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Analisis | El fin justifica los medios

ANÁLISIS: Sicario 2: Soldado (Sicario: Day of the Soldado, 2018)

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Por: Jessica Blady

Tags: Sicario
Acá, todos son enemigos de los Estados Unidos.

Hay dos maneras de ver “Sicario 2: Soldado” (Sicario: Day of the Soldado, 2018). Por un lado, como una gran película de acción, un drama criminal que, suponemos, refleja desde la ficción una realidad bastante turbia y desgarradora en medio (y alrededores) de la frontera entre Estados Unidos y México. Por el otro, podemos indignarnos, ya que en sus primeros minutos y para sentar los conflictos de la historia, no tiene ningún pudor en señalar a los malos –mexicanos (traficantes), musulmanes (terroristas), somalíes (piratas)- como los peores seres del universo. ¿Ven el patrón?     

Ocupado con un montón de proyectos, Denis Villeneuve (“Blade Runner 2019”) se hace a un costado para cederle la secuela a Stefano Sollima, un realizador bastante embebido de este tipo de historias violentas ya que tuvo a su cargo “Suburra” (2015) y “Gomorra” (2014-2016), la serie que retoma los hechos de la película homónima.

Taylor Sheridan vuelve a hacerse cargo del guión, y aunque tenemos el regreso de la mayoría del elenco original (Benicio del Toro, Josh Brolin, Jeffrey Donovan), estaba bastante claro que Emily Blunt no iba a ser de la partida. Así, “Sicario 2”, se retrotrae a un universo, casi, es su totalidad masculino, reforzando esta idea inicial de que este no es lugar para estómagos y consciencias blanditas.  

Esta continuación le calza perfecto a una administración tan “racista” como la de Donald Trump, un gobierno cuyos fines justifican todos los medios, aunque no terminamos de entender si la película de Sollima hace un mea culpa al respecto, o sigue la corriente con sus métodos extremos y torturas “fuera de cámara”. De ahí, esa indignación inicial que, desde el arranque, nos muestra a un grupo de mexicanos queriendo atravesar la frontera de forma clandestina. Como si el problemita de la inmigración no fuera suficiente, entre los hombres, mujeres y niños desesperados por esacapr de la miseria, se esconde un terrorista musulmán que, al no poder llegar a destino, se inmola ante los oficiales que intentan arrestarlo.   

Los carteles mexicanos encontraron un nuevo negocio: contrabandear terroristas desde su país a través de la frontera para que hagan de las suyas en suelo norteamericano. Tras un ataque feroz en Arizona, James Riley (Matthew Modine), secretario de defensa, contacta a Matt Graver (Brolin) para que se haga cargo del asunto. Esta vez, la CIA no necesita permiso (ni apoyo) del FBI y tiene vía libre para tomar las medidas que sean necesarias.

Matt recurre a su viejo compañero Alejandro Gillick (del Toro) con la intención de generar una guerra entre carteles rivales, arrancando por secuestrar a Isabela Reyes (Isabela Moner), la hija de uno de estos lores de la droga. Una misión que le toca un poco más de cerca al ex abogado devenido en sicario, ya que hablamos de las mismas personas que acabaron con la vida de su familia.  

La operación se sale de control por culpa de la intervención del corrupto gobierno mexicano (¡!) y mientras los muchachos de la CIA se quedan atrás, Gillick decide cortarse solo para asegurar, aunque sea, el bienestar de la jovencita.  

Sollima ya no cuenta con la cámara prodigiosa de Roger Deakins, pero tiene en Dariusz Wolski (colaborador habitual de Ridley Scott) a un gran aliado cuando se trata de mantener la misma estética visual de la primera película. Lo mismo ocurre con la perturbadora banda sonora de Hildur Guðnadóttir, que acá viene a reemplazar al recientemente fallecido Jóhann Jóhannsson.

El realizador se interna en el país latinoamericano como si se tratara de una zona de guerra (bah, para ellos lo es), creando un relato cargado de tensión que no se toma muchos respiros cuando se trata de mantener la acción y la violencia en continuado. En ese aspecto, “Sicario 2” es una gran representante del género que, hasta obliga a apartar la mirada en más de una ocasión a aquellos que son un poquito impresionables, pero también destila cierta ideología con la que no podemos estar 100% de acuerdo.

Sheridan no hace demasiado esfuerzo a la hora de juzgar las acciones norteamericanas. Personajes como Graver parecen robots inmutables que ponen el bienestar de su país y bla, bla, bla, por encima de la propia moral y la ética, que debería regir cuando se trata de estas acciones.

Sabemos que, en el fondo, los hechos son más reales de lo que queremos imaginar (tampoco somos tan ingenuos), pero no hay una equivalencia muy justa que digamos, a la hora de retratar a los que están de un bando y del otro. Al fin y al cabo, muchas de sus acciones los ponen al mismo nivel, y esa es la crítica y el análisis que le falta a una franquicia como esta.

Este tipo de “reflexión” es lo que le estaría faltando a “Sicario” para convertirse en una gran saga. O sea, porque no se dejan de mirar el ombligo y se ocupan de sus propios problemas de violencia interna antes de culpar a los de afuera. Igual, “Soldado” es una secuela digna, aunque se queda un poco más atrás en cuanto a su predecesora, justamente, porque se concentra en la acción y el artificio – Sollima le da rienda suelta a la violencia en suelo mexicano-, mucho más que en los problemas de fondo o la psique de los personajes.

Las soluciones que da son bastante desesperanzadoras y ese final que nos queda (¿con miras a la tercera parte?), desbalancea un poquito las cosas. Sí, los personajes tienen su “redención”, pero parece una decisión apresurada del guión para darle cierto desenlace “feliz” a esta historia.   

 

LO MEJOR:

- La estética visual que mantiene unida a la franquicia.

- La banda sonora se te clava en los tímpanos.

- Se puede proyectar una saga exitosa sin superhéroes, robots o dinosaurios.

 

LO PEOR:

- La ideología que destila.  

- Que decide combatir violencia con más violencia, sin mostrar otras soluciones.