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Analisis | Sangre, fármacos y más

ANÁLISIS: Garage Bad Trip (NS)

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Por: Jeremias Curci

Psicodelia, violencia y caníbales con exclusividad en Nintendo Switch. ¿Qué tal?

 

Quién te ha visto y quién te ve, Nintendo. Su consola híbrida es un grito que proclama una idea de reinventarse, como siempre. Acompañando esa idea, tenemos un Mario que subvierte todo lo conocido y sacude sus propios estamentos, de igual manera que Zelda: Breath of the Wild hace lo suyo. Hay una nueva sangre que corre en las venas de la gran N, fresca, que está dispuesta a ver las cosas de otra forma o, al menos, aceptar propuestas diversas.

De allí que lograron superar (en parte, al menos) la pacatería con la que manejaban su catálogo: hoy, Nintendo Switch es un lugar ideal para títulos independientes de toda clase, encontrando maravillas como A Normal Lost Phone, un relato súper inclusivo bajo una línea trans. Esto habla de una apertura de miras generosa que permite, entre otras cosas, la llegada de un juego exclusivo como el que nos ocupa, que es ni más ni menos que Garage: Bad Trip.

¿De qué la va este juego, exactamente? A grandes rasgos, lo podemos definir como una suerte de Hotline Miami con un par de vueltas de tuerca interesantes. Tiene una estética inspirada en el cine slasher de los años ochentas (con filtro para emular las imperfecciones de la videocasetera), una jugabilidad muy en la onda de los fichines de Dennaton (visto de arriba, twin stick shooter, recompensa a los reflejos) y toques de supervivencia y horror, al menos, durante los primeros compases.

La historia, sin embargo, es mucho menos rebuscada que la que plantean los juegos que “homenajea”. Interpretamos a Butch, un dealer que intenta dar su última gran operación de intercambio antes de retirarse a una vida más familiar. Algo sale mal: despertamos en el baúl de un auto, en un garage, en el subsuelo de un centro comercial que acaba de volar por los aires en un atentado. Desde allí, nos iremos abriendo paso e interactuando con una misteriosa mujer llamada Anaconda, que nos irá diciendo cómo es que nos la tenemos que apañar para salir airosos de la situación.

En ese garage tenemos nuestros primeros encontronazos: los enemigos en Garage son una suerte de caníbales mutantes. Nos enteramos rápidamente, que el shopping pertenece a un magnate farmacéutico que experimenta con una droga para fabricar “energizantes”, y amedida que avanzamos, vemos que la cosa es mucho peor: experimentos con animales, humanos, mutaciones, mutilaciones y un sinfín caras bonitas más. Estas abominaciones serán ni más ni menos que nuestros enemigos, a los que se suma también una milicia que se rebeló en una de las bases subterráneas, que no dudarán en darnos caza al vernos.

Por supuesto, todo sería sencillo si cuando vamos a los bifes fuese como Hotline Miami, pero acá, en Garage: Bad Trip tenemos que considerar un par de cosas más, como por ejemplo, la utilización de un movimiento de evasión, y el hecho de que tenemos un medidor de resistencia que se agotará si, por ejemplo, ejecutamos muchos golpes fuertes o muchos esquives. Manejar con astucia esa economía es fundamental: los caníbales son durísimos, igual que los mutantes. Con los soldados entran otras mecánicas no menos interesantes: el juego emplea astutamente un campo de visión y ribetes de sigilo que podemos aprovechar para quitarnos de encima las amenazas.

Cada cierto tiempo encontraremos jefes: desde zombies gordos putrefactos que escupen ratas (de hecho, las ratas son una constante en el juego y son durísimas de roer), a un tanque armado hasta los dientes, o una versión horripilante del cienpiés humano. Este es uno de los puntos fuertes del juego: la variedad. A través de sus más de diez capítulos, tendremos muchísima variedad de situaciones: acción frenética, terror, sigilo, balaceras desde un punto fijo con una metralleta anclada al suelo, y hasta una parte de conducción con una motocicleta choppera que se va de tema.

Así y todo, no podemos decir que siempre funcione bien la mezcla. El juego de Zombie Dynamics nos tira con alguna que otra meseta que puede resultar frustrante por su elevada dificultad, o aburrida por lo poco claro de sus señales. En oportunidades, vamos a encontrar llaves que no sabemos a dónde van, porque las marcas visuales para identificar ciertos elementos en el escenario son confusas. Lo mismo sucede con el campo de visión: al principio, parece un glitch, ya que los enemigos desaparecen automáticamente de nuestra pantalla cuando no establecemos contacto visual directo. No hay un cono de luces o sombras ni ningún indicador. Esto pinta a la perfección los problemas de coherencia que tienen algunos de sus elementos.

Por otro lado, están los tiempos de carga. Al tratarse de un juego exclusivo, uno esperaría que desde el punto de vista técnico las cosas sean suaves y sin inconvenientes. Sin embargo, la carga entre niveles se siente eterna, lo cual se torna más negativo si consideramos que aquellos escenarios que tienen una extensión mayor cargan en partes intermedias, lo cual atenta contra el ritmo que la aventura agarra por momentos.

Desde lo artístico, el juego cumple con creces: el píxel art con el que está desarrollado es realmente muy bello, los elementos en los escenarios tienen buen detalle. Más importante todavía, genera climas: en parte por lo visual, pero por sobre todo, por la música que tiene, que acentúa adecuadamente los momentos que Garage: Bad Trip nos ofrece.

Garage: Bad Trip es un juego entretenido y original. Toma una fórmula establecida poco visitada como la de Hotline Miami, la cual sazona con su propia sal y pimienta, alcanzando una personalidad única. Tiene sus problemas de ritmo y algunas cuestiones técnicas, pero se deja disfrutar de principio a fin. Bien por Nintendo, en abrir sus puertas a juegos que, en otro momento, hubieran sido imposibles de ver en cualquiera de sus consolas.

LO MEJOR:

  • Una vuelta de tuerca original a la fórmula Dennaton
  • Variedad de situaciones y mecánicas
  • Jugabilidad responsiva que pide creatividad
  • El arte

LO PEOR:

  • Problemas de ritmo
  • Poca claridad en algunos de sus sistemas de juego
  • Tiempos de carga absurdos