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Analisis | Mujer separada busca

ANÁLISIS: American Woman S01E01: Liberation

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Por: Jessica Blady

Alicia Silverstone en plan ama de casa desesperada.

Vamos a aclarar los tantos: nos encantan las historias que empoderan a las mujeres, las que no hacen distinción entre sexos, las que se ocupan de los problemas coyunturales; las que nos permiten identificarnos, aunque su contexto sea muy diferente. La tele (y los sistemas on demand) se plagaron de grandes productos que priorizan estos puntos –“The Handmaid’s Tale”, “GLOW”, “Killing Eve”, incluso “Westworld”-, pero no nos copa cuando la exageración y el ridículo (no intencionado) se cuelan en el medio.

“American Woman” tiene buenas intenciones y un relato de época bastante interesante para contar, pero las sobreactuaciones de sus protagonistas y la banalidad del entorno, de entrada, deslucen una serie que podría ser mucho más.

La creación de John Riggi (“Will & Grace”, “30 Rock”), atenti con este dato, está inspirada en la niñez de la mediática Kyle Richards, una de las protagonistas de “The Real Housewives of Beverly Hills”. Ojo, con esto no queremos ser prejuiciosos, pero muchos de esos estereotipos y manierismos del reality show se escurren a lo largo del primer episodio de la sitcom, y claro, no auguran nada bueno para el futuro del show.

Arrancamos con “Liberation”, episodio dirigido por Alex Hardcastle que, desde el vamos, lo dice todo. Estamos en Beverly Hills, en el año 1975, donde Bonnie Nolan (Alicia Silverstone), ama de casa y madre de dos hijas, prepara la fiesta de cumpleaños para su marido. Bonnie no tiene carrera, ni mucha independencia económica, pero sí todas las comodidades y los lujos que el arduo trabajo de su esposo Steve (James Tupper) le permiten. Lleva una vida de frivolidades y ocio que comparte con sus dos mejores amigas: Kathleen (Mena Suvari), mujer que vive de la plata de papá mientras encuentra a su príncipe azul; y Diana (Jennifer Bartels), la trabajadora del grupo, aunque es menospreciada (y cosificada) constantemente por su jefe y compañeros masculinos.

Los vientos de cambio –la avanzada feminista de la década del setenta- soplan cada vez más fuerte y Bonnie empieza a sentir el peso de la realidad a su alrededor: ser una esposa trofeo que abandonó sus sueños de convertirse en actriz en Nueva York tras el nacimiento de su primera hija, y darse cuenta que, como muchas de las mujeres que conoce, vive a la sombra de los logros de su esposo, sin mucha libertad para perseguir sus propias metas.

Este panorama va a comenzar a cambiar cuando descubra las infidelidades de Steve, y aunque no tiene trabajo ni experiencia para afrontar el futuro, lo va a poner de patitas en la calle y criar a sus hijas con otra perspectiva.

“American Woman” bucea en este contexto de liberación femenina mostrando las dos caras de la moneda: mujeres a las que no les importa ser segundonas y posponer sus sueños, hacer la vista gorda a las infidelidades de sus esposos, ser humilladas constantemente; y las que tratan de hacer una pequeña diferencia, como Bonnie, que prefiere darse de golpes contra la pared de la sociedad, antes de seguir viviendo bajo los mandatos de su marido… y el resto de los hombres.

El problema es que esta es una sitcom sin humor y todo lo presenta bajo un aura estereotipada y sobreactuada que molesta. Muy linda la puesta en escena y la banda sonora tan propia de la época, pero ninguna de las protagonistas nos convence con su causa, justamente, por esa estúpida superficialidad tan impuesta.  

Es como si Cher Horowitz hubiese crecido (bueh, en realidad, creció) y viajado al pasado para tener que enfrentar un mundo donde la mujer es sólo un adorno. Entre cursilerías, “American Woman” va dejando bien en claro cada uno de estos pequeños cambios y ‘declaraciones de principios’ a través de sus ojos y los de sus compañeras, pero no sabe cómo equilibrar su tono, más burlón que satírico (¿o era en serio?). Lamentablemente, los lugares comunes y la ligereza del relato se terminan imponiendo, opacando toda esa liberación y búsqueda de igualdad que intenta vislumbrar. Silverstone está horrorosa en su papel y, a pesar de que apoyamos su causa y la queremos ver triunfar, no hay nada emocional que nos conecte con este personaje que, seguramente, encontrará alguna salida estrambótica para seguir adelante con su vida y la crianza de sus hijas de forma independiente. Todo muy digno de un reality show.