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Editoriales | Ahora sí

Mi primera E3: Día 4

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Por: Guillermo Leoz

Tags: E3 2018
Esta historia recién empieza...

La verdadera E3 comenzó hoy. Quizás no para el público que la ve desde su casa pero sí para quienes estamos trabajando desde el lugar de los hechos. Porque “la gente” se va a quedar con quién ganó el evento con tal o cual conferencia, con ese anuncio sorpresa o esa filtración confirmada. Pero ahora es donde empieza la actividad más intensa para aquellos que tenemos el privilegio de estar acá. Este año me toca vivir en carne propia este lado B de la E3, no tan glamoroso, pero sí mucho más jugoso en lo periodístico. Escuché cientos de veces hablar sobre las famosas citas que los medias tienen con empresas para probar títulos a puertas cerradas. Siempre vi desde afuera, con la ñata contra el vidrio cómo colegas hablaban de salas de reunión en las cuales poder contarle al mundo antes que nadie qué onda el nuevo juego de Ubisoft, Activision, Square Enix, etc. Hoy puedo decir que experimenté toda esa aventura en carne propia y sobreviví para contarlo.

Todo arrancó llegando casi más temprano que nadie al centro de convenciones. Debía estar entre los quince primeros de la entrada principal, la ansiedad me estaba matando. Luego de varias horas de espera, abren las puertas y todo fue una mezcla de locura, felicidad, emoción y caos. Tuve la piel de gallina durante todas estas primeras horas; finalmente estaba en los pasillos que siempre quise estar. Lo primero fue ir corriendo al booth de Nintendo, que esta vez (lamentablemente para mí) no tenía una temática única o de pseudo atracción de parque de diversiones como tantas veces me contaron. Más bien optaron por varias estaciones con todos juegos. No es una decepción, pero sí me quedé con las ganas de ver toda su creatividad al servicio del espectáculo de la E3. Luego de probar Super Smash Ultimate (y ganar mi pelea), continuamos la recorrida.

Cada stand por el que pasábamos tenía una sorpresa o un as bajo la manga. Por ejemplo Capcom, que parecía que llegaba silbando bajito a esta E3, se destapó con una Racoon City donde se puede jugar la remake de Resident Evil 2 y también un sector dedicado a Megaman 11 y el legado de ese personaje. Bethesda tiró la casa por la ventana con Fallout, Rage 2 y hasta una estatua de Doom Eternal. Todo con mucha ambientación, volviendo a esa sensación de parque temático, de experiencias que van más allá del juego. Esto tiene que ver con cómo E3 ya por segunda vez es un show abierto al público y eso ha provocado que, según me cuenta gente que viene desde hace muchos año, los stands hayan cambiado. Ahora todo tiene su tienda donde comprar merchandising, la ambientación se eleva para aunque sea darle a la gente algo para ver mientras espera para jugar diez minutos a un juego (como sucede con Shadow Of The Tomb Raider).

El color, el show, la extravaganza, el cosplay, la locura y las largas filas están a la orden del día en los pabellones de la E3. Pero cuando subís un piso, todo cambia. De repente te metés en otro mundo con cero parafernalia, pero donde se cocina el verdadero guiso de este evento. Allí se encuentran las salas de reuniones donde, luego de haber conseguido citas, podemos probar juegos con mucho más detenimiento, tranquilidad y paciencia que el resto del público que no hace trabajo de prensa. Llegar y tener la posibilidad de jugar largo y tendido a juegos como el próximo Assassin’s Creed, The Division 2 y muchos más, hicieron que finalmente entendiera cómo se cubre un evento así desde nuestro rol de periodista. Porque las conferencias las podemos analizar de muchas maneras, incluso desde afuera viéndola por stream a veces podemos hacer una evaluación más apropiada. En cambio estando acá, el diferencial uno lo puede hacer transmitiendo cómo se siente un título antes de su salida, qué está bien, qué está mal, cuáles son las mecánicas que tienen más potencial, etc. También es un momento donde uno tiene que tener el sentido arácnido/periodístico más alerta que nunca. Porque las demos que se suelen armar para la prensa, tienden a estar bastante diagramadas y a mostrarte justo aquello que tu cerebro quiere ver y que tu corazón quiere celebrar. Sin embargo me encontré con la sorpresa de que en varios de los juegos que hoy probamos tuvimos bastante libertad para testearlos y poder tener una opinión formada mucho más justa y auténtica.

Luego de varias de estas reuniones, tocó aquello que me habían ya avisado que sucedía en E3 y es el hecho de caminar de un lado al otro, yendo de cita en cita y a veces teniendo que ir a otros lugares que no son el centro mismo de convenciones. Así pasé toda una tarde yendo de los pabellones de la E3 al teatro de Microsoft donde experimenté otro tipo de acceso anticipado a un juego. Porque después de varias demos “hands on” (es decir, con el control en mi mano), pasé a demostraciones jugadas por los equipos de desarrollo. En estas presentaciones se ve el juego y en general alguien del estudio está explicando sus mecánicas, sus sensaciones e intenciones. En general se termina escuchando un cassette bastante recitado, pero eso no deja de ser interesante, sobre todo porque uno puede preguntarles detalles luego de la explicación de la demo para despejar algunas dudas. También es una linda sensación cuando son equipos más chicos que están orgullosos de su juego y con ganas de mostrárselo a todo el mundo. Se genera un clima más apropiado a un evento como GDC que a la locura que es E3.

Evidentemente uno no toma la dimensión de la cantidad de trabajo que hay para hacer en un evento así hasta que lo experimenta de primera mano. Se puede hacer de todo: recorrer cada stand, probar todos los juegos que haya, ir a entrevistas a puertas cerradas, demos guiadas, otras donde podemos jugar nosotros, luego ir al show floor y probar experiencias de realidad virtual, nuevos periféricos, juegos experimentales, y un largo etcétera. Todo eso luego hay que comunicarlo de la manera más efectiva posible al público, a la gente que confía en el criterio de uno para ver si entusiasmarse o no, para desear estar ahí o para aspirar algún día a meterse en esta profesión. Es mucho más trabajo del que se cree, pero es el más hermoso del mundo.