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Analisis | El mafioso Archie

ANÁLISIS: Riverdale (Segunda Temporada)

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Riverdale
A pesar de irse más por las ramas, Riverdale sigue dando buenos momentos

La primera temporada de Riverdale resultó ser uno de los dramas adolescentes más frescos en años. Tenía la cuota justa de hormonas y triángulos amorosos, y un buen misterio: un crimen a resolver que nos tuvo al borde de la silla durante los 13 capítulos, que tenía tintes oscuros a lo Twin Peaks y una narración a lo Veronica Mars. La segunda parte, con casi el doble de episodios, se animó a traer nuevos personajes y a darles sub tramas más profundas a los protagonistas. Lo que recibimos es la versión más turbia de Archie hasta la fecha, con aciertos, pero también con algunas falencias.

Esta segunda temporada encuentra al grupo de amigos bastante separado. Betty (Lili Reinhart) sigue siendo una aprendiz de detective y es la que mejor le sigue la pista al nuevo malo de turno, el Encapuchado Negro; Archie (KJ Apa) la apoya hasta la mid season, pero en los episodios restantes se va a hacerle de capo junior a Hiram Lodge (Mark Consuelos), padre de Veronica (Camila Mendes). Sobre ella, es quizás uno de los personajes que perdió más protagonista en esta temporada, pero seguimos disfrutando de los momentos en que salva a Archie de más de un apuro. Junto con Cheryl (Madelaine Petsch), es de las mujeres más fuertes dela serie. Finalmente, Jughead (Cole Sprouse) abraza por completo la vida de Serpiente y se convierte en su líder.

Si me pongo a listar la cantidad de sucesos que ocurren en esta temporada, va a parecer que les estoy hablando de una serie completa. La trama diverge tanto que, como es esperable, algunos puntos no se resuelven como es debido y otros se reiteran hasta el hartazgo. La visión final que tenemos de Riverdale es la de un pueblo en el que pasa de todo. Hay peleas de pandillas, mafia, asesinos sueltos, elecciones presidenciales y corrupción política, por citar solo algunos de los líos en los que terminan metidos Archie y compañía.

La temporada arrancó con el misterio del Encapuchado Negro y tuvo un rumbo bien marcado hasta el episodio 9, donde se da el corte de mid season. Hasta ese entonces, Betty y Archie creyeron atrapar al asesino en serie, pero no fue así. Este problema lo retoman de manera muy fugaz en los últimos cuatro episodios, cuando se da un nuevo asesinato, como remate de un capítulo musical en el que homenajean a Carrie. Lo estaríamos celebrando si fuese un capítulo de Glee, pero en el caso de Riverdale, es más que claro a esa altura de la temporada que le sobran capítulos.

Ya que estamos, quiero destacar uno de los aspectos más atractivos de la serie en mi opinión. Hablar de Riverdale muchas veces es hablar de cultura pop. La serie es una de las pocas que es muy consciente del material que referencia y eso da lugar a multitud de guiños, diálogos con doble sentido, chistes y gags que son el sueño del televidente más geek. Así tenemos personajes como Cheryl, excéntrica hasta el infinito y el reflejo de que a Riverdale no la tenemos que tomar tan en serio. De hecho nunca lo hacemos, porque la serie siempre tiene un dejo de fantasía y de “material homenaje” que nos la hace querer como tal.

Lo más cansino de esta temporada fue el “tire y afloje” entre Archie y Hiram Lodge. Todo el asunto de la mafia se torna repetitivo y poco creíble, especialmente en lo que respecta a la ingenuidad del pelirrojo, que siempre cae en toda trampa que le tienden. Lo que respecta a Jughead y los Serpientes y al delirio familiar de Betty con su nuevo hermano Chic (Hart Denton) son eventos bastante más entretenidos, aunque no escapan del mayor problema de la temporada, que es el de resolver todas sus subtramas de manera apresura, a excepción del temita mafioso, que la sostienen hasta el final. Hiram no se fue de Riverdale. De hecho, con Hermione ganando las elecciones, parece que tenemos Lodges para rato.


Para la tercera temporada, me gustaría volver a ver a estos personajes, tan queribles y tan bien escritos, perseguir un mismo objetivo. Cada uno eligió su camino, pero los momentos que más disfrutamos de Riverdale es cuando se explota la química que hay entre ellos. A pesar de los problemas de ritmo, esta segunda tanda de episodios se las ingenió para tenernos pegados semana tras semana. De hecho, tuvo más raiting que la primera. Duplicar el drama adolescente le dio más popularidad, pero le hizo perder coherencia también. Por fortuna, su esencia más pop sigue intacta.