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Analisis | No sos vos, soy yo

ANÁLISIS: Westworld S02E09: Vanishing Point (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: hboWestworld
Se acerca el final de temporada y estamos más perdidos que Teddy el Día de los Enamorados.

“Podés sacar a William de Westwold, pero no podés sacar a Westworld de William”. Algo así vendría a resumir gran parte de lo acontecido en “Vanishing Point”, noveno episodio de la temporada que nos deja a orillas de un final bastante impredecible. Impredecible porque no tenemos la menor idea para qué lado se va a inclinar la balanza cuando humanos y anfitriones confluyan en el Valle más Allá, la Puerta, la Forja (forge) o como más les guste llamar a esa Cuna 2.0 que almacena los perfiles de todos los visitantes que alguna vez se asomaron por el parque y ahora forman parte de ese proyecto de “inmortalidad” que tanto persiguen los directivos de Delos.   

¿Qué significa esto para unos y para otros? Sabemos que William quiere acabar con todo; que para Dolores es un arma para ser utilizada en contra de los humanos represores; mientras que para los guerreros de la Ghost Nation (y muchos de los host) es una puerta hacia un nuevo mundo o, como diría el fantasmita de Ford, el origen de toda una nueva especie.  

De la mano de Stephen Williams, quien ya había dirigido “Trace Decay” en la primera temporada, “Westworld” sigue por el lado emocional, demostrando que los seres de carne y hueso son de los peores depredadores de este escenario. Si bien “Vanishing Point” no está a la altura de “Kiksuya” y, en retrospectiva, deja gustito a poco para ser el anteúltimo capítulo de la temporada, igual se esfuerza para crear grandes momentos definitorios e ir cerrando algunos interrogantes.

Después de los acontecimientos de la primera temporada, William/El Hombre de Negro ya no parece tener ese peso específico dentro de la historia general, más bien, se convirtió en un personaje secundario que juega su propio juego (aunque entrelazado con el de los demás) y debe cerrar su narrativa, esa que comenzó el día que puso un pie en el parque y empezó a descubrir su verdadera naturaleza.       

Ya habíamos tenido indicios de su vida personal y la tensa relación familiar que llevó a su esposa Juliet (Sela Ward) al suicidio. Los realizadores retomaron esas pequeñas frases de la primera entrega y nos mostraron todos los pormenores, básicamente, como esa oscuridad latente lo fue destruyendo todo, al mismo tiempo que se apoderaba de la compañía. William asegura haber hecho buena letra en el mundo real, mientras levantaba un muro para proteger a sus seres queridos del ‘personaje’ que desataba en los escenarios de Westworld. Pero su esposa (y su hija Grace) pudieron ver más allá, al verdadero protagonista que nunca abandonó el parque ni aquella desilusión/obsesión que sufrió con Dolores.    

Ahora, en el presente, Grace sólo pretende la “confesión” de su padre, entender, con sus propias palabras, como la historia de su familia llegó a semejante desenlace. Un momento muy Walter White que, en su hora más oscura, acepta lo mucho que disfrutó ser Heisenberg. Pero “Westworld” no es “Breaking Bad”, y William no es un profesor de química devenido en lord de la metanfetamina. Es un hombre que ya no distingue el juego de la realidad y su propia “locura” (desconfianza) lo empuja a cometer uno de los actos más atroces.

¿Y ahora? ¿Realmente mató a su hija? Sabemos que Ford es capaz de llegar hasta las últimas consecuencias, pero “Vanishing Point” habla específicamente sobre las decisiones de que toman los personajes cuando logran liberarse de sus condicionamientos (ya vamos a llegar a Bernard y Teddy). De ahí que le achacamos todas las culpas al Hombre de Negro, y habrá que ver cómo se las ingenia para redimirse.  

Sí, nos dejan picando esos indicios de que William podría ser un anfitrión, pero como lo vemos desde su propia perspectiva, cuesta confiar en una mente que, en este punto, está bastante trastornada.  

