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Editoriales | Homo sensorium

Sense8: el adiós a una de las series más significativas

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Sense8
Detrás de la acción desbordante de la serie de Netflix se esconde un alegato por la diversidad

Hubiese sido muy injusto dejar a Sense8 en el punto en que culminó la segunda temporada. Pero eso es lo que habría pasado si los fans no hubiesen pujado lo suficiente como para que Netflix recapacitara y permitiera el rodaje de un episodio final especial. De esta forma, Lana Wachowski y J. Michael Straczynki cerraron en dos horas y media una historia pensada para cinco temporadas. El resultado por momentos es incoherente, pero no podemos negar que se nota todo el amor que le pusieron para dejar contentos a sus fans. El destino que le tocó a la serie es agridulce. Probablemente no merezca un final tan apresurado, pero justamente, que los fans hayan conseguido que se le diera un cierre es también una victoria y una muestra de lo importante que era para muchos.

En sus únicas dos temporadas, Sense8 cautivó a muchos con su acción disparatada y su subtrama de conspiraciones y crimen. Los personajes se hacen querer muy fácilmente, son carismáticos y audaces, y tienen conflictos mucho más humanos que en la mayoría de las series de ciencia ficción. Sin embargo, aunque muchas series tienen personajes con los que podemos empatizar tanto, pocas han ido tan lejos en materia de diversidad cultural, sexual, étnica, religiosa y de género.

Estrenada en 2015, Sense8 nos presenta a ocho individuos: Will (Brian J. Smith), Capheus (Aml Ameen), Lito (Miguel Ángel Silvestre), Wolfgang (Max Riemelt), Riley (Tuppence Middleton), Sun (Bae Doona), Nomi (Jamie Clayton) y Kala (Tina Desai). Al principio son totales desconocidos los unos para los otros, pero pronto irán descubriendo que tienen una conexión psicoemocional que los convierte en parte de una especie de humanos evolucionados, los homo sensorium. Lo que sigue después es la lucha del grupo contra una organización que los quiere extinguir, a la vez que cada uno de ellos lucha contra sus propios problemas personales. Como muchas historias de la vida real, Sense8 basa su premisa en el miedo a la persecución, al prejuicio y a no poder ser uno mismo. En todo este embrollo de los sensate perseguidos, la serie encuentra una metáfora de la lucha diría que viven muchas minorías para no ser juzgadas e invisibilizadas por la sociedad en que vivimos.

De todas formas, en lo personal, creo que el mayor logro de Sense8 es que presenta ocho protagonistas de orígenes muy distintos sin caer en ningún prejuicio y sin dejar que solo una cualidad defina a cada uno de ellos. Es cierto que de Sun, solo por ser coreana, esperamos los mejores despliegues de artes marciales y que no es casualidad que Kala sea la única que tenga conflictos con la monogamia, justamente porque vive en la India. Aun así, la serie va tirando abajo estos estereotipos y las cualidades propias de cada uno se van desdibujando. Al final de la serie, cada uno de los protagonistas aprenden muchísimo de sus diferencias y terminan viviendo en una comunidad que tiene a la empatía como máxima regla.

Hay que destacar a Nomi como personaje también por ser una victoria en temas de representación trans. Contratar a una actriz trans como Jamie Clayton para encarnar al personaje no es algo nuevo, recientemente Ryan Murphy (American Horror Story) contrató actrices trans para Pose, su nueva ficción para FX. Con todo lo dicho, Sense8 tiene puntos a favor por encima de cualquier serie simplemente por no hacer foco especial en la sexualidad de Nomi. No descuida la temática tampoco, ya que uno de los conflictos personales del personaje es que su familia no acepta que sea una chica trans, pero ese rasgo no la define. La trama de Sense8 no se centra en su transexualidad, no la menciona todo el tiempo y mucho menos la juzga, sino que la humaniza, la hace sentir creíble y la aborda como un elemento más de su vida como persona.

Se puede decir mucho más sobre Sense8, pero quise aprovechar estas líneas solo para explicar por qué esta producción de Netflix fue tan significativa para tanta gente. El final dividió un poco las aguas, porque aunque la mayoría lo amó y obtuvo muy buenas críticas, no faltaron aquellos que lo encontraron demasiado sensiblero y muy poco concreto en lo que respecta a trasfondo y cierre de la trama principal. Es cierto que la primera temporada buscaba más excusas para la acción explosiva, pero me atrevo a decir que la serie le dio en el clavo recién en la segunda, cuando se tiró de lleno a abordar los conflictos personales de sus personajes. Hizo del sexo su lenguaje y abrazó el estilo videoclipero por completo. Al final, obtuvimos una historia que nos enseñó a no juzgar y enarboló la bandera de la diversidad, porque lo que unía a sus personajes era eso, ser diferentes. Series de acción hay muchas, pero Sense8 fue todo un hito televisivo.