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Analisis | Dura, dura meritocracia

ANÁLISIS: 3% (Segunda temporada)

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Netflix
La distopía brasilera arde, ahora con más consciencia social

Cuando aterrizó en el catálogo de Netflix en 2016, 3% resultó ser una grata sorpresa. La primera producción brasilera del gigante del streaming cuenta con una premisa explosiva, muy en tono con los hitos modernos de la ciencia ficción hollywoodense como lo son The Hunger Games y Maze Runner, pero con una pizca mayor de lucidez y crítica. La primera temporada nos metía de lleno en El Proceso, un método basado en la meritocracia que otorga la posibilidad de acceder a la utopía solo a quienes vencen una serie de pruebas brutales; la segunda, amplia más el espectro y se anima a contarnos un poco más sobre las injusticias y las desigualdades que causa este proceso tan frio y cruel.

Este thriller distópico nos presenta una sociedad fragmentada en la que solo el 3% de la población tiene derecho a vivir “la buena vida”. Todos los recursos, materiales y espirituales, están destinados a esta elite de ciudadanos que viven en Alta Mar, el paraíso al que solo acceden los mejores. Es por eso que todos los años, los jóvenes de El Continente, lugar que podríamos entender como la favela en la que residen la mayoría de las personas, se someten a El Proceso para intentar ganar su lugar en Alta Mar.

Así, en la primera temporada conocimos a Michele (Bianca Comparato), Rafael (Rodolfo Valente), Joana (Vaneza Oliveira) y Fernando (Michel Gomes), grupo que comenzó unido con el único propósito de ganar El Proceso, pero que se encontró separado al final, con los dos primeros en Alta Mar y los otros dos en El Continente. Esta nueva temporada arranca un año después, con Michele y Rafael que no tardan mucho en comenzar a sentir que la vida en la utopía no es tan plena como esperaban; Joana y Fernando, desde el otro lado, unen fuerzas para ponerle fin a la desigualdad social. Al final, todos terminan yendo tras un objetivo común: evitar que El Proceso se realice una vez más.  

La estructura de la primera temporada era naturalmente adictiva porque giraba en torno a El Proceso. Cada nuevo capítulo nos presentaba una nueva etapa y la gracia estaba en ver cómo los participantes la superaban y si alguno moría en el camino. Los 8 capítulos se consumían en un santiamén. La segunda parte, esta vez de 10 capítulos, no toma envión sino hasta el cuarto episodio. Este ritmo lento es perdonable porque sirve para sentar las bases de una mitología más profunda para la serie. Ahora, no solo aprendemos más del pasado de personajes como Michele o Ezequiel (João Miguel), uno de los más interesantes del elenco, también se exploran las temáticas claves de la serie, que ahora son más que una excusa de fondo. La meritocracia esta vez duele más, especialmente porque vemos de cerca cómo es la vida de ese 97% tan excluido. La vida en El Continente es triste, realista y casi documental de la realidad brasilera, un país que posee regiones donde la clase media prácticamente no existe. 

La lucha de los pobres por batir la desigualdad y la de los ricos por mantener sus privilegios es la temática que hila la trama. La figura de La Causa, ese grupo rebelde que aboga por la igualdad, cobra mayor protagonismo. Pero en última instancia, lo más atractivo de la temporada está en ver cómo divergen los caminos de cada personaje, como si estuviesen jugando un nuevo Proceso, esta vez por un fin común, todos “pateando la pelota” para alguno de los bandos, pero con sus propios métodos, ideales y conceptos personales de igualdad. Al final, no es fácil determinar un vencedor ni mucho menos saber quiénes son los buenos o quiénes son los malos. Tras la fachada pochoclera de 3% hay una denuncia muy fuerte, una ventana a las realidades latinoamericanas que se viven en nuestro país y en los vecinos. Muchos de sus tropos están vistos, pero su cuota de realidad es única. 

Con una cinematografía impecable y un elenco a la altura, lo único que podemos reprocharle en términos de producción es el uso de un CGI precario, especialmente el que se ve en algunos planos picados de la ciudad Continental. En lo personal, creo que casi todos los actores destacan, solo Bianca Comparato podría ponerle un poco más de sangre al personaje, especialmente teniendo en cuenta el rol central que ocupa. 


3% trae una temporada más sesuda, de ritmo más pausado, que se toma sus tiempos para plantar las sorpresas que, aunque tardan más en llegar, pegan más fuerte. No hay decepciones para quienes la siguen desde el principio. Es más, ojalá que Netflix se anime a renovarla.