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Analisis | Si somos una familia muy normal

ANÁLISIS: Los Increíbles 2 (Incredibles 2, 2018)

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Por: Jessica Blady

Los Parr están de regreso con más conflictos y súper acción.

Por alguna razón, la película de Pixar que más pedía secuela a gritos, se tardó casi quince años en llegar a la pantalla. Antes tuvimos continuaciones de “Cars” (2006), “Monsters Inc.” (2001) y hasta “Buscando a Nemo” (Finding Nemos, 2003), pero los Parr se hicieron desear, incluso, en una época donde los superhéroes invaden cada uno de los medios.

¿Será por este motivo que Brad Bird se tomó su tiempo? El realizador vuelve a hacerse cargo de la historia -y al mundo de la animación tras su paso por el live action con “Misión: Imposible - Protocolo Fantasma” (Mission: Impossible - Ghost Protocol, 2011) y “Tomorrowland” (2015)-, para retomar la aventura justo, justo donde la dejó, con la familia de supers a punto de enfrentar al Underminer (John Ratzenberger), ¿se acuerdan? Un comienzo a pura acción sin respiro que tiene poco de heroico, mucho de destrucción y la desaprobación de las autoridades que todavía mantienen proscriptos a estos justicieros.

Al parecer los desmadres de Syndrome no causaron ningún efecto a la hora de levantar la prohibición, pero al ciudadano común se lo ve contento cuando atestigua a sus héroes favoritos en acción.

Por ahí viene la cosa con “Los Increíbles 2” (Incredibles 2, 2018): intentar volver al ruedo y a la legalidad, manteniendo el equilibrio de la vida doméstica y la estabilidad familiar. Algo que, a simple vista, parece facilísimo, pero en realidad no lo es.

Los Parr vuelven a estar un poco desamparados, sin hogar y sin la “protección” de Rick Dicker, aquel agente del gobierno encargado de supervisar el programa de reubicación de superhéroes. Él ya no los puede ayudar, y es ahí donde entran en juego Evelyn (Catherine Keener) y Winston Deavor (Bob Odenkirk), dos hermanos entusiastas que cuentan con el dinero y la tecnología para que estos seres del bien vuelvan a ser aceptados.

Los Deavor tienen sus propias razones y, de alguna manera, intentan perpetuar el sueño de su padre, un gran amigo y defensor de los enmascarados. La idea: demostrarle al mundo la necesidad de que los superhéroes nos den una manito, pero para convencerlos el enfoque va a ser diferente.  

Winston quiere que Mr. Incredible (Craig T. Nelson), Elastigirl (Holly Hunter) y Frozone (Samuel L. Jackson) sean las caras visibles de esta redención, con la superheroína a la cabeza, ya que es la que menos destrozos ocasionó en el pasado. Esta distinción crea varios conflictos inmediatos: por un lado con Bob que se siente disminuido, y por el otro, con ella misma, que debe lidiar con su doble necesidad de cuidar a su familia y disfrutar del momento y de la adrenalina que corre por su cuerpo cuando sale a salvar el día.     

Helen decide aceptar el reto y ahí es cuando empiezan los verdaderos problemas. Un poco a regañadientes, papá Bob se queda en casa con los chicos, lidiando con los deberes de Dash, los cambios de humor adolescentes de Violet y un bebé que empieza a demostrar una serie de habilidades imposibles de prever y manejar. No, Bob Parr no es el primer “amo de casa” en la historia del séptimo arte, pero lo de él excede el clásico enunciado de “tareas domésticas”.    

Mientras tanto, y ocultando su sentimiento de culpa por “abandonar” a su familia, Elastigirl sale a la cancha con la intensión de combatir el crimen, no de manera muy diferente a como Bob y Lucius lo hacían en la primera película. Claro que acá cuenta con la tecnología avanzada de Evelyn, que poco le sirve a la hora de enfrentar a un nuevo enemigo –Screenslaver (Rapta-pantallas)- que intenta frustrar sus planes y desatar el caos.

