es lo importante. Porque Wreckfest es un juego que desde su título propone ser agresivos, sucios; prácticamente está pidiéndonos que seamos un poco “trolls”. Si alguien nos está pasando, le tiramos el auto encima o lo chocamos en las ruedas de atrás para hacerlo girar. En otros juegos esto puede ser ofensivo o una infracción, en Wreckfest es lo que se supone que tenemos que hacer. Vemos un vehículo que quedó perpendicular y lo estrellamos sin dudarlo un segundo (y si termina volcando, mejor). Cada carrera se vuelve un caos total con neumáticos volando por todas partes cuando chocamos contra aquellos que están apilados al costado de la pista; todos los carteles se rompen y vemos pedazos de madera en cada curva e incluso rivales que ya fueron eliminados por completo quedan prendidos fuego en plena recta principal o fuera de recorrido. En ese aspecto es un juego único, con un nivel de desorden y de espectacularidad bastante cruda. No son autos volando de edificio en edificio, ni corriendo contra un tren o un avión; en cambio se trata de algo más bajado a tierra que igual nos ofrece momentos de película.

Los eventos en sí son bastante variados y por momentos hasta tienen una búsqueda pseudo humorística. Tenemos carreras tradicionales, en donde igual siempre los choques están a la orden del día; el famoso “destruction derby” donde hay que sobrevivir y tratar de eliminar a la mayor cantidad de oponentes; otros eventos en donde estamos arriba de cortadoras de pasto que son sumamente graciosos y hasta nos pueden causar un poco de impresión cuando vemos cuerpos apilados en la pista una vez que sus coches son eliminados; incluso hay cada tanto alguna carrera especial en la que, por ejemplo, somos una camioneta de tres ruedas y tenemos que sobrepasar a más de 20 colectivos escolares. A medida que vamos ascendiendo en el modo carrera, los eventos van a ir subiendo en escala y en magnitud: los primeros destruction derby son en cilindros llenos de barro pero luego empiezan a aparecer algunas arenas con rampas metálicas, más estructuras y tribunas. Por otro lado vamos a necesitar comprar nuevos autos para ser más competitivos o directamente destrabar nuevos eventos. Esto es algo que a veces no termina resultando del todo intuitivo, porque incluso desde el principio tendremos que gastar dinero en adquirir estos coches y quizás nadie nos avisó y nos gastamos todo lo acumulado en mejorar el auto que ya teníamos; entonces terminamos teniendo que rejugar eventos viejos para “farmear” la moneda del juego.

Pero nada de esto sería divertido si Wreckfest no tuviera un manejo, un control a la altura de las circunstancias. Si bien en un principio nos va a costar acostumbrarnos, una vez que lo hacemos nos encontramos con un juego que apuesta a que los autos se sientan contundentes, un poco más pesados de lo normal y con más tracción en la pista; maneja la física de una manera soberbia. Podrá parecer a simple vista un poco tosco, pero se trata más bien de saber cuándo frenar, cuándo colear y de recordar las enseñanzas que le dieron al Rayo McQueen en Cars 1 (“girar a la derecha, para ir a la izquierda”). Una vez que entramos en ese ritmo, vamos a poder apreciar la jugabilidad de Wreckfest que nos permite tunear por completo el manejo del auto y de customizarlo a nivel estético. Sin embargo hay una paradoja bastante irónica y se trata de que mientras mejor juguemos más aburrido se va a volver todo. ¿Qué significa esto? Que si tenemos un buen auto, aceleramos como corresponde y nos ponemos en la delantera rápidamente, la carrera se va a volver algo simple y pierde un poco la magia que puede ofrecer el juego. Es que si estamos peleando puesto por puesto, si estamos en la mitad de la grilla, vamos a estar chocando constantemente, escapando de ataques enemigos, planeando estrategias, viendo cómo vuela todo en el escenario, etc. Si bien hay algo del famoso “rubber banding” (ese efecto por el cual la máquina se nos acerca mucho más de lo que debe) el juego apuesta más por recompensarnos por manejar bien y haber llegado a la primera posición; al mismo tiempo si tenemos a un rival por delante nuestro, no va a ser sencillo alcanzarlo y no vamos a sobrepasarlo de manera milagrosa. Esto a veces puede generar un efecto en el que si no estamos en la delantera en cierto momento de la carrera, es mejor directamente reiniciar el evento (lo cual, por suerte, sucede de manera automática).

Varios de estos problemas se resuelven cuando vamos al modo multijugador. Wreckfest propone un sistema de servidores creados por la comunidad que resulta muy vieja escuela pero que funciona sorprendentemente bien. Cada server tiene sus propias reglas y sus propia customización de eventos, esto hace que fácilmente encontremos aquello que estamos buscando. Lamentablemente no todos los servidores están con los jugadores suficientes pero una vez que entramos a uno con un buen grupo de personas, la diversión está asegurada. Incluso jugando en partidas hosteadas en Estados Unidos (contaba con 200 de ping) no sufrí el famoso lag y podía controlar mi auto de manera más que correcta. El resultado son carreras mucho más emocionantes que cuando jugamos contra la inteligencia artificial, donde si estrellamos nuestro coche por completo, estamos afuera sin poder “respawnear”. Por supuesto que al jugar online estamos expuestos a personas que quizás no quieren competir de manera leal. No me refiero a chocar, porque eso es una mecánica propia e intrínseca del juego y que está aceptada en esa especie de contrato tácito que firmamos cuando nos ponemos a jugar Wreckfest. Me refiero en realidad a personas que se eligen topadoras gigantes o colectivos enormes sólo para ir en contramano y chocar a otros jugadores acabando con su diversión. Puedo aceptar perfectamente que alguien me choque de costado para sacarme de la pista, es parte del juego y es lo que hace único a Wreckfest, pero lo otro va a un paso más allá y atenta contra nuestra diversión.

Creo que es saludable para el género de carreras que juegos como Wreckfest existan. Necesitamos títulos que salgan un poco del template de mundo abierto que tantos pretenden imitar y que pocos pueden hacer bien o que incluso se salga del terreno de la simulación. Lo hecho por Bugbear propone un híbrido muy interesante y efectivo entre realismo, locura y destrucción total. Visualmente todo lo que tiene ver con la destrucción del auto, las físicas y lo que sea que vuele por la pista es sensacional aunque quizás baja mucho el grado de detalle en las gradas o en el resto del escenario. Podría tener una presentación aún mejor, un modo carrera mejor diagramado o un poco más de show alrededor, pero en cambio se concentra en ejecutar muy bien una faceta específica y que su público es la que más valora. Además su precio de $45 dólares es bastante acorde al contenido que ofrece y a la experiencia que brinda, quizás si hubiera sido “full price” estaríamos hablando de otra historia. Si extrañaban los Destruction Derby, Wreckfest seguramente sea ese juego que estaban esperando hace años.

LO MEJOR

  • La destrucción de los autos
  • Los eventos especiales
  • El caos de cada carrera

LO PEOR

  • Los "trolls" en el multijugador
  • El grindeo en el modo carrera