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Analisis | Nada es lo que parece

ANÁLISIS: Westworld S02E06: Phase Space (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: hboWestworld
Cuando pensábamos que teníamos algunas respuestas, zas, nos metieron más interrogantes.

Todo venía bastante bien (léase, entendible) hasta el último episodio, ¿no? Admitimos que “Phase Space” nos descolocó un poco y nos hizo reflexionar sobre cuánto sabemos (o creemos saber) realmente sobre esta temporada de “Westworld”. Todos tenemos nuestras teorías e hipótesis locas sobre el parque y sus anfitriones, pero la trama de esta segunda entrega se va revelando paso a paso, tomando giros inesperados, sin mucho lugar a nuestras suposiciones. Y eso, claro, no tiene absolutamente nada de malo.

Hay muchísimos contrastes entre esta temporada y la anterior. Acá ya no estamos tan pendientes de los misterios (bueno, sí), sino más bien de los personajes, su evolución, sus disyuntivas y, sobre todo, sus decisiones que son las que marcan el argumento. Ok, la trama es producto (y responsabilidad) de las mentes retorcidas de Lisa Joy, Jonathan Nolan y el resto de sus guionistas, pero ustedes entienden la idea.

Sin parecerlo a simple vista, “Phase Space” –dirigido por el ignoto Tarik Saleh- es un capítulo muy emotivo. De esos que ¿cierran etapas? y abren nuevos interrogantes, dejándonos bien en claro que no tenemos la menor idea de qué es lo que está pasando en las inmediaciones del parque. Primero, tratemos de ubicarnos en el tiempo (¡JA!), una cuestión fundamental cuando se trata de la adaptación de Michael Crichton; y aunque acá nos resulte confuso, no vamos a dejar de hacer el intento.

Gracias a algún comentario azaroso de Charlotte Hale, sabemos que pasaron apenas siete días desde el desmadre en la presentación de Robert Ford. Una semana infinita donde el personal de la isla trató de recuperar Mesa Hub y al preciado Peter Abernathy, salvoconducto para que Delos empiece a mandar ayuda desde el continente. El rescate ya está en proceso, pero faltan otros larguísimos siete días para que lleguemos a ese “presente” aún más confuso (el del primer episodio) donde Karl Strand se hace cargo del parque y donde encontramos a Bernard inconsciente en aquella orilla. ¿Se acuerdan?

En el medio tenemos la odisea de Dolores, el reto personal de William y la visita de Maeve y compañía a las “lejanas” tierras de Shogun World. No parece que vayamos a volver por estos pagos en lo que queda de la temporada, por eso las despedidas son doblemente agridulces cuando se trata de decirle adiós a estos grandes personajes. Fue breve, los conocimos poco y, posiblemente, no tengan un peso específico para la trama principal, pero sí para los protagonistas que deben dejar atrás las tradiciones, el honor y la violencia del Japón feudal para seguir adelante con su propia cruzada, sin dejar de cargar con estos nuevos sentimientos y experiencias adquiridas.   

A pesar de la promesa de Maeve de escapar del caos y buscar un nuevo hogar, Akane (Rinko Kikuchi) y Musashi (Hiroyuki Sanada) deciden quedarse atrás en las hermosas tierras natales de Sakura. ¿Ese es el monte Fuji? En cambio, Hanaryo (Tao Okamoto) –la Armistice de ellos- sigue adelante con el grupo, que no tarda en llegar al viejo “vecindario” de la madama.

A pesar de los desvíos, esta siempre fue la misión de Maeve: reencontrarse con esa hija de aquella lejana narrativa que supo vivir antes de convertirse en la administradora del Mariposa. Para ella, ahora los sentimientos y el presente están bastante claros, pero no para el resto de los anfitriones que siguen atados a sus loops y a los condicionamientos creados por los humanos. Hay felicidad y tristeza en este encuentro ya que no hay reconocimiento por parte de la nena. Igual, no hay mucho tiempo para las presentaciones formales, ya que la Ghost Nation viene a completar ese sangriento escenario donde (supuestamente) deben morir madre e hija.    

