Publicado el

Analisis | ¡Chorra! Vos, tú vieja y tu papá

ANÁLISIS: Ocean’s 8: Las Estafadoras (Ocean’s 8, 2018)

Volver a la home

Por: Jessica Blady

¿Cuántas chicas se necesitan para robar 150 millones?

Los vientos de cambio hollywoodenses abogan por espacios de trabajo inclusivos, igualitarios y seguros. Movimientos como el #MeeToo y Time’s Up comenzaron dentro de la industria del entretenimiento, pero pronto se expandieron hacia otros ámbitos con la esperanza de que las mujeres empiecen a recibir el respeto, el trato y el lugar que se merecen.  

Una de las consecuencias más inmediatas de estos cambios (más allá de las valientes denuncias por acoso sexual), fue la proliferación de representantes femeninas, tanto delante como detrás de las cámaras. Las historias también dieron un vuelco, y aunque siempre tuvimos heroínas de todos colores y tamaños, los géneros cinematográficos dejaron de ser exclusivos con la única intención de que todxs se sientan representados.

Claro que “Mad Max: Furia en el Camino” (Mad Max: Fury Road, 2015), “Cazafantasmas” (Ghostbusters, 2016) y “Los Últimos Jedi” (The Last Jedi” (2017) tienen sus buenos detractores. Podrán poner las excusas que quieran pero, en el fondo, se entienden los verdaderos motivos. Los mismos que menosprecian una película como “Mujer Maravilla” (Wonder Woman, 2017), sin dudas, lo mejor que nos dio el universo extendido de DC y el género superheroico de los últimos años, y los mismos que se van a poner en contra de “Ocean’s 8: Las Estafadoras” (Ocean’s 8, 2018), una nueva “feminización” de un clásico 100% masculino.

Sí, salimos con los tapones de punta porque ya nos imaginamos ciertos argumentos, pero lo cierto es que vamos a juzgar esta historia por lo que realmente es: una película de atracos con un elenco integrado totalmente por mujeres, porque las chicas también quieren (y pueden) divertirse.

En el año 2001, Steven Soderbergh reversionó “La Gran Estafa” (Ocean's Eleven), aquel clásico del Rat Pack, ahora encabezado por George Clooney, Brad Pitt y Matt Damon. Después de tres entregas que fueron perdiendo brillo y calidad, el director se hace a un lado y deja que Gary Ross -responsable de “Los Juegos del Hambre” (The Hunger Games, 2012), entre otras cosas- le dé una nueva vuelta de tuerca a esta historia, adaptándola un poquito más a los tiempos que corren. ¿Por qué no?

Debbie Ocean (Sandra Bullock), hermana de Danny (Clooney), pasó una pequeña estadía en prisión aparentando “rehabilitarse”, aunque, en realidad, estuvo invirtiendo cada  minuto de encierro planeando el robo del siglo, y un poquito de venganza contra Claude Becker (Richard Armitage), el gil que la traicionó y la puso tras las rejas. Una vez en libertad, Deb no pierde sus malos hábitos y ni un sólo segundo, y contacta a su vieja amiga y compañera de andanzas, Lou (Cate Blanchett), para poner en marcha sus planes.

La idea: robar un collar Cartier valuado en 150 millones de dólares, una joya de tres kilogramos que hace rato no ve la luz, pero que van a intentar sustraerla en medio de la celebrada Gala del Museo Metropolitano de Arte (MET), esa plagada de estrellas, que se lleva a cabo cada año en la ciudad de Nueva York, durante la primera semana de mayo.

No hay mejor escenario para que el glamour, la femineidad y los atracos se den cita. Debbie y Lou sólo deben encontrar al mejor equipo y un objetivo capaz de lucir dicha joya. La elegida es Daphne Kluger (Anne Hathaway), famosa actriz que será la cara más visible del evento. Para convencerla de llevar el Cartier está Rose Weil (Helena Bonham Carter), diseñadora caída en desgracia que acepta unirse al grupo ya que tiene demasiadas deudas.

Con Kluger como objetivo, sólo falta el resto de las chicas: Nine Ball (Rihanna), la hacker capaz de juguetear con las cámaras y la seguridad del museo; Tammy (Sarah Paulson), ama de casa con un gran talento para los robos masivos; Amita (Mindy Kaling), la experta en diamantes que hará “desaparecer” esta gran joya; y Constance (Awkwafina), una joven skater y ladrona de guante blanco. Todo lo que queda es un plan minucioso que debe cumplirse al pie de la letra, algún que otro contratiempo y la necesidad de matar dos pájaros de un tiro, ganando millones y evitando la cárcel en el camino.

Ross va a lo seguro y sigue la línea de Soderbergh: una historia canchera y entretenida que se posa sobre los hombros de un gran elenco y sus personalidades bien definidas. Cada una tiene su rol y su intervención en el atraco, y más allá de que Bullock y Blanchett se pongan a la cabeza, “Ocean’s 8: Las Estafadoras” se siente y se disfruta como un todo, donde el protagonismo se reparte como los millones del botín: por partes iguales.

No hay un humor forzado, no hay necesidad de hablar del pasado (o la familia) o entuertos amorosos. Sí, hay un poquito de resentimiento por parte de Debbie, pero los “negocios” están por encima de todas las cosas. El guión de Ross y Olivia Milch no se preocupa por cuestiones morales. Las chicas no les roban a los pobres, y al igual que sus homónimos masculinos, se la agarran con gente platuda muy bien asegurada.

Lo divertido es ver la planeación, los pormenores del atraco y si hay triunfo al final. Lamentablemente, los realizadores no corren ningún riesgo y todo se siente demasiado seguro y triunfalista para nuestro dream team. A “Ocean’s 8: Las Estafadoras” le falta ese condimento, esa necesidad de preocuparnos por las protagonistas y sus historias. No hace falta que nos cuenten su vida y obra, pero el robo termina siendo algo sumamente anecdótico y sin peso específico para la mayoría de las involucradas. Una excusa para esta “versión femenina” que se merece un poquito más de trasfondo.   

Ross filma con estilo, el elenco lo es todo y lo bueno es que la película no tiene la necesidad de justificar su “femineidad”. Es una historia, como cualquier otra, protagonizada por mujeres inteligentes y capaces que pueden llevar a cabo un robo impresionante sin perder el glamour o su identidad. Hay cameos, giros y conexiones con las películas anteriores, pero no las necesita para marcar su propio camino. Esta es una aventura independiente que mezcla la complicidad, la amistad y las metas personales, aunque carece de la profundidad que se merece.

 

LO MEJOR:

- Cumple con el objetivo de entregar una gran historia de atracos.

- Queremos a este equipo para el Mundial (¿?).

- Las chicas pueden protagonizar cualquier cosa.

 

LO PEOR:

- Lo anecdótico de su relato.

- Que no se moleste en desarrollar a los personajes.