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Editoriales | El Indie Darling de Japón

Gekiga: El manga que no es manga

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Por: Johanna Garabello

Nuestra otaku residente nos muestra un poco de un estilo de manga al que no estamos acostumbrados.

Durante los últimos 25 años, el manga y el animé se tornaron una de las más grandes exportaciones culturales de Japón, atrayendo fans y seguidores de todo el mundo. Pero existe una corriente dentro del manga (que inspiró a muchísimos de los autores que hoy en día admiramos) que gran parte de los otakus no conocen, el corazón indie del manga: el Gekiga. 

En los 50's Japón estaba resurgiendo luego de la ocupación de los Estados Unidos y embarcandose en un resurgimiento económico que lo volvería potencia para 1980. Con los horrores post-guerra muy muy presentes, el entretenimiento de todo tipo, novelas, películas, tele y manga, tenian gran demanda. El trabajo de Osamu Tezuka (a ésta altura no conocerlo es pecado, pero es el que hizo Astro Boy, por ejemplo) y Machiko Hasegawa (Sazae-San) se volvieron altamente populares e inspiraron a millones de chicos a dibujar sus propias historietas, volviendo al manga una sensación entre los jóvenes. El Gekiga fue la chispa que, entre 1956 y los 70's, transformó al manga de ser sólo para chicos, a una industria gigantezca con lugar también para historias de adultos. 

Para el mediado de siglo, el manga contaba con graciosas y fantásticas historias en un redondito, simple y adorable estilo pensado para chicos. Sin embargo, para la generación nacida entre 1935 y 1940, la niñez no fue una adorable y simple experiencia, gracias a haber sufrido de primera mano bombardeos, guerra nuclear, visto parientes y gente cercada muerta o mínimo extremadamente dañada física y psicológicamente. Incluso, muchos de éstos chicos, incluso tuvieron que salir a ayudar a sus familias para poder sobrevivir y dejar así la escuela. Para entrada su adolescencia y el inicio de su adultez ellos querían crear algo distinto: en las palabras de Yoshihiro Tatsumi 'manga que no era manga'. 

En 1956, Tatsumi y sus amigos Masahiko Matsumoto, Takao Saito y otros, comenzaron a crear historias largas protagonizadas, no por personajes mágicos, sino por adultos normales en historias apuntadas para adolescentes. Éstos artistas fueron fuertemente inspirados por el cine noir y cineastas japoneses como Akira Kurosawa (si no vieron 7 Samurais es un must) y Yasujiro Ozu (la que recomiendo de él es Tokyo Stories). El término "gekiga" (significa literalmente "imágenes dramáticas") fue adoptado por Tatsumi en el 57 en un intento de diferenciar el género de lo que en ese momento era el manga. Combinando un estilo más realista, con un imaginario innovador y nuevas perspectivas, efectos de sonidos dramáticos y diálogos más limitados, los artistas del gekiga crearon un oscuro y glorioso mundo de aquellos viviendo en la marginalidad y los barrios bajos. 

Éstas historias de detectives, misterio o fantasmas fueron publicadas en títulos como "Sombras" (1956), "Ciudades" (1957), "Laberinto" (1958) y "Rascacielos" (1959) de forma casi autogestiva. El concepto de gekiga era todavía tan nuevo, que seguían siendo vendidas junto con las historias para chicos. La violencia y los temas adultos de éstas nuevas publicaciones llevaron a distintas protestas de grupos de padres y en agosto de 1959, Masaaki Sato fue puesto en la lista negra de la asociacion Yamanashi de editores, como respuesta a las preocupaciones de los padres sobre el caracter corrupto y la inclinación a actos delictivos de la juventud que éstos mangas "incitaban". Kagi y Machi (Sombras y Ciudades, respectivamente) fueron especialmente populares en los adolescentes, haciendo que los editores en Tokyo publicaran sus propios títulos. En 1959 Tatsumi, Matsumoto, Saito y cinco otros, ahora en Tokyo, formaron el Gekiga Workshop (Gekiga Kobo) para reafirmar sus lazos con los editores. 

Para el final de los 50's la economía japonesa estaba en auge. Los editores de manga, teniendo miedo de que el papel pierda contra la tele, empezaron a cambiar sus publicaciones de mensuales a semanales. Muchas revistas empezaron a pedirle a los artistas de gekiga que hagan historias para un público más adulto y algunos artistas como Takao Saito, ayudaron a desarrollar un sistema de produccción para cumplir con la creciente demanda de más y más historias. Para los 60's el uso continuado de USA de bases aéreas japonesas para bombardear Vietnam, el fantasma de la guerra nuclear y el cuestionamiento de la burocracia y consumismo en la sociedad japonesa terminó de encontrar su forma de expresión en la contra-cultura, y eso incluyó al gekiga. En 1964, la revista Garo fue fundada. Apuntada a adolescentes casi adultos, publicó la famosa historia "La Leyenda de Kamui" de Sanpei Shirato, que mostraba una nueva forma de contar historias de Samurais; ganando así popularidad también entre estudiantes universitarios.

Garo presentaba historias que eran visualmente o temáticamente demasiado edgy para el mercado mainstream. Muchas de éstas historias incluso incluían finales inconclusos o ambiguos. Les otorgó a los miembros originarios del movimiento, un lugar de experimentación y un lugar donde empezar para nuevos artistas que querían contar historias diferentes. Para el final de los 60, el Gekiga ya estaba en todos lados y el mismísimo Osamu Tesuka creó una nueva revista experimental llamada COM. Para los años 80's, el estilo del gekiga fue adoptado por muchas ramas del manga. Para el lector casual, el término quizás solo pertenezca a los libros de historia pero el legado es innegable. El trabajo de autores como Shirato es reconocido como influencia para titanes como Hayao Miyazaki. Golgo 13 de Takao Saito, publicado en el 68 es uno de los mangas más longevos de la historia siendo publicado aún hasta el día de la fecha. Durante los últimos 20 años el trabajo de artistas como Tatsumi, Mizuki, Tsuge, Matsumoto y Saito fueron traducidos en muchísimos lenguajes y GRACIAS A TODOS LOS DIOSES POR ESO; ya que últimamente algunas bateas de nuestro país están empezando a tener algunos de éstos maravillosos e impresindibles tomos y el público masivo empieza a reconocerlos como la maravillosa pieza de arte y de historia que son, dandoles el lugar que se merecen.