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Analisis | El círculo de la vida

ANÁLISIS: Westworld S02E04: The Riddle of the Sphinx (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: hboWestworld
Llegó el momento de unas cuantas revelaciones... y nuevos interrogantes, LPM.

La segunda temporada de “Westworld” se acerca a la mitad de esta entrega y nos deja uno de sus mejores episodios. Lisa Joy –creadora, productora y guionista del show- debuta detrás de las cámaras con “The Riddle of the Sphinx” (sí, pueden ir pensando en “Edipo Rey”), y se da el lujo de mezclar varios géneros antes de volarnos la cabeza con algunas de las revelaciones (y reflexiones) más interesantes de este western de ciencia ficción que tan bien le hace a la tele.

Gina Atwater (asidua colaboradora de J.J. Abrams) y Jonathan Nolan se encargan del guión de un capítulo que empieza a echar bastante luz sobre las verdaderas intenciones de Delos, más allá de invertir en un parque de atracciones para ricachones aburridos. Desde el comienzo de esta segunda entrega, el foco de la historia se posó en dos puntos muy diferentes: la revolución de los anfitriones que todavía deben encontrar su camino (y su propósito), y los oscuros secretos de la junta directiva, cuyos propósitos sobrepasan el entretenimiento.

¿Espionaje corporativo? ¿Chantaje? Unas cuantas cosas nos pasaron por la cabeza desde que Charlotte Hale le “reveló” algunas de las instalaciones ocultas a Bernard. Un secreto bien escondido dentro de las entrañas de Westworld, donde los drone host se encargan de recopilar todo tipo de información (y muestras biológicas) sobre los visitantes. El misterio salió a la luz, un propósito tan banal y nihilista como peligroso: alcanzar la inmortalidad de estos ricos y poderosos,

Desde los primeros episodios de la temporada nos mostraron como James Delos y su gente (primero Logan y más tarde William) se fueron comprometiendo con esta nueva tecnología planteada por los jóvenes Robert Ford y Arnold Weber, dos hombres más interesados en la ciencia y el porvenir de sus creaciones. Tras su paso por el parque, y su encuentro con Dolores, William vislumbró mucho más que entretenimiento, ideas que le valieron el visto bueno de su suegro y, con el tiempo, el control total de la compañía.

Ya sabíamos que el “Hombre de Negro” era uno de los socios mayoritarios, pero hace poco descubrimos lo involucrado que estaba con todo el proceso y la relación con los anfitriones. Resulta que sus lazos con el parque y la tecnología son mucho más profundos, una revelación que Joy nos entrega de forma magistral, a través del tiempo, unos cuantos flashbacks y la ayudita de Bernard, aunque no estén estrictamente conectados.    

“The Riddle of the Sphinx” deja de lado a varios personajes y líneas argumentales para centrarse en este punto específico. Por un lado, el destino de James Delos, fundador de la empresa que ya venía luchando con sus problemas de salud y encuentra una posible solución en el proyecto de su yerno: replicar su forma física y trasladar su conciencia para perpetuar su paso por la Tierra. Un proceso que no funciona del todo a pesar del tiempo invertido y una infinidad de pruebas.      

Todos esos debates éticos y filosóficos sobre la ciencia y esta tecnología en particular que Nolan y Joy plantearon a lo largo de la primera temporada, siempre desde el punto de vista de los robots, acá cobran un nuevo significado y abren otra discusión, una a la que el propio William parece ponerle punto final tras entender que la “inmortalidad” es más una maldición que una bendición, al menos, para aquellos que sobreviven. De ahí, el famoso acertijo de la Esfinge: “¿Cuál es la única criatura que al amanecer anda a cuatro patas, al mediodía anda a dos y al caer la tarde anda a tres?”. Claro que la respuesta es el hombre, un hombre mortal que debe cumplir cada paso de su vida y no perpetuarse en un momento como le pasa al viejo Delos, al punto de llegar la “locura”.

Este es uno de los pocos episodios donde se nos presenta la verdadera humanidad de un personaje que parece haberla perdido por el camino y sus incontables visitas al parque en busca de un juego que nunca estuvo destinado para él. Cuando conocimos a William era un tipo un tanto retraído y caballeroso, al menos a simple vista, y hasta que dejó entrever su verdadera naturaleza tras el desengaño de Dolores. El Hombre de Negro es ambicioso y no se deja llevar por las apariencias, pero toda esa violencia que dejó escapar en los escenarios de Westworld, repercutió en su vida cotidiana, afectando a todos aquellos que lo rodean.  

