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Ránking | Cuestión de familia

ANÁLISIS: El Legado del Diablo (Hereditary, 2018)

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Por: Jessica Blady

Más terror del bueno. La ven bajo su propia responsabilidad, eh.

El terror nos viene trayendo grandes exponentes que se alejan un poco de los típicos sustos y el gore. Historias que cruzan géneros, suman análisis sociopolíticos o crean climas mucho más perturbadores como para quitarnos varias noches de sueño. El joven Ari Aster debuta detrás de las cámaras con “El Legado del Diablo” (Hereditary, 2018), una película que –al igual que ¡Huye! (Get Out, 2017)- dio bastante de qué hablar tras su paso por el Festival de Cine de Sundance, siempre en el mejor de los sentidos. Aster, encargado también del guión, encara por el lado del drama doméstico y la tragedia familiar para ir decantando en elementos más propios del género. Ese tipo de relato psicológico que nos hace dudar si se trata de mambos anímicos y secuelas dolorosas, o de un verdadero “ente” demoníaco que trabaja desde el más allá… o el más acá.

La cosa arranca con los Graham, una familia bastante alienada y particular que debe afrontar la pérdida de Ellen, madre de Annie (Toni Collette), una mujer severa y reservada cuyas actitudes provocaron ciertos distanciamientos del pasado. Su muerte revuelve viejos traumas, obligando a Annie a buscar consuelo en un grupo de ayuda. Mientras tanto, sigue trabajando desde casa, construyendo maquetas precisas y realistas de diferentes escenarios que serán expuestas dentro de algunos meses.

La casa de campo donde vive y trabaja la comparte con su esposo Steve (Gabriel Byrne), su hijo adolescente Peter (Alex Wolff) y Charlie (Milly Shapiro), su hija de 13 años, al parecer, la favorita de la abuela. Los primeros días después del entierro son duros. Annie debe dejar atrás los últimos tres años donde se dedicó a cuidar de su madre que terminó sucumbiendo ante la demencia senil, una de las tantas enfermedades que afectaron a los miembros de su familia.

Mientras pone sus cosas en orden descubre que la señora tenía toda una vida privada que ella desconocía: amigos, pasatiempos y creencias que, en un principio, no llaman la atención, pero forman parte de los oscuros secretos de esta familia.

No vamos a entrar en muchos detalles porque conviene dejarse llevar por la historia que propone Aster, pero sí anticiparles que el dolor es el principal detonante que obliga a Annie a aceptar los consejos de Joan (Ann Dowd), una mujer que perdió a su familia y encontró cierto consuelo de la mano de algunas sesiones espiritistas. No, la cosa no viene por ese lado, así que van a tener que arriesgarse y descubrirlo por ustedes mismos.

Lo mejor de “El Legado del Diablo” es la construcción de su primera mitad, entre la pena que va contagiando (y afectando) a cada miembros de la familia, el peso de un pasado cargado de culpas, y como la tragedia va escalando hasta alcanzar los límites más terroríficos. Una conjunción de imágenes (gran fotografía de Pawel Pogorzelski      ) y sonidos (la música de Colin Stetson) que juega con la yuxtaposición entre la realidad y los pequeños modelos a escala de Annie, que alcanzan y sobran para ponernos los pelos de punta.

Los Graham viven aislados, literal y metafóricamente. La casa (y sus inmediaciones) se convierte en un personaje más de este thriller perturbador que nos va adentrando en la personalidad y los conflictos de cada uno de los personajes. A Aster no le interesan los demonios, pero sí los propios fantasmas, más peligrosos que cualquier ente sobrenatural. En este sentido, “El Legado del Diablo” esconde dos películas en una: la primera, que juega desde lo psicológico y nuestra propia percepción, tratando de entender las causas de esta tragedia. Y la segunda, consecuencia de la primera, donde los “trapitos sucios” salen a la luz y ya nada es lo que parece.

Si les gustó “La Bruja” (The VVitch: A New-England Folktale, 2015) van a correr derechito al cine para tensionarse con este relato que depende muchísimo de las actuaciones de sus protagonistas.

Casi toda la responsabilidad de la historia recae sobre los hombros de Collette, una intérprete que necesita más reconocimiento, y nuestro eterno cariño. Toni no es novata en esto de los sustos (¿se acuerdan de “Sexto Sentido”?), pero acá nos logra conmover desde su sufrimiento, la pena de la pérdida y el peso (en parte, esa herencia de la que habla el título) de no querer repetir los errores de su propia madre. Aplausos también para el joven Wolff (“Jumanji: En la Selva”) y la ignota Milly Shapiro, que debuta en la pantalla grande venida de los escenarios de Broadway (fue una de las Matilda de “Matilda the Musical”, por ejemplo).

Por el contrario, Byrne y su personaje se convierten en un cero a la izquierda, y aunque sea un tanto intencional, molesta el poco peso que tiene dentro de esta historia. El realizador nos deja bien en claro que este es un asunto entre madres e hijas, de ahí todos los conflictos que surgen entre Annie y Peter, y como papá Steve suele interceder por uno a favor del otro.

No decimos nada más porque se nos va a terminar escapando un spoiler. Sólo nos queda recomendar “El Legado del Diablo” para todos aquellos de estómago resistente y nervios de acero (¿?) ya que la historia de Aster promete poner a prueba ambas cosas.

LO MEJOR:

- Toni Collette *emoji de lluvia de corazones.

- El balance entre drama doméstico y relato terrorífico.

- La dinámica familiar, los climas y el entorno.

 

LO PEOR:

- El desaprovechamiento de Byrne.

- Algún giro del final un tanto exagerado.