Mientras Billy acomoda (o desacomoda) sus asuntos, Dolores sigue determinada a llegar al Valle para utilizar los datos de los visitantes a su favor. ¿Cómo? Quien sabe, pero no va a dejar que nada ni nadie se interponga en su camino. De ahí, la orden de masacrar a los guerreros de la Ghost Nation y, en general, la actitud combativa de esta temporada que la colocó de lleno en el papel de villano extremo, no muy diferente de los humanos que trata de batallar.

No nos queda otra que conformarnos con esta decisión narrativa, pero se entiende cuando nos muestran los contrastes o escenas como la de Teddy, que finalmente alcanza el grado de consciencia y decide cortar por lo sano al descubrir el camino fallido por el que está transitando junto a su amada.  

Llámenlo código o naturaleza, pero al igual que Maeve, Teddy no puede escapar de esos “sentimientos” (reales o implantados) que fue arrastrando desde el día de su creación. En su caso, ser el eterno enamorado de la hija del ranchero, ese caballero de brillante armadura dispuesto a salvarla o morir en el intento. Claro que al ver que ya no puede rescatarla de sus propias acciones y de convertirse en aquello que decidió odiar, sólo le queda una salida, sumando otro momento agridulce a esta temporada. Punto para los robotitos, aunque nos gustaría que Dolores tenga un cambio de actitud tras este tremendo sacrificio.  

Otro que se cansó de tener intrusos en su cabeza es Bernard. Entendemos que todavía faltan llenar algunos huecos en su narrativa, pero al menos ya sabemos (o creemos saber) que lo que pasa de ahora en más es decisión propia y no la usurpación de la consciencia de Ford. Un Ford que reniega bastante de su propia especie y hasta lo impulsa a matar a Elsie, cosa que propensa esta “desconexión”. La chica podrá putear todo lo que quiere, pero no sabe que se salvó de una muerte casi segura.   

Pero quedémonos con lo que pasó en Mesa Hub, por un lado una Clementine “adquiriendo” los poderes de Maeve para comunicarse con otros anfitriones y pasarles sus directivas, en este caso, guiada por Hale (te odiamos) para lograr que se maten los unos a los otros. Charlotte ya demostró que no siente absolutamente nada por estos seres artificiales y una vez que alcance su cometido, podrá deshacerse de la madama. Ni te atrevas.

“Vanishing Point” concentró gran parte de su argumento en la relación entre padres e hijas. En el otro extremo culpógeno de William y Grace tenemos a Ford y Maeve, y otro de esos instantes donde se nos mete una basurita en el ojo. El personaje de Anthony Hopkins siempre se lució con sus soliloquios, y aunque se puede poner medio, acá da en el clavo hablando con su criatura favorita. Si nos quedaban dudas del momento en que Millay decidió dejar atrás la narrativa del doctor y seguir su propio camino consciente, esta “charla” lo deja bien en claro: la madama tomó sus propias decisiones empujada por el recuerdo y el cariño hacia su hija y, creemos, no está dispuesta a rendirse tan fácilmente más allá de la tortura que está atravesando.   

Este noveno episodio no es tan consistente como hubiéramos querido, pero sus puntos más fuertes sobresalen por encima de los más flojitos, dejando un camino bastante incierto hacia el final de la temporada. No estamos seguros de qué respuestas necesitamos, pero confiamos en que Lisa Joy y Jonathan Nolan harán lo posible para cerrar la mayoría de los interrogantes y dejar alguna puertita entreabierta para el futuro.

Lo mejor de esta temporada es que más allá de la espectacularidad y la violencia desatada, sus puntos más altos no estuvieron en el artificio de la ciencia ficción que plantea el show, sino en la humanidad de sus personajes, los humanos y, sobre todo, los que no lo son; permitiéndonos decidir (una vez más) dónde queremos pararnos, a sabiendas que los buenos no son tan buenos, ni los malos tan malos, solo que “en este mundo es fácil malinterpretar las intenciones”.