De ahí, tal vez, su decisión de acabar con los experimentos, justo a tiempo para la revolución robótica. ¿Coincidencia? Esto todavía está por verse, ya que no sabemos hasta donde conocía Ford las verdaderas intenciones de Delos.  

Ahí es donde entra en juego Bernard y su atrofiada memoria, que sigue recopilando pedazos por aquí y por allá, un tanto desordenados como las imágenes que se nos presentan (jeje, pillos). Sorprendió gratamente el reencuentro con Elsie Hughes (Shannon Woodward) -¿por qué le perdonó la vida en su momento?-, pero así vamos descubriendo que él es la clave para entender este entramado que se esconde en los subsuelos del parque. Ford sabía que le estaba llegando su hora dentro de la comitiva e hizo algo más que liberar a sus criaturas. De alguna manera descubrió los planes de William y la junta directiva, y mandó al pobre de Lowe (una vez más) a hacer el trabajo sucio. Bernard llegó a imprimir una de estas nuevas unidades de control pero, ¿para quién? ¿Se viene la resurrección de su mentor o hay un nuevo jugador que todavía no asomó la cabeza? No nos vamos a quedar con la primera respuesta obvia que nos llega a la mente porque en “Westworld” nada es lo que parece a simple vista.   

Acá es donde Joy deja escapar su estilo más terrorífico. Ya nos dimos cuenta que esta temporada viene con mucho más gore, pero el clima que se logra en estos laboratorios con los drone host de por medio, pone un poquito la piel de gallina, y ni hablar de cómo contrasta con los paisajes del western y los escenarios del exterior, dos mundos (el natural y el artificial) que chocan constantemente desde lo visual y lo narrativo.    

¿Alguien notó la vibra de “Lost” en esas escenas rutinarias de James Delos? Vamos a culpar un poquito a J.J., aunque lo que logra la directora en cada escena es sublime. Nos traslada de lo estéril y hermético de esta habitación, al dramatismo y la tensión de Las Mudas, pueblito de procedencia de Lawrence (Clifton Collins Jr.) donde se produce en reencuentro con su familia y la confrontación con los confederados del mayor Craddock (Jonathan Tucker), recién escapados de las garras de Dolores.

Resulta un déjà vu para el Hombre de Negro que decidió jugar el juego de Ford y al mismo tiempo, seguir su camino hasta “Glory”, este lugar misterioso donde parecen confluir varias de las tramas de los anfitriones, y donde se resguarda ese “arma” tan poderosa. Se entiende que la mayoría de los host siguen anclados a sus viejas historias, pero ya no se guían por los condicionamientos programados por los humanos. Por algún motivo se atacan entre ellos sin herir a los visitantes, agregando oscuros detalles a sus narraciones porque no puede faltar violencia ligada cada uno de los placeres.    

Hasta ahora, la segunda temporada de “Westworld” se fue enfocando en llenar cada uno de esos huecos argumentales (y líneas temporales) que separan esas dos semanas entre la rebelión de Dolores y la llegada de los rescatistas al parque. De a poco, vamos viendo que pasó con esos personajes que parecían perdidos (Elsie), o aquellos que resurgieron de la nada como Ashley Stubbs (Luke Hemsworth), demostrando que Joy y Nolan tiene este rompecabezas muy bien elaborado y saben dónde meter cada una de sus piezas.  

A medida que resolvemos una incógnita ya tenemos otra a la vuelta de la esquina, como la humanidad ¿ensayada? de William y un pasado que empieza a golpear un poco más fuerte, sobre todo cuando descubrimos que Grace (Katja Herbers) es, en realidad, su hija Emily, y suponemos que tiene su propia agenda ¿vengativa? Sumemos a Lowe, todo un interrogante en sí mismo, y nuestra necesidad de saber para qué lado patea la pelota, a quién le entregó la dichosa unidad de control, y si va a poder mantener su palabra de decir la verdad y no lastimar a su compañera.

Como si todo esto no fuera suficiente, los guerreros de la Ghost Nation aseguran que “La hora del portador de la muerte está por llegar. La muerte se acerca”. Se nos ocurren mil teorías al respecto, desde Dolores/Wyatt hasta Bernard y su “asesinato en masa”, pero lo vamos a dejar para otro momento porque ya nos duele la cabeza de andar generando hipótesis.