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Analisis | Como te ven, te tratan

ANÁLISIS: Sexy por Accidente (I Feel Pretty, 2018)

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Por: Jessica Blady

Hollywood no sabe lo que es un "feo".

Abby Kohn y Marc Silverstein -más conocidos por sus guiones de comedias/dramas románticos como “Jamás Besada” (Never Been Kissed, 1999) y “Votos de Amor” (The Vow, 2012)- debutan tras las cámaras con esta historia risueña que, además, intenta echar un poquito de luz sobre los parámetros de belleza que imperan en nuestra sociedad, y que Hollywood reproduce hasta el hartazgo no siempre (bah, casi nunca) dando en la tecla.  

Amy Schumer parece ser la persona ideal para hacerse eco de estas cuestiones, reírse un poco de sí misma sin pudor, y analizar sus propias inseguridades y complejos que, en definitiva, son los mismos de casi todas las mujeres (y hombres) que pueblan este planeta, cuya cultura juzga más por la apariencia que por cualquier otra cosa. Sí, tenemos que admitirlo, pese a quien le pese.  

“Sexy por Accidente” (I Feel Pretty, 2018) pifia bastante con su traducción local, tergiversando un poco el mensaje de sus autores pero, al final, se queda a medio camino, justamente, porque el mensaje es confuso aunque bien intencionado.  

Renee Barrett (Schumer) es una “chica del montón” que vive luchando con las inseguridades de su apariencia física. Un poco se rindió en ese aspecto, conformándose con la vida que le tocó, los amores que no llegan y su trabajo en un sótano del Chinatown neoyorquino. Renee administra la página web de cosméticos Lily LeClaire, sueña con parecerse a su presidenta Avery LeClaire (Michelle Williams) y trabajar en las oficinas de la Quinta Avenida, pobladas de chicas hermosas y muy bien vestidas, cuya superficialidad nada tiene que ver con ella.

Renee tiene un gran grupo de amigas (Aidy Bryant y Busy Philipps), pero no puede escapar de ese anhelo de ser “hermosa” como su ídola. Inspirada por “Quisiera Ser Grande” (Big, 1988), pide un deseo en la fuente de su vecindario, pero no hay cambio alguno porque ésta no es esa clase de película. Lo único que le queda es ir al gimnasio y romperse el lomo como cualquiera para alcanzar ese cuerpo perfecto. Ahí es donde se produce el “milagro”, y después de escuchar las palabras motivacionales de la entrenadora y darse un buen golpazo en la cabeza, Renee se mira al espejo y descubre que se convirtió en una mujer bella y escultural, de esas que paran el tráfico (¿?). Claro que no hay modificaciones, ni magia, sólo una tremenda contusión cerebral que distorsiona la imagen en el espejo; pero ella se percibe diferente, y va a encarar su vida de otra manera.

Con su nueva confianza y “belleza adquirida” a cuestas, Barrett se anima a solicitar el puesto de recepcionista en LeClaire, y hasta encarar a muchachitos en la calle. Así comienza una extraña relación amorosa con Ethan (Rory Scovel) y a sumar ideas en la compañía, justamente, porque a los ojos de Avery -la mujer “más hermosa y elegante del mundo”, aunque tenga la voz más insoportable-, ella representa a la consumidora “común y corriente” a la que está destinada su nueva línea de cosméticos económicos. ¿Se entiende?

De ahí que “Sexy por Accidente” confunda tanto sus mensajes, o que terminen pareciendo del manual de una película autocomplaciente. Kohn y Silverstein mezclan un poco de “El Diablo Viste a la Moda” (The Devil Wears Prada, 2006) y “Amor Ciego” (Shallow Hal, 2001), haciéndonos creer que, en realidad, la apariencia no importa, pero es lo único que te hace destacar en este mundo. Si bien Renee no cambia físicamente, cambia de actitud. Por un lado se anima a todo, bien ahí; pero por el otro se vuelve superficial y mala onda con esas amigas amorosas, aunque “feas”.  

O sea, Renee sólo se anima cuando cree que es más linda, y se da cuenta de sus logros/fracasos minutos antes de terminada la película, donde la moraleja hace acto de presencia. Antes del “cambio”, la protagonista se nos presenta como desganada y sin preocupación por su apariencia, como si ser más gorda, flaca, petiza o patona transformara inmediatamente a una mujer en un ser sucio y desaliñado que no necesita arreglarse para salir al mundo porque el mundo ya la rechazó de entrada. Eso es lo que dice, entre líneas, esta película, que se pone bajo la lupa los parámetros de belleza más absurdos y la individualidad, pero ni se preocupa por la diversidad de su propio elenco.

El gran problema de “Sexy por Accidente” termina siendo su protagonista: Schumer como arquetipo de sí misma, esa “gordita” simpática, torpe y muy poco agraciada, aunque ella (en la vida real) sea todo lo contrario. No negamos que pueda identificarse con muchísimos aspectos del personaje de Barrett, como la mayoría de nosotros, pero al final se convierte en fantoche y reproduce el ridículo, confundiendo esa actitud con coraje, desenvoltura y osadía ya que nos “obligan” a reírnos de la situación, pero no a festejarla.

Por el contrario, todos aquellos que la rodean (exceptuando a sus amigas) la celebran por las razones equivocadas, dejando en limpio que lo más importante es lo que los demás opinan sobre nosotros. Por acá nos quedamos con “La Muerte le Sienta Bien” (Death Becomes Her, 1992), que sabe muy bien como reírse del culto a la belleza, la fama y los despropósitos cosméticos. Ok, va por otro lado, pero el mensaje es mucho más claro y conciso.

 

LO MEJOR:

- Amy Schumer riéndose de sí misma, hasta ahí.

- Que al menos intente plantear un tema tan importante.

- Rory Scovel, lo mejorcito del conjunto.

 

LO PEOR:

- Que el mensaje se desvanezca en moralejas de manual.

- Hollywood no puede escapar de su propia cultura de belleza.