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Editoriales | La otra E3

E3 2018: La Fiesta de la Exclusión

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Por: Victor Gueller

Tags: E3 2018
No todo brilla en la Ciudad de las Estrellas.

Los Angeles es una ciudad en la que la abundancia es la norma. Abunda la belleza, muchas veces plástica, mayormente superficial. Abundan las sonrisas, al punto de resultar inverosímiles. Abunda la marihuana, que tras la reciente legalización fluye sin estigmas. Y también abundan los homeless, hombres y mujeres caídos en desgracia cuya subsistencia depende casi exclusivamente de la generosidad ajena.

Algunos homeless hablan solos, en un tono inaudible, mientras que otros vociferan al viento sus pronósticos apocalípticos; la gran mayoría, sin embargo, descansa en las esquinas, con la mirada baja, acompañados por un cartel que solicita ayuda o -en algunos casos- por un perro cuya misión es despertar la compasión o la simpatía de los circunstanciales caminantes.

Los Angeles es una ciudad maravillosa para quien puede costear su ritmo de vida exagerado, dantesco, rimbombante, aunque supongo no debe ser el lugar más acogedor para quienes no pueden acceder siquiera a un techo. Hay una complicidad en el derroche, una alegría mancomunada que puede verse en los bares, en las playas y en las recurrentes escenas de seducción callejera, pero también hay una invisibilización notable de ese otro lado de la sociedad que muchos preferirían que desaparezca.

La E3 no difiere demasiado de la ciudad que la acoge. Recorriendo sus infinitos pasillos es habitual cruzarse con expresiones de fingido entusiasmo, con expectativas desmedidas, con promotoras y promotores que sonríen, conversan y buscan atraer la mayor cantidad de público a sus respectivos ranchos. Con la mente entumecida, podría tratarse del paraíso para quien, como yo, ha encontrado algo parecido a la felicidad en los videojuegos. Sin embargo, hay otras cosas detrás de su atractiva fachada, aspectos que sentí en esta edición más que en ninguna otra, detalles que empañan el evento más grande de la industria.

Me atrevo a decir que gran parte del éxito de la E3 descansa en la exclusión. Para que la Fiesta sea completa es necesario que miles de personas asistan y desborden sus pabellones cargando gigantescas bolsas con recuerdos, diarios y souvenirs de los stands de las compañías más renombradas. Pero más importante que aquellos miles de asistentes, son los millones de potenciales consumidores que se ven obligados a ver el evento desde afuera, que siguen los vaivenes de los anuncios como si se tratase del Mundial de fútbol, o del final de temporada de Game of Thrones, o del último romance de Sol Pérez. Según una estimación sumamente arbitraria, detrás de cada individuo acreditado en la E3, hay varias decenas de miles que quisieran estarlo pero no lo están. Y todos ellos no tienen más alternativa que confiar en los pareceres y las opiniones de quienes sí atravesaron los molestos cacheos de seguridad previos al ingreso al Convention Center. La ñata contra el vidrio.

Si yo fuera el responsable del área de comunicación de una de las empresas que animan la E3, reuniría a mi equipo en el piso superior de un gran edificio céntrico de Los Angeles. Les ofrecería café y canapés ilimitados. Los felicitaría por el trabajo realizado hasta el momento, quizás hasta intentaría motivarlos con un eventual incremento salarial. Una vez ganada su atención, les resumiría brevemente su objetivo inmediato: “Amigos, durante las próximas 72 horas deben asegurarse que la prensa de todo el mundo esté feliz. Si la prensa está feliz, transmitirán exponencialmente esa felicidad a su público. Y como el público también querrá ser feliz, probablemente compren nuestros jueguitos”. Con el mensaje ya emitido, y para cerrar el encuentro, iríamos todos juntos a tomar aperitivos multicolores a la terraza de algún hotel de moda. Qué calvo gerente se están perdiendo, estimados corporativos.

Tomemos el caso de Cyberpunk 2077. Considerando lo visto hasta el momento y el intachable currículum del estudio CD Projekt Red, todo indica que será uno de los juegos más destacados de su tiempo. Aquellos medios que concertaron una cita privada para ver los últimos avances del desarrollo se llevaron como recuerdo una figura de acción realmente lograda, la cual se convirtió instantáneamente en el objeto más deseado de la E3. Como era de suponerse, un puñado de inescrupulosos ya la están ofreciendo en sitios de venta online a cambio de varios cientos de dólares. Cyberpunk probablemente sea un juego extraordinario, todo intento por querer obtener el beneplácito de la prensa debería ser innecesario, redundante. Y sin embargo…

No sé, siento que ofrecer un regalo semejante a cambio de una oportunidad que ya de por sí es atrayente suena tan ridículo como que luego de una improbable noche de amor compartido, Scarlett Johansson me susurre en el oído algo así como “Gracias por fijarte en mí”.

Me sentí incómodo en esta E3. Al tratarse de un viaje autofinanciado, no podía dejar de pensar que cada minuto que pasaba allí dentro (que no fueron tantos) era un minuto que podría estar pasando en la playa, en los barrios, en las jugueterías, en los bares, o incluso en la simpática red de transporte público de Los Angeles. Dentro de la E3 era apenas un pequeñísimo engranaje de una maquinaria multimillonaria, fuera de ella tenía la posibilidad de volver a ser humano.

Durante mi estadía angelina los días comenzaban a las 4 de la mañana, dado que jamás logré habituarme al horario californiano. Tal como sucede en Buenos Aires, el despertar traía consigo las inevitables ansias de nicotina, por lo que me veía obligado a abandonar las fronteras del hostel para que aquel humo asesino que tanto quiero y que tanto odio invada mis pulmones. Por lo general, solía haber un par de homeless durmiendo en la vereda, quienes al sentirse atraídos por el inconfundible aroma del tabaco se acercaban tímidamente a pedirme un cigarrillo. Fumaba con ellos, intentando comunicarme con las lógicas limitaciones de mi oxidado inglés. Su agradecimiento se traducía en palabras y en gestos excesivos, evidentemente no están acostumbrados a que les presten demasiada atención. Salvando las distancias, quizás ese sentimiento sea similar al que experimentaron muchos de los que recibieron la figura de acción de Cyberpunk 2077.