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Analisis | Filmame esto, Néstor

ANÁLISIS: GLOW S02E01: Viking Funeral

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Por: Jessica Blady

Tags: NetflixGlow
Volvieron las luchadoras, volvió la alegría... y esta genial avanzada feminista.

La primera temporada de “GLOW” resume a la perfección el panorama televisivo que se vive por estos días: un poco de nostalgia ochentosa, una gran historia de fondo centrada en personajes femeninos, mucha sororidad y temas coyunturales que se pueden seguir discutiendo una vez que apagamos la tele. Todo esto en un gran marco humorístico, pero no por ello menos relevante. Lo genial de la sitcom creada por Carly Mensch es su visión moderna, ya que estas mujeres se examinan bajo la lupa del siglo XXI, y no la misoginia y el machismo extremo de la década del ochenta que, acá, ponen patas para arriba las Gorgeous Ladies of Wrestling.

Mensch no invierte completamente los roles porque trata de representar una época pero, desde el vamos, nos para desde otro ángulo para entender y empatizar con las circunstancias de cada una de estas protagonistas, que se pueden relacionar con muchas de nuestras propias experiencias.

Esta segunda entrega arranca con “Viking Funeral” (un poco spoileante el titulito), marcando el excitante regreso al trabajo de las chicas después de la aprobación del piloto, y un pequeño hiato, antes de comenzar a grabar la serie, propiamente dicha. Los nervios están a flor de piel, de un lado y del otro, ya que parece ser un gran riesgo para la pequeña cadena de TV que produce el show, y para el mismísimo Sam Sylvia (Marc Maron), director muy poco acostumbrado a este ritmo de filmación.

Por ahí van a venir los primeros conflictos, siempre de la mano de la impulsiva Ruth Wilder (Alison Brie), actriz que intenta sumar su granito de arena con las mejores intenciones, y termina chocando con las negativas y el machismo del entorno. En el mundo que les toca vivir, la opinión de la mujer no tiene mucha cabida, pero ella se las ingenia para deslizar sus aportes, al igual que el resto de las chicas.

Estos pequeños detalles, que en principio sólo vemos nosotros, terminan amenazando la masculinidad de hombres como Sylvia o el ex marido de Debbie Eagan (Betty Gilpin); y aunque son ellos los que parecen tener el poder absoluto, la idea de “GLOW” (y de sus protagonistas) es, justamente, empezar a demostrar este cambio de paradigma.

Sam no parece muy entusiasmado con su nuevo trabajo, bah, nunca lo estuvo, y ahora la responsabilidad le cae encima como un balde de agua fría. No tiene conexión con las luchadoras y no pretende tenerla, de ahí que Ruth haya asumido el papel de “Alma Reville” (esposa de Alfred Hitchcock), como la mujer que impulsa a que el hombre se “más grande en lo que hace”. Lo que Wilder no se atreve a decir, y todos nosotros pensamos, es que Sylvia es un inútil y ella es la única que mantiene elevada la moral de un grupo que, de por sí, venía bastante desmoralizado.

Ahora las cosas son distintas, ahora tienen el show de TV, pero esto no las convierte en estrellas, sino más bien en mercancías para el canal. ¿Ven los conflictos a la vuelta de la esquina? Las chicas no tienen muchas opciones, y los “ejecutivos” se agarran de esto, pero Debbie sabe que tiene algunas ventajas y va a tratar de sacar su propio provecho.    

Por otro lado, el grupo debe asumir la partida de Chery Bang (Sydelle Noel), que fue reemplazada por Yolanda (Shakira Barrera), una stripper que se cruzó en el camino de Sam y ahora tiene que asumir la “identidad” de JunkChain. Para levantar los ánimos, Ruth planea un paseo por el shopping con la intención de grabar una secuencia de títulos para el show, una travesía que le va a traer más problemas que satisfacciones.  

“Viking Funeral” arranca de lleno con estas cuestiones, y el acercamiento entre Ruth y Debbie, tratando de dejar de lado su rencilla e intentar reconstruir (o rescatar) la amistad que tenían, en lo posible (¿too son?); siempre en el marco de esa búsqueda de igualdad y sororidad que enarbola el show, en este caso, bajo la dirección de Lynn Shelton, que hace un gran trabajo con este puntapié de temporada.

Los ochenta siguen a full desde la estética, la banda sonora y el contexto sociopolítico; así como el amateurismo de estas mujeres y la producción de GLOW, demostrando que lo más importante es ponerle garra y corazón, sin abandonar la identidad y las convicciones, aunque el entorno empuje para el otro lado.