Así, “Los Increíbles 2” vuelve a triunfar en lo que mejor le sale: combinar la acción, la aventura y la trama comiquera, con las complicaciones de la vida familiar que, a pesar de estar plagada de superpoderes, no puede escapar de la cotidianeidad, la rutina y los pequeños conflictos del día a día. La comunicación entre padres e hijos, la maternidad, las relaciones de pareja, los resentimientos, la inacción, Bird pone todos estos asuntos sobre la mesa y nos hace reír a carcajadas y reflexionar en partes iguales.   

Si bien, en la primera entrega los Parr ya pasaron por algunas de estas situaciones, acá se nota que no llegaron a ningún “consenso” en cómo manejarse como familia superheroica en el mundo exterior. Los sentimientos están, pero falta un poquito de comunicación, nada que no veamos en cualquier otra dramedia con personajes de carne y hueso.

Lo bueno de “Los Increíbles” es que puede llevar todas estas cuestiones al extremo y salir airosa, entretener a los más chicos con su historia, su parafernalia y unos efectos especiales que son la envidia del MCU y DCEU juntos; además de llegar a los más grandes, que no pueden dejar de verse representados en algún que otro punto.

Bird ya era un adelantado en esto de empoderar a sus protagonistas femeninas animadas. Acá, no tiene necesidad de resaltarlo, simplemente deja que Helen acepte que este es su momento para brillar, a pesar de los sentimientos encontrados que le produce “abandonar” a sus hijos, o mejor dicho, dejarlos al cuidado de un papá “inexperto” en esto de las tareas hogareñas. En este aspecto, “Los Increíbles 2” es un gran #soltar para ambos personajes que deben aprender a confiar en el otro, sus fortalezas y debilidades.   

Se veía venir que Jack-Jack se iba a robar la película, por eso no apostamos en su contra. El pequeño Parr es el protagonista de algunos de los momentos más hilarantes de esta historia: una mezcla de ternura, caos y cuestiones de bebé que se complican cuando tu pibe puede lanzar rayos por los ojos, entre otras muchísimas cosas.

Esta secuela no pretende ser innovadora desde su narrativa (al fin y al cabo, es una peli para los más chicos, ¿no?). Como su antecesora, se atañe a la estructura más clásica del género superheroico para poder reformularlo desde adentro, y jugar con los cambios de roles. Le apuesta todo a la acción desenfrenada, el humor como hilo conductor y la dramedia doméstica que pone a estos seres “superiores” a la altura de cualquier humano cualunque que debe atravesar por las mismas disyuntivas.   

La fórmula se repite, sí, pero también crece y evoluciona. “Los Increíbles 2” tal vez haya perdido la ‘novedad’, pero es una dignísima continuación que se posa bien firme sobre la construcción de sus personajes.  

La banda de sonido de Michael Giacchino sigue siendo impecable y mantiene ese espíritu retro futurista que caracteriza a la obra de Bird. Edna Mode vuelve a robar cámara cada vez que aparece (asegúrense de conseguir una copia con subtítulos), y un comentario aparte se merece “Bao” (2018), el cortito de Domee Shi que acompaña este estreno.

Sí, tuvimos que esperar 14 años para la secuela de las aventuras de la familia Parr, pero en este contexto cinematográfico donde los superhéroes copan las salas y los récords de taquilla, la historia de Brad Bird se sigue destacando porque nos ofrece un punto de vista más humano (más allá de que son personajes animados) para estos justicieros con capa. Perdón Edna, NADA DE CAPAS.   

 

LO MEJOR:

- Bird da cátedra de cómo hacer una peli de superhéroes.

- El despliegue visual es increíble (no pun intended).

- Los personajes siguen siendo el fundamento de la historia.

 

LO PEOR:

- ¿Habrá que esperar otros 14 años para la continuación?

- A esta historia le falta más Edna.