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Editoriales | La E3 que le gusta a la gente

Mi primera E3: Día 5

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Por: Guillermo Leoz

Tags: E3 2018
¿Vale o no la pena pagar casi el precio de una consola por venir a este evento?

En este diario de la E3 ya la hemos analizado casi de todos los ángulos posibles: periodístico, entusiasta, cómo se prepara la ciudad misma para un evento así, las conferencias, el centro de convenciones mismo, etc. Pero en este día me quiero centrar en el público en general; en cómo el asistente promedio vive un show en plena transición a ser un celebración íntegramente abierta al consumidor y no sólo a la prensa. Hoy traté de observar en el centro mismo de convenciones si el o la fanática del mundo de los videojuegos estaba disfrutando de la E3, habiendo pagado entradas similares al precio de una consola. Porque en mi caso vino a trabajar y cuento con acreditación, también con citas para probar juegos, hablar con desarrolladores, empaparme de todo lo que se vendrá en la industria de acá a un largo tiempo y a tener un acceso privilegiado del detrás de escena del gaming… pero el ciudadano común y corriente que no cuenta con ese tipo de beneficios ¿realmente siente que su dinero valió la pena o piensa que lo estafaron?

Si bien no puedo meterme en la cabeza de cada ser humano en la E3, a simple vista uno podría decir que el entusiasmo es genuino y que mal no la están pasando. Cada día hacen largas filas para poder entrar lo más pronto posible a probar su juego favorito y luego siguen haciendo colas incluso más largas en cada stand. Quizás les termina llevando tres horas probar, por ejemplo, Resident Evil 2, pero nadie salía quejándose de ese tiempo “perdido”. Es que parece haber un contrato implícito firmado entre ambas partes en el que la gente entiende que va a tener que esperar muchísimo y tener mucha paciencia para una demo de 10 minutos. Es como cuando vas a un parque de diversiones en una época concurrida: sabés que vas a esperar muchos minutos para después una corta ráfaga de diversión. Pero quizás estas filas se vuelven soportables por la buena onda misma que le pone el público. Cada persona que veo haciendo cola está charlando con alguien, jugando con una portátil o con el celular y si te quedás escuchando sus conversaciones te das cuenta que, en muchos casos, no se conocían de antes y recién ahí están teniendo unas primeras charlas. Lo que sucede es que hay un aire de hermandad muy grande en una evento así, que nos une a todas las personas bajo una misma bandera.

Principalmente lo que siento en cada asistente es una sensación de comodidad y tranquilidad. Si bien los videojuegos ya no son una pasión, hobby o entretenimiento mal visto o extremadamente criticado, sí quizás las personas que lo disfruten todavía se siente un poco recluidas, en especial aquellas de mayor edad. Uno puede ver que hombres y mujeres en la E3 se desenvuelven con una naturalidad y con una libertad mucho mayor a lo que probablemente lo hagan en otros ámbitos; esta celebración de los videojuegos les da confianza para ser ellos mismos, para no rendirle cuentas a nadie. Entonces no ves más que sonrisas, selfies con personajes de juegos, con gente haciendo cosplay, con decoraciones de los stands, etc. Nadie está amargado, nadie te trata con mala onda; sabemos que estamos todos para lo mismo y nos respetamos y ayudamos lo más posible.

Por supuesto que si se lo analiza en frío, 300 dólares no sé si justifican poder probar pocos juegos o tener que hacer filas muy extensas. Pero sí siento que la experiencia general, el llevarse recuerdos gratuitos, el poder jugar juegos antes de que salgan y, sobre todo, el conocer gente de todo el mundo que disfruta lo mismo que vos, probablemente es algo que no tenga precio. Porque sí, la E3 cambió y probablemente nunca vuelva a ser lo que era; y en lo personal y a nivel periodístico quizás no caí en el mejor momento o en aquel que me permita desarrollar mi trabajo con la mayor comodidad posible, pero me cuesta no celebrar la democratización de un evento del que siempre quise formar parte y que ahora, pago por medio, le abre la puerta a toda aquella persona que esté dispuesta a hacer el esfuerzo. La industria de los videojuegos sufre de un secretismo extremo que muchas veces le es contraproducente. Por lo tanto que la cita más grande en la industria sea más pluralista y receptiva, es una buena noticia.