Ahí lo tenemos otra vez a Akecheta (Zahn McClarnon) –líder de estos feroces guerreros- y sus “profecías”. Todavía no sabemos a qué mandos responde este host o que intereses representa. Sabemos que su gente no ataca a los humanos, pero no es tan benévola cuando se trata de otros anfitriones. ¿Terminará Maeve haciendo yunta con este ex enemigo que tanto dolor le causó en el pasado? Millay demostró ser menos vengativa que muchos de sus congéneres y se guía mucho más por su espíritu de supervivencia. No lastima a los mortales a menos que sea estrictamente necesario, pero tampoco reacciona muy bien ante las amenazas. ¿Será este el momento decisivo para tomar partido en la causa robótica? Hasta ahora sólo le importaba recuperar a su hija, pero entendemos que no tiene futuro si los humanos recuperan el parque y deciden hacer una limpieza profunda para restaurar el orden.   

Cambiando el panorama, tenemos a William, a.k.a. el Hombre de Negro, que sigue su propia cruzada e intenta dilucidar si su hija Grace es la verdadera, o un nuevo artilugio del juego de Ford (si somos sinceros, nosotros tampoco estamos seguros). Por las dudas, no se arriesga y decide dejarla atrás, incluso, tras prometerle acabar con este supuesto “suicidio robótico” al que se viene exponiendo después de la muerte de su esposa. A pesar de las culpas y los resentimientos, la chica quiere “rescatar” a su padre y llevarlo al mundo real para tratar de enmendar la frágil relación entre ellos. Para William, sabemos, la expedición es mucho más personal, y está decidido a acabar con todo antes de abandonar la isla… o morir en el intento.       

Por el lado de Dolores sigue la violencia excesiva. El plan es llegar en tren a Mesa Hub para rescatar a su padre, sin importar quien se atraviese por su camino. Admitimos que no nos gusta esta nueva actitud de la dulce hija del ranchero, pero entendemos que durante esta nueva etapa los anfitriones están tratando de definirse a sí mismos, descubrir que pueden hacer con el poder que tienen entre manos, y hasta donde pueden llegar sin convertirse en el reflejo de esos “creadores” que tanto odian. El desprecio de Dolores por la vida humana no es tan diferente al de Hale por los robots. Igual, nuestra androide revolucionaria parece tener la moral un poquitito más acomodada, sobre todo cuando nos damos cuenta que no está 100% feliz con el nuevo y “mejorado” Teddy.

Despojado de todo sentimiento superfluo, el pistolero se convirtió en un violento perrito faldero que, en cualquier momento, podría morder la mano de ese amo que le da de comer. Esta es Dolores midiendo sus fuerzas y descubriendo sus límites, pero sabemos que hay algo más, más allá de lo que nos están mostrando. ¿Qué, exactamente? Es la cuestión de esta temporada. Y ahí es donde entra en juego Bernard, el personaje más misterioso de “Westworld”.

Teníamos las líneas temporales bastante encaminadas hasta ahora. Ese repetitivo encuentro entre (según creíamos) Arnold y Dolores, ya no lo es tal, pero tampoco estamos seguros de lo que estamos viendo. Ni nos da la cabeza para hacer conjeturas, pero por ahora se lo vamos a achacar a la atrofiada memoria de Bernard, que sigue tratando de hilar los cabos y acomodar las desparramadas piezas de su propio rompecabezas. Tras dejar atrás ese laboratorio secreto donde Delos manejaba su misterioso proyecto, Lowe y Elsie descubren que el “parque” se está defendiendo de los intentos de la compañía por recobrar el control de las instalaciones y de los hosts. Cuando decimos el parque nos referimos a la Cuna (cradle), el lugar donde se almacenan todas las narrativas y datos de los anfitriones.

Bernard recuerda haber estado en el lugar y traer consigo una de estas nuevas unidades de control, pero para saber quién está detrás del contraataque hay que profundizar, y meterse (literalmente) en el sistema de la Cuna. No estamos seguros que es lo que experimenta el anfitrión: ¿son recuerdos? ¿Una recreación?, pero esperemos encontrar respuestas de boca del propio Ford (Anthony Hopkins), o de quien sea que esté representando en esta supuesta simulación de un Sweetwater mucho antes del advenimiento del caos. No creemos que la respuesta sea tan sencilla como: la consciencia de Ford sigue viva y lo manipula todo desde adentro. Vamos a ser cautelosos porque, al fin y al cabo esto es “Westworld”, y nada es lo que parece ser a simple vista.