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Analisis | Poderoso el chiquitín

ANÁLISIS: Wolfenstein II The New Colossus (NS)

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Por: Jeremias Curci

Panic Button se marca un port milagroso, fiel a la experiencia original

La consola híbrida de Nintendo viene teniendo meses fenomenales prácticamente desde que salió a la calle. En retrospectiva, la gran N ha sabido mantener su palabra: juegos propios a mansalva por un lado, y un fuerte soporte de terceros por el otro. Sin embargo, más allá de la enorme cantidad de juegos independientes y “AA” que salen al unísono con el resto de las consolas, algunos lanzamientos se le hacen esquivos: aquellos AAA de alto presupuesto y gran factura técnica.

En este sentido, uno de los pocos publishers que ha confiado en el hardware inferior de Nintendo Switch es Bethesda, que el año pasado delegó a Panic Button una tarea que parecía imposible: hacer andar el revival de Doom (el de 2016) en un chipset Tegra que está más para correr experiencias cercanas a PlayStation 3 o Xbox 360, que a una consola de esta generación. Con alguna que otra concesión estructural y por sobre todas las cosas, técnicas, Doom en Switch demostró que con algo de dedicación, los juegos corren y pueden ofrecer experiencias similares, sumando el valor agregado de la portabilidad.

Con Wolfenstein II: The New Colossus en Switch, Panic Button sienta un nuevo precedente cualitativo. La traslación de este verdadero “coloso” de los juegos de acción en primera persona deja muy pocas cosas en el camino: nos encontramos ante el mismo juego que sus contrapartidas “mayores”, y lo más importante de la cuestión, mantiene la identidad estética y jugable que supieron convertirlo en uno de los juegos más aclamados del año pasado. Habiendo jugado en su momento la versión de PlayStation 4 y Xbox One, puedo decir con certeza de que la sensación de recorrer los claustrofóbicos pasillos de los primeros niveles, o el impacto de llegar a Manhattan prevalece inalterada, al igual que el frenesí que caracteriza a la acción.

A buenas y primeras, las diferencias visuales saltan a la vista. Wolfenstein II: The New Colossus es un juego que sabe exigir al mango incluso a las computadoras más potentes, y en este sentido, es donde nos encontramos con los recortes. Texturas con muy poca resolución (en ocasiones, demasiado borrosas), jaggies en los contornos y otras aberraciones gráficas aparecen en escena, además de la diferencia en cuanto a la luz volumétrica y otras cuestiones inherentes a cómo el juego maneja las partículas, presentes en toda secuencia de acción.

Lo interesante del caso es que, según la propia gente de Panic Button, programaron específicamente para esta versión ciertos trucos que tienen que ver con esos aspectos: las explosiones, las partículas y la iluminación tan característica de Wolfenstein II: The New Colossus, fueron hechas a medida para esta versión reducida en calidad. El resultado no se acerca al juego en PS4 o PC, pero en el conjunto se ve muy espectacular y convincente. Esto es así porque aunque hay ciertos recortes técnicos, el juego es exactamente el mismo que en el resto de las versiones. Esto incluye el conteo de enemigos, los lugares donde están situados ciertos elementos, y (lo más increíble) la geometría de los escenarios. Sí: todos los niveles están presentes en toda su extensión, sin recortes ni nada parecido.

Hay pequeñas diferencias en ciertos segmentos, que están ahí para ahorrar un poco de procesamiento: en Manhattan hay una vista típica a través del río que desemboca a un barco encallado en una orilla, que en esta versión para Nintendo Switch está cubierta por una pared oxidada. También hay otros detalles menores como ventanas que dan a otras estructuras contiguas del nivel que aparecen cerradas, de nuevo con el espíritu de economizar. Puede que estos detalles resulten en una afrenta para los más quisquillosos, pero la realidad es que no molestan en lo absoluto, al contrario: el juego está tan preservado que pasan de largo.

Como decíamos, el port mantiene el frenesí del combate. En Wolfenstein II: The New Colossus no paramos de darle caña a los nazis invasores del territorio americano, y encargarnos de las fuerzas del eje sigue siendo tan placentero como siempre. Parte fundamental de la sensación frenética está ligada a la cantidad de cuadros por segundo. En consolas y PC, el juego se mueve a 60, pero en la versión de Switch, la cosa va a 30 cuadros por segundo, sin importar si es portátil o dockeado. El juego logra mantener una estabilidad loable en casi todos los segmentos.

Hay un par de casos muy puntuales en donde sufrimos ralentizaciones, en donde se combinan muchas luces complejas, partículas y cantidad de enemigos, más allá de la complejidad del escenario en sí. Al igual que en Doom en Switch, Wolfenstein II: The New Colossus maneja una función de resolución dinámica, la cual va cambiando de acuerdo a lo ocupado que esté el procesador en determinados momentos del juego. En esos momentos que mencionaba donde hay mucha sobrecarga, también percibimos un notable detrimento en la calidad gráfica. Nunca algo muy horrible o injugable, pero sí lo suficientemente notorio, especialmente si jugamos con la Switch en el televisor.

Por lo demás, todo se encuentra en su lugar: para quienes no lo hayan jugado, la historia está ambientada en la década del 60, en una versión alternativa de los Estados Unidos que, luego de perder la Segunda Guerra, es ocupada por los nazis. Encarnamos a BJ Blazkowicz, que después de haber dado caña en el primer juego, es “revivido” por la resistencia, para desalojar a los ocupantes del suelo norteamericano. El relato mantiene la potencia, los momentos altos y BJ cala hondo como personaje, con el que conectamos enseguida. Volver a transitar Wolfenstein II: The New Colossus me entretuvo tanto como la primera vez, porque el juego en Switch da en las mismas teclas que en el resto de sus versiones.

Jugarlo portátil o en el dock será cuestión de cada quien, pero atención: cierto es que por cuestiones lógicas, Wolfenstein II: The New Colossus se ve más favorecido por la pequeña pantalla de la “tablet”. Sea como sea que deseemos jugarlo, estamos ante un hito técnico superador, que posiciona a Switch como un digno receptor de juegos de gran factura invitándonos a soñar con más juegos de este calibre, tal como lo planteó uno de los capos de Panic Button, al referirse a un juego grande todavía no anunciado. Dejando de lado la futurología, y si todavía no jugaron Wolfenstein II: The New Colossus, vayan corriendo a buscarlo: en Switch, sigue siendo uno de los mejores juegos de acción en primera persona, y de los más bonitos también. 

 


LO MEJOR

  • Uno de los grandes shooters, ahora para llevar
  • Zurrar nazis donde y cuando quieras
  • Maravilla tecnológica
  • Totalmente fiel al original

LO PEOR

  • Por momentos, la calidad baja muchísimo
  • Lo poco que dura la batería de Switch