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Analisis | Algún día, hijo mío, todo esto será tuyo

ANÁLISIS: Succession S01E01: Celebration

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Por: Jessica Blady

Qué bueno que los pobres no pasamos por estos problemas.

Adam McKay y Will Ferrell siguen demostrando su lado más serio y dramático en esta nueva jugada de HBO. La dupla hace yunta con el guionista y productor Jesse Armstrong (“The Thick of It”) y, siguiendo la vena de “La Gran Apuesta” (The Big Short, 2015), se despachan con este drama televisivo que se mete de lleno con la familia Roy y su imperio mediático.  

“Celebration”, el primero de estos diez episodios dirigido por el mismo McKay –acá seguimos esperando “Backseat”-, hace alusión al onomástico del patriarca, Logan Roy (Brian Cox), un hombre de carácter que a lo largo de sus ochenta años ha forjado una dinastía y la quinta compañía más redituable de los Estados Unidos, y está a punto de cederle el trono a su hijo Kendall (Jeremy Strong), o eso es lo que todos creen.

El paso de mando es inminente, sólo faltan los últimos toques para la adquisición de una nueva empresa, pero esta operación está teniendo algunos tropiezos que ponen en duda a papá Logan. Kendall, típico hijo del medio que lleva tres años alejado de las drogas y comprometido hasta el tuétano con el negocio familiar, espera el anuncio formal que lo va a poner al mando de la compañía, pero el viejo Roy cambia de opinión (a pesar de una senilidad incipiente) y resuelve aplazar su jubilación por al menos unos cinco años, o hasta que su hijo se haya curtido lo suficiente en esto de los negocios a gran escala.

Todos dan por sentada la sucesión, pero durante los festejos de cumpleaños en casa de papá se desayunan con esta y otras sorpresas. El viejo, no sólo va a seguir ocupando la silla grande del imperio, sino que les solicita a sus hijos la inclusión de su esposa Marcia (Hiam Abbass) en el fideicomiso familiar, lo que le daría dos asientos en la mesa directiva, en caso de su muerte.    

Ninguno de los retoños está contento con firmar los papeles, pero el ultimátum de papá los obliga a tomar una decisión a favor o en contra. A Connor (Alan Ruck), el primogénito, todo esto le importa poco y nada ya que está alejado de la empresa y sigue su camino con granjas ecológicas y una vida bastante tranquila. Siobhan (Sarah Snook), su única hija, se dedica a la política y aboga por su prometido Tom (Matthew Macfadyen), el chupamedia ejecutivo senior de la firma. Al igual que su hermana, Roman (Kieran Culkin) ocupa un lugar en la mesa directiva aunque no forme parte de la compañía, pero está dispuesto a firmar los dichosos papeles si papá le asegura un puesto más gratificante. Justamente, el de Frank (Peter Friedman), viejo amigo de la familia y mentor de Kendall.

Todo se trata de control, manipulación, millones y negocios. De cariño se habla poco y nada, aunque la fidelidad es importante sólo si beneficia a unos u otros. Desde el principio, Logan Roy se nos presenta como un hombre frágil y acabado, pero pronto va mostrando sus verdaderos colores y as ese titán que fundó el imperio: un hombre sin muchos escrúpulos, capaz de humillar a cualquiera de sus hijos.    

McKay nos zambulle en la dinámica de esta dinastía y empieza a destilar los problemas personales de cada uno. No, no son seres humanos comunes y corrientes, son personas diferentes a nosotros que se criaron entre lujos y abundancia, y cierto desdén hacia el resto de los mortales, sobre todo los de las clases inferiores. Esto queda clarísimo en “Celebration” y el realizador ni se esfuerza por ser sutil. Eso sí, hay que ver que hace con la otra cara de esta moneda que, de entrada, parece juntar un poquito de resentimiento.    

Igual, Armstrong no nos pinta alienígenas. Cada uno de los Roy tiene su carácter y sus sentimientos a flor de piel cuando la situación lo amerita. Estos son los momentos más vulnerables y humanos de una familia que no lo parece a simple vista, sobre todo a través del cristal de los paparazzis, o nuestra propia rutina, alejada de casas en el campo, relojes carísimos y viajes en helicóptero privado.

Lo más interesante de “Succession” es colarse en la vida de estos magnates millonarios, aunque los Roy sean una familia ficticia. Pero también ese aire shakesperiano viciado de traiciones y alianzas que se retuercen a los pies de un patriarca que no piensa ceder su lugar a la cabeza tan fácilmente.