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Analisis | Tengo un mal presentimiento sobre esto

ANÁLISIS: Han Solo: Una Historia de Star Wars (2018)

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Por: Jessica Blady

Han se corta solo y nos lleva a otros rincones de esa galaxia muy, muy lejana.

Vamos a dejar de lado los dramas tras bambalinas –la forzosa partida de los directores originales Phil Lord y Christopher Miller, que igual reciben crédito como productores ejecutivos- y concentrarnos en el trabajo de Ron Howard pero, más que nada, en el de los guionistas Jonathan y Lawrence Kasdan, este último todo un veterano de la saga intergaláctica pergeñada hace más de 40 años por George Lucas.

No, no le vamos a echar la culpa a la dupla despedida, o a un actor tan poco carismático como Alden Ehrenreich en el papel protagónico. A pesar de que son factores determinantes en el producto final, se la vamos a achacar a una historia con buenas intenciones, pero demasiado flojita para la franquicia más importante de todos los tiempos. El planteo de los Kasdan (padre e hijo que acá recibe el testigo) no está mal para un sin vergüenza como Han, sin dudas, un personaje que se beneficia de los contrastes con el resto, como ocurre con su versión más madura (Harrison Ford) y esa eterna postura de demostrar que nada le importa más que sí mismo; algo que, sabemos, es más falso que billete de cuatro pesos.

En “Han Solo: Una Historia de Star Wars” (Solo: A Star Wars Story, 2018) lo conocemos en su versión más ingenua, mucho antes de cargarse de ese cinismo tan particular… y de que lo persiga media galaxia a causa de sus “deudas pendientes”. Los Kasdan nos trasladan a Corellia, planeta famoso por sus grandes pilotos y la fabricación de las mejores naves, donde todavía el Imperio no hizo estragos, pero sí unas cuantas organizaciones criminales.

Estamos ubicados unos diez años antes de los acontecimientos de “La Guerra de la Galaxias” (Star WArs, 1977) -aunque deberían ser más- donde el joven Han se dedica a contrabandear para su jefe criminal, que lo acogió (y lo explotó) desde chiquito junto a otros huerfanitos sin rumbo, cuyos sueños de escapar de este agujero intergaláctico se ven aplastados entre la debacle local y el ascenso del Imperio.

Todo lo que quiere Han es convertirse en un gran piloto (aunque cree que ya lo es), conseguir su propia nave y huir hacia mejores horizontes junto con Qi'ra (Emilia Clarke), amigovia desde la infancia. Su pequeño plan no sale tan bien y la parejita debe separarse. Nuestro aspirante a héroe promete regresar para salvarla, y no tiene mejor idea que unirse a la academia de pilotos de las fuerzas imperiales.

¿Se imaginan a Han del lado de los malos? Claro que no dura mucho y en la primera oportunidad que se le presenta desierta de su puesto y se une a la banda de Tobias Beckett (Woody Harrelson), afamado contrabandista que ahora trabaja bajo las órdenes de Dryden Vos (Paul Bettany), uno de los más temidos mafiosos espaciales.

Claro que el resto de la banda de Beckett –Val (Thandie Newton) y Rio (voz de Jon Favreau)- no lo ven con buenos ojos, pero Tobias si le encuentra potencial a este temerario e impulsivo jovencito dispuesto a participar de su primer “golpe”. No vamos a entrar en muchos detalles porque nos quedamos sin sorpresas por el camino, pero la historia va a terminar decantando en un gran y peligroso robo en una lejana colonia minera.

Lo más importante de “Han Solo: Una Historia de Star Wars” es la acción y la aventura, los primeros encuentros con Chewbacca y Lando Calrissian (Donald Glover), y los consejos para la vida que el joven piloto puede sacar en blanco de un mentor como Tobias.

Es un “Han Solo” en construcción, en medio de una “heist movie” (película de atracos) llena de planeamientos, traiciones, un poquito de romance, mucha amistad y la cancheres de Glover que, al parecer, no la puede evitar.     

Ojo, nada de esto está mal y Ron Howard hace un grandísimo trabajo cuando se trata de poner a los personajes en las situaciones más complicadas. La relación que se va forjando entre Han y Chewie se convierte en el centro emocional de la trama (digamos que es un triángulo amoroso si sumamos a la Halcón Milenario); así como la extraña pareja que forman Lando y su copiloto L3-37 (Phoebe Waller-Bridge), una droide feminista y revolucionaria que dice todo lo que realmente piensa.

Howard vuelve a las fuentes más clasicistas de la saga y nos entrega una película “sucia” como los lugares que les toca visitar a nuestros forajidos protagonistas. Acá no hay Imperio que moleste (están ahí, en un segundo o tercer plano), pero no quita que haya gente diabólica y aprovechada que quiera beneficiarse con las desgracias ajenas y los oprimidos de la galaxia.

La esperanza vuelve a ser un eje central (claro), el sarcasmo no puede faltar si Han (y Lando) está cerca, pero cuesta muchísimo relacionarnos con un personaje que, en teoría, se parece a ese que tanto conocemos desde hace cuatro décadas, pero en la práctica en una copia... un tanto deslucida y berrea (perdón, no quería decirlo tan fuerte). Ehrenreich tiene la actitud de Solo, habla como Solo, pero NO ES SOLO. No podemos negar que le pone toda la onda, aunque tampoco se puede negar la poca química que logra con Clark, un personaje muy poco explotado.

Nos quedamos con ganas de ver más de Val y Rio, de L3, de Han y Lando compitiendo por quien cancherea más rápido. Los baches argumentales y las “sorpresas” quedan un poco escondidas entre una seguidilla de escenas de acción muy bien filmadas, pero con muy poco peso para la historia y la caracterización de los personajes.  

“Han Solo: Una Historia de Star Wars” se disfruta y encaja a la perfección dentro de la saga, pero no se acerca a la épica de los películas originales, o a los volantazos que quisieron dar Gareth Edwards o Rian Johnson. Ron Howard es un director correctísimo y muy capaz pero, viéndolo en retrospectiva, tal vez no necesitábamos esta aventura en particular.

LO MEJOR:

- Que visualmente tiene su propia identidad.

- L3, te queremos.  

- La aventura por sobre todas las cosas.

 

LO PEOR:

- Perdón Alden, queremos más a Harrison.

- La acción se hace tediosa sin un sustento narrativo (y emocional) que la respalde.