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Analisis | Donde hubo fuego…

ANÁLISIS: Fahrenheit 451 (2018)

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Por: Jessica Blady

El canal premium le apuesta a un clásico y sale bastante mal parado.

Si esperaban una gran adaptación del clásico de Ray Bradbury, tal vez tengan que volver a remitirse a la película de 1966 dirigida por François Truffaut, en vez de la nueva versión de Ramin Bahrani (“99 Homes”) para HBO, una apuesta ambiciosa (a medias) que poco y nada tiene que ver con sus series más galardonadas.

“Fahrenheit 451” (2018) viene pidiendo (y buscando) pantalla desde hace rato, y esta época de ‘fake news’ parece caerle como anillo al dedo a una historia que, justamente, habla de erradicar el conocimiento. Pero también nos llega un poco tarde, tras haber consumido hasta el hartazgo todo tipo de narraciones y adaptaciones distópicas, entre sagas adolescentes, dramas futuristas y películas de súper acción apocalípticas que juegan con la noción de tiranía, supervigilancia y la falta de libertades individuales.

Todos somos conscientes de que “Equilibrium” (2002) es un gran ‘homenaje’ a la novela de Bradbury. Bahrani parece haber tomado nota de estas similitudes y convirtió su versión en una mala copia de la película de Kurt Wimmer, sin tanta patada voladora, y mucha más filosofía de manual.

Estamos en un futuro (¿o es presente?) alternativo donde los bomberos se encargan de comenzar los incendios en vez de apagarlos. Las brigadas trabajan bajo mandato gubernamental destruyendo todo tipo de legado cultural (mayoritariamente libros) y castigando a los rebeldes que se niegan a vivir bajo el pulgar de este régimen represivo que sólo busca la “felicidad” de los habitantes.

Guy Montag (Michael B. Jordan) es un joven bombero, estrella de su equipo, que trabaja bajo las órdenes del capitán Beatty (Michael Shannon) soñando, tal vez, con ocupar su lugar en un futuro no tan lejano. Montag guarda muy pocos recuerdos de su infancia y de su padre Child (otro bombero), agradecido de haber sido cobijado bajo el ala protectora de su jefe y mentor. Cada una de sus hazañas y sus “quemas” se celebran en vivo y en directo, a través de una red colectiva donde los ciudadanos de Ohio y el resto del país pueden expresarse y reaccionar a través de un sinfín de caritas felices, o no tanto.

Sí, los emojis, las “redes sociales” y la tecnología controlada y controladora ocupan un lugar central en este universo donde ya casi no existen los libros y la historia (por ende, el pasado) quedó totalmente tergiversada. Nadie (mejor dicho, los “nativos”) se cuestiona nada, al menos los que aceptaron esta falsa noción de felicidad replicada por el gobierno. Fuera del sistema, están los marginados, los que transgredieron las reglas y perdieron su identidad. Este es el castigo que sufren los rebeldes que insisten en mantener viva una cultura en extinción.  

Montag no se cuestiona ni su trabajo, ni las órdenes de su superior, al menos hasta que conoce a Clarisse McClellan (Sofia Boutella), una proscripta que trafica información y muchos de esos elementos prohibidos. A partir de ahí le pica el bichito de la curiosidad y la rebeldía, actitud que le va a causar más de un problema.     

Las fallas de “Fahrenheit 451” son infinitas, comenzando por la ambigüedad mal llevada de sus personajes, sobre todo Beatty, que se pierde en elaborados discursos, y Montag, que nuca nos convence con su nuevo sentimentalismo y su fascinación adquirida. No podemos culparlos del todo ya que la película nunca les da el tiempo suficiente para desarrollarse. El guión de Bahrani y Amir Naderi supone que el espectador está al tanto de la historia original, y ni se detiene a explicar los pequeños detalles que construyen este universo.

En cambio, nos pasea por las calles de la ciudad, las quemas de libros, la “hermandad” de la brigada más cercana a una tropa de élite, cierto atisbo de duda en los personajes; pero nunca termina de sentar las bases de su argumento como para que nos importe involucrarnos. Sabemos quiénes son los “buenos” y quienes son los “malos”, pero lamentablemente nos cuentan muy poco de sus motivaciones y se hace imposible conectarse con su causa.               

“Fahrenheit 451” no tiene alma, ni una puesta en escena deslumbrante, ni grandes actuaciones, ni siquiera un mensaje relevante y conciso en épocas del gobierno de Trump. Se concentra en algunas imágenes fuertes, en la importancia de la información colectiva, pero nunca llega a conmovernos y sacudirnos como la obra original, tan avanzada para su época.

   

LO MEJOR:

- Un atisbo de mensaje.

- Algunas imágenes contundentes.

 

LO PEOR:

- Ninguno de los personajes nos conmueve.

- Desaprovecha el contexto político actual.

- A Bradbury NO le gusta esto.