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Analisis | Cambia todo y no cambia nada

ANÁLISIS: Destiny 2: Warmind (PS4, PC, Xbox One)

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Por: Guillermo Leoz

Una nueva expansión que trae de vuelta algunos buenos elementos de Destiny 1 pero también varios de sus peores vicios

La percepción y consideración para con Destiny 2 ha tenido tantas idas y vueltas que cuesta seguir el hilo de esta novela. En el momento de su salida, la mayoría coincidía en que había mejorado como juego y como paquete: misiones más claras y mejor diagramadas, una historia más entendible y entretenida, personajes con desarrollo y que eran carismáticos, progresión más sencilla para aquellas personas que recién se sumaban a la saga, finalmente iba a estar disponible en PC y además íbamos a poder jugar las Nightfall o la Raid mediante matchmaking con su función “Guided Games”. Pero al mismo tiempo introdujeron microtransacciones que, a la larga, hicieron que muchos ítems atractivos estuvieran escondidos detrás de loot boxes en lugar de ser contenido al que aspirar a través de misiones; modificaron el sistema de shaders, redujeron la cantidad de jugadores en el Crucible (su PVP) a cuatro; nuevamente volvieron a dejar contenido fuera para expansiones futuras; no introdujeron razas nuevas de enemigos; no había clases nuevas (sí tres subclases nuevas en total), entre otras decisiones que no terminaron de dejar contenta a la comunidad.

Destiny 2 es un producto más sólido y consistente que su antecesor, pero perdió parte del misterio que enamoró a millones de personas. Tampoco supo dar un “endgame” a la altura de las circunstancias: el tener todo servido en bandeja hace que no haya demasiado incentivo para seguir jugando. Lo mucho más fácil que resultó tener exóticos o la simplificación de cómo comprarle items a Xur, transformaron a Destiny en un juego extremadamente fácil. Salvo por la Raid, nada representaba un verdadero desafío. Los jugadores más fieles y acérrimos se sintieron descuidados. “Warmind”, la segunda expansión luego de lo que fue Curse Of Osiris, pretende devolver un poco de la mística perdida y también corregir el contenido post finalización de la campaña. Lamentablemente se queda corta a pesar de sus buenas intenciones. No es la salvación que estaba necesitando Destiny 2, no patea el tablero y sus mejoras son una curita para tapar una herida de bala.

Warmind nos presenta la historia de Ana Bray, una Guardiana que intenta descubrir la verdad acerca de su pasado y de lo hecho por su familia en una base en Marte. ¿Por qué esto debería interesarle al mundo de Destiny? Bueno, porque el trabajo de la familia Bray tiene que ver con uno de los personajes/plot devices que más ha intrigado a la comunidad durante años: Rasputin. Esta inteligencia artificial militar ha estado presente desde la campaña inicial de Destiny 1 y siempre hubo muchos interrogantes a su alrededor. Sus verdaderas intenciones eran desconocidas y nunca se sabía cuánto se podía confiar en Rasputin, cuyos protocolos se iban activando ante distintas amenazas o hechos. Finalmente en Warmind vamos a conocer un poco más de su origen y de su verdadera función en esta historia.

Si bien es un planteo interesante para aquellas personas más fanáticas de la historia de Destiny, lamentablemente por un lado no termina siendo demasiado atractivo para el jugador casual y por el otro tampoco brinda una trama lo suficientemente atrapante y desarrollada. La realidad es que la corta campaña que nos propone esta expansión se siente poco inspirada. Las misiones no tienen un diseño novedoso, son pocas y varias son refritos de eventos públicos o incluso después terminan siendo strikes que jugaremos una y otra vez. En términos de diseño de niveles y contenido, se nota que es una expansión hecha por Vicarious Visions y no por Bungie, quienes en teoría se están ocupando de lo que será la reinvención del juego en septiembre. Los jefes a los que nos enfrentamos son genéricos y tienen conexión con puntos anteriores de la historia de la saga que no valen la pena ser explorados nuevamente; estamos de vuelta en Marte y encima vamos a pelear con una versión de los Hive con un diseño estético diferente (ni siquiera fue como cuando introdujeron a los Taken ya que no hay ni movimientos nuevos de estos enemigos).

