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Analisis | Dungeon Mehster

ANÁLISIS: The Lost Child (PS4, PS Vita, Switch)

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Por: Sebastián Cigarreta

Junio fue un mes lento en cuanto a lanzamientos, pero los fans de El Shaddai deberían estar felices. The Lost Child continúa la narrativa con un cambio de género y Sebas te cuenta si vale la pena la inversión.

El Shaddai: Ascension of the Metatron fue un título de culto que salió el la prima de la generación pasada. Allá por el 2011 muchos recibimos la propuesta de acción en 3ra persona con cierta cautela, el apartado visual era llamativo y extravagante, pero lo más llamativo era el universo en el que estaba basado. La fuente de inspiración para todo esto era el Libro de Enoch, una escritura apócrifa que escribió el tatarabuelo de Noé, sí ESE Noé, y pertenece al culto judío. Más allá de la tibia acogida que recibió aquel juego, un nicho de fans supieron apreciarlo y quedaron pendientes por si había chances de seguir jugando dentro de ese contexto tan interesante. Por eso cuando Sawaki Takeyasu, la mente detrás de El Shaddai, consiguió comprar los derechos de su creación a UTV Ignition Games, todos los ojos se posaron en su próximo trabajo.

The Lost Child es la continuación de El Shaddai, comparte universo, lore y personajes, pero hasta ahí llegan las comparaciones. A la hora de jugar nos encontramos con un JRPG que se apoya en el género de las novelas visuales para afrontar la narrativa y toda la acción sucede dentro de los calabozos. La parte de acción toma todos los elementos de un dungeon crawler, adoptando el desplazamiento por cuadros, los encuentros activados en base a la cantidad de pasos dados y los atajos para facilitar salir y volver a entrar de estos escenarios. Existe esa facilidad porque los enemigos son duros, los ítems escasean tanto como el MP y a veces es más conveniente salir, reagruparse y volver que intentar hacer todo de un tirón.



El sistema de combate es divertido, tiene variedad y la complejidad necesaria para tenernos armado equipos y planteando estrategias. Los enemigos más duros van a requerir que evaluemos bien nuestras opciones, y terminarán en tragedia hasta que logremos dar con la la estrategia correcta. Se trata de un sistema de turnos clásico, como el que tantas veces vimos en Dragon Quest, pero con la adición del manejo de demonios y ángeles, claramente tomado de la saga Shin Megami Tensei. La diferencia principal con la saga de Atlus es que no tendremos diálogo alguno con estas criaturas, sino que nos limitaremos a capturarlas por la fuerza con un arma especial que utiliza el protagonista. Para potenciarla deberemos tener un ojo puesto en una barra que se completa a medida que atacamos, y entonces usarla en el momento adecuado. La contracara es que si no la usamos el medidor rebalsa y nos penaliza durante todo el combate y el próximo.

La parte de novela visual nos pide que participemos respondiendo preguntas, que a su vez nos darán alguno de los tres tipos de karma. Este sirve para subir de nivel nuestras criaturas y cada tipo tiene una función particular, que se corresponde con la alineación del destinatario. Así será conveniente usar karma rojo para demonios, porque tiene una relación de experiencia de 1 a 1, mientras que el resto es de solo la mitad. Con los ángeles pasa al revés, y así con el resto de las abominaciones que encontraremos. Esto nos puede dar una ventaja inusual, de la misma manera que perjudicarnos si no estamos prestando atención a la narrativa. En sí no hay respuestas incorrectas, pero dependiendo del equipo que estemos fortaleciendo serán más o menos útiles. La narrativa es interesante, las intervenciones de Lucifel juegan con el meta de la aventura y serán los personajes los que nos llevarán hasta el final de la aventura. Todo el sistema de combate tiene sentido, pero recae sobre el un peso demasiado grande como para poder mantenerse erguido hasta la conclusión del juego, porque el resto de la propuesta raya la mediocridad.



El apartado visual y sonoro es netamente mediocre, no hay con qué darle. De la misma manera que nos brinda ejemplos de arte en alta definición nos bombardea con dibujos pixelados que, sinceramente, pertenecen a dos generaciones atrás o al menos a una producción de bajo presupuesto. Los escenarios dibujados son lindos, pero no destacan y cuando nos encontramos en los calabozos las cosas bajan aún más del estándar de calidad para un juego de 50 dólares. Texturas básicas, modelos rústicos y un motor que parece ser de uso gratuito son los intermediarios entre el jugador y la aventura, y si bien cumple con su cometido me parece injustificable por el precio que demandan del consumidor.

La música está bien, y por momentos destaca, pero los efectos de sonido dejan mucho que desear. ¿Cómo es que llega a venderse un juego cuyos efectos saturan? Ese refrito que podría haberse quitado con una simple edición de audio permanece combate tras combate, recordándonos que The Lost Child no está a la altura del rango de precio elegido. Por otro lado el voice acting es digno, sin llegar a sobresalir pero tampoco perjudicando al desarrollo en general. Como siempre las voces originales tienen otra expresividad y un mejor color acorde a lo que sucede, pero para aquellos que prefieran se pueden cambiar en cualquier momento.



El resto de la propuesta es interesante, pero porque mantiene personajes, cameos y un argumento que resulta entretenido. Aquellos que no hayan jugado El Shaddai van a tenerla aún más difícil, y es algo casi irremediable porque no está disponible en esta generación de consolas, ni siquiera a través de distribución digital en PS3. Sawaki Takeyasu dotó a su nuevo juego con mecánicas interesantes, aunque no del todo innovadoras, como la posibilidad de intercambiar habilidades entre demonios y un laberinto opcional donde combatimos contra equipos de otros jugadores online. Este nos otorga los mejores equipamientos, que se pueden fusionar y mejorar entre sí, añadiendo una buena capa de complejidad a la fórmula, pero siempre requiriendo persistencia, paciencia y tolerancia por parte del jugador. Quizás el único rayo de luz que aporta The Lost Child es el balance entre riesgo y recompensa a la hora de abrir cofres, que necesita de las habilidades innatas de las criaturas capturadas y representa un minigame en sí, pero se vuelve viejo bastante rápido.



The Lost Child es un juego bueno porque resulta interesante en cuanto a historia y su sistema de combate cumple siempre. Pero todo el resto de la propuesta se queda a medio camino, los valores de producción son bajísimos, el apartado técnico está descuidado tanto en lo sonoro como en lo visual y el ritmo de juego es lento. A veces se vuelve tedioso para avanzar, con las constantes interrupciones de la historia, otras parece una serie de combates sin sentido. Es difícil recomendarlo, porque se ata a un género que pide a gritos que lo dejen evolucionar y en este caso el estudio desarrollador hace más de lo mismo. Claro que evolucionar no es necesariamente una tarea de Crim, o su ausencia responsabilidad de NIS América, pero sí se echa de menos cuando hablamos de una IP interesante que podría haberse destacado. Así como está es un juego para fánaticos, ya sea de El Shaddai (por su historia) o de los dungeon crawlers más cuadrados del género.



LO MEJOR

  •  La narrativa y los personajes
  • El uso del universo El Shaddai
  • El sistema de combate
  • La influencia del karma en el desarrollo

LO PEOR

  • El apartado técnico subpar
  • El sonido es mediocre
  • Es demasiado caro
  • Se vuelve tedioso