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Analisis | Torpeza Artificial

ANÁLISIS: Tau (2018)

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Por: Jessica Blady

Tags: NetflixTau
Volvé Westworld, te perdonamos.

Federico D'Alessandro, más acostumbrado a trabajar detrás de las cámaras como diseñador de producción en muchas de las aventuras del MCU y blockbusters afines, hace su debut como director de la mano de Netflix… y lo único que se le nota es esa buena mano para los escenarios grandilocuentes.

El realizador se mete en el terreno del thriller de ciencia ficción y las inteligencias artificiales, con un pie en el relato de terror y otro en los debates “filosóficos” que estos entes conscientes traen aparejados. Claro que se ve a la legua su falta de experiencia, un presupuesto muy acotado y el fallido guión de Noga Landau, sumando una nueva historia clase “B” al catálogo de producciones originales del sistema de streaming.

Ojo, hay películas clase B maravillosas, aunque no es el caso de “Tau” (2018), un bodrio que cae en todos los lugares comunes del género y nos retrotrae a lo peor del cine de la década del ochenta (léase, berreta). Nos podemos bancar las malas actuaciones, los efectos especiales de cuarta, pero no una historia que deja tantos agujeros argumentales y, encima, trata de tocar nuestra fibra sensible con actitudes de manual.   

Julia (Maika Monroe) vive precariamente gracias al dinero que consigue de los objetos que roba tras su paso por los clubes nocturnos. No parece tener amigos ni familia, por eso nadie la extraña cuando, una noche, es secuestrada de su departamento. La chica despierta amordazada y prisionera en una celda oscura, quien sabe dónde. Pronto descubre que allí hay otras dos personas, y que los tres han sido sometidos a extraños experimentos sensoriales gracias a un implante en la parte de atrás de sus cabezas.       

Convertida en el “sujeto 3”, Julia atraviesa todo tipo de torturas, pero en un descuido de su captor logra destruir la celda y el laboratorio subterráneo, y escapar junto con sus compañeros, lástima que no consiguen pasar más allá de la puerta de entrada custodiada por Tau, una AI que controla la casa y a Aries, un robot que mata todo lo que se le pone enfrente.

Sin lugar donde experimentar, Alex (Ed Skrein) -genio tecnológico, dueño de la casa y sádico por naturaleza- debe reconstruir el laboratorio y recolectar todos los datos que pueda de la actividad neuronal de Julia a través de su implante. Para ello, la chica debe resolver una infinidad de rompecabezas y problemas varios bajo la atenta vigilancia de Tau, una inteligencia artificial consciente, pero restringida por su creador a la hora de aprender que hay más allá de las paredes de esta “fortaleza”.   

Así, cada vez que Alex se va y Julia se queda a solas con Tau, empiezan a intercambiar conocimientos: ella le explica cosas del mundo exterior, y la computadora empieza a empatizar, deslizando alguna que otra pista para poder escapar de este cautiverio.  

D'Alessandro gana en cuanto a ambientación (una casa futurista y minimalista) y algunos momentos de tensión dentro de este único escenario, metiéndonos de lleno en las experiencias de Julia y su cautiverio, aunque el clima que logra se desvanece tan rápido como nuestro interés por la trama.  

Julia, Alex, incluso Tau con la voz de Gary Oldman (¡GARY OLDMAN!), son arquetipos mal desarrollados. Entendemos que los realizadores se quieran concentrar en el aquí y ahora, los días de encierro de la chica, sus infructuosos planes para escaparse y la presión de él para crear una nueva tecnología en un plazo determinado, pero no nos cuentan mucho más y así se hace imposible logar conectarse con lo que pasa (y les pasa) en la pantalla.    

Ella es la víctima (la joven rubia en problemas) y él, el victimario (millonario que juega al científico loco). La IA, más un plot device que un protagonista, aunque por momentos haya algunos atisbos de querer contar una historia más profunda. En resumen, “Tau” cae en todos los clichés y la embarra con los peores efectos de la galaxia. No importa tanto saber dónde y cuándo está situado el argumento, pero su facilismo a la hora de resolver las situaciones desluce lo poco que logra en materia de suspenso.  

 

LO MEJOR:

- Se nota que D'Alessandro se esforzó con apuesta en escena.

- Descubrir que Gary Oldman tiene la voz tan chillona.

 

 

LO PEOR:

- Para algo tan genérico, si se hubiesen molestado.

- La coherencia del relato se desarma minuto a minuto.

- Esos efectos hacen doler los ojos.