La campaña es sumamente olvidable y diría que hasta peor de lo que fue la ya de por sí floja Curse Of Osiris. Las noticias, sin embargo, mejoran cuando la terminamos y comenzamos a explorar libremente Marte. Esta nueva zona abierta es hasta incluso mejor que algunas que vinieron en Destiny 2 como Titan y aunque no incluya casi eventos públicos nuevos, sí trae a la mesa algo que al juego le estaba faltando: secretos. Quizás parezco repetitivo con el concepto de lo misterioso y la intriga en Destiny, pero créanme que como veterano de la saga este fue un aspecto que encendía a la comunidad semana a semana. De repente podía haber una quest nueva para encontrar un rifle exótico y nadie sabía ni cómo completarla; las raids tenían mensajes ocultos, en un principio ni sabíamos para qué usar ciertos ítems o monedas, etc. Todo estaba bastante mal explicado en el juego, pero eso era parte del encanto; resolver ciertos misterios junto a la comunidad era algo que hacía de Destiny un juego único y eso se intenta recuperar un poco en Warmind.

Porque vamos a tener ciertos elementos con los que interactuar en el mapa que no sabemos bien qué consecuencias van a tener, a qué arma nos pueden llevar o qué tipo de contenido van a destrabar. Además hay una nueva especie de modo horda que requiere de mínimo tres personas para poder ser completada, pero a la cual cualquiera se puede unir. Esto es conocido como “Escalation Protocol” y tiene un nivel recomendado de 370, algo que no es tan sencillo de alcanzar en esta expansión. Estas oleadas de enemigos son realmente difíciles y presentan un desafío a nivel combate que no experimenté ni siquiera durante la raid, donde es más importante cómo resolverla que derrotar enemigos difíciles. Como bien lo dice su nombre, todo va a ir escalando cada vez más y la cantidad de enemigos que van a terminar apareciendo en pantalla, nos va a abrumar. Lamentablemente llegar al nivel recomendado va a requerir demasiado “grindeo” y trabajo. Además para poder recibir las verdaderas recompensas al eliminar al jefe final de cada protocolo, vamos a necesitar un ítem específico que Ana Bray nos dará en Marte si la vamos a visitar. Por lo tanto el mejor contenido y los mejores ítems de esta expansión requieren un trabajo mayor que cualquier otra contenido que había presentado Destiny 2 hasta el momento, pero para aquellas personas más comprometidas con el juego, esta es una gran noticia y un incentivo para seguir jugando.

Lo que no termina de funcionar del todo bien para este juego son las Raid Lairs. Estas serían “capas” de la Raid principal, las cuales le dan una variación y nos ofrecen desafíos bastante complejos. Sin embargo nunca se sienten a la altura de una raid tradicional. Incluso cuando el contenido que dan es bastante bueno, no es presentado ni jerarquizado como aquello equivalente a lo que fue Leviathan. Las raids han sido históricamente el mejor contenido de Destiny e incluso en expansiones pasadas cuya campaña principal no era superlativa, sí brindaban una nueva raid que dejaba contenta a la comunidad. Estas capas hasta el momento no han dado la misma satisfacción ni despertado el mismo interés. Warmind vuelve a apostar por este tipo de contenido y el resultado es muy similar, incluso cuando le costó muchas horas de juego a los mejores jugadores del mundo descifrar estas capas. Por supuesto que recomiendo que intenten jugarla porque vale la pena, pero tanto la comunidad como el público casual está pidiendo a los gritos una nueva raid con el mismo nivel de desarrollo que aquellas gloriosas como Vault Of Glass o King’s Fall.

Warmind no es exactamente lo que Destiny 2 estaba necesitando pero sí nos da pequeñas muestras de que hay motivo para ilusionarse con lo que será la próxima gran expansión del juego. El contenido base y la campaña que ofrece es de lo peor que ha dado el juego en materia de DLC, incluso cuando se centra en un personaje tan importante como Rasputin. El precio de casi 20 dólares tampoco ayuda a mirarla con buenas ojos, aunque si habías pagado el pase de temporada el año pasado, te va a doler un poco menos. Sin embargo, cuando terminamos la campaña principal empieza a ser una mejor experiencia: vuelve el misterio, vuelven los secretos y vuelven las buenas recompensas en el endgame (esta vez no ocultas detrás de microtransacciones), aunque para llegar a ese contenido vas a tener que trabajar bastante.

LO MEJOR

  • El misterio y los secretos
  • Le da nueva vida al endgame

LO PEOR

  • La campaña
  • El diseño de las misiones
  • No hay nuevos enemigos
  • No hay nueva raid