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Analisis | Y llegará la paz…

ANÁLISIS: Rescate en Entebbe (Entebbe, 2018)

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Por: Jessica Blady

La reconstrucción de un hecho histórico bastante mal llevado.

El brasileño José Padilha nos tiene bastante acostumbrados a las historias dramáticas de súper acción, muchas veces, inspiradas en hechos reales. El responsable de “Tropa de Élite” (Tropa de Elite, 2007) y series como “Narcos” y “El Mecanismo” (O Mecanismo), también tiene sus pifies –“RoboCop” (2014)-, y podemos afirmar que “Rescate en Entebbe” (Entebbe, 2018) se queda por el camino y desaprovecha unas cuantas oportunidades.

La llamada “Operación Trueno”, el rescate de unos 105 pasajeros y tripulantes (de un total de 260) del vuelo 139 de Air France procedente de Tel Aviv, no duró más de 53 minutos, pero Padilha no logra transmitir la tensión y el dramatismo de estos momentos, sobre todo de un hecho que fue llevado a la pantalla en varias oportunidades, muchas veces con mejores resultados. El realizador pierde una posibilidad única de jugar con la narración y el ritmo de su relato, más si nos ponemos a pensar en historias similares como “Vuelo 93” (United 93, 2006) de Paul Greengrass y el “Munich” (2005) de Steven Spielberg, o hasta algunos episodios de “24”.

En cambio, elige contar el hecho día  adía, y concentrarse en dos de los perpetradores del secuestro: los alemanes Brigitte Kuhlmann (Rosamund Pike) y Wilfried Böse (Daniel Brühl), dos “idealistas” revolucionarios que deciden sumarse a la causa del Frente Popular para la Liberación de Palestina que, desde hace varios años, venía realizando este tipo de atentados con la intención de que el estado de Israel libere a sus presos de la cárcel.

El otro punto de vista que nos muestra Padilha es del gobierno israelí, acostumbrado a lidiar con estos acontecimientos (no olvidemos que cuatro años antes ocurrió la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich), pero para nada dispuesto a negociar con los terroristas. Lo importante es no poner en riesgo la vida de los rehenes, ni iniciar un incidente internacional con Uganda, territorio donde se produjo el aterrizaje a la espera de las negociaciones, obviamente, con el visto bueno de su presidente Idi Amin, uno de los líderes políticos más detestables que conoció la historia.

Pero vayamos a los hechos: el 27 de junio de 1976, un Airbus A300 de Air France que viajaba de Tel Aviv a París, fue secuestrado en pleno vuelo tras una escala en Atenas. Dos palestinos y dos alemanes tomaron el control y desviaron el avión, primero hacia Bengasi (Libia), y más tarde, el día 28, arribaron al aeropuerto de Entebbe en Uganda, escala final para llevar a cabo las negociaciones y la liberación (o asesinato) de rehenes.

Como acto de “buena voluntad”, los secuestradores y Amin resolvieron liberar a los pasajeros no judíos, mientras la tripulación y el resto de los detenidos permanecían hacinados en las peores condiciones a la espera de una solución no violenta. Con el correr de los días, y el plazo llegando a su fin, la tensión se hace sentir entre los diferentes grupos de perpetradores, y en las oficinas del Primer Ministro israelí Yitzhak Rabin (Lior Ashkenazi), que debe tomar la decisión de llevar a cabo esta operación encubierta, un poco por presión de Shimon Peres (Eddie Marsan), y otro tanto por los familiares de las víctimas.

“Rescate en Entebbe” (Entebbe, 2018) va y viene en el tiempo, más que nada, para “justificar” el accionar y los ideales flojitos de papeles de Kuhlmann y Böse que, como todo revolucionario de manual, no tienen ni la menor idea de en qué lío se están metiendo. Por algún motivo, Padilha intenta que nos pongamos de su lado y empaticemos con su causa, y jamás se enfoca en las verdaderas víctimas del hecho, más allá de algún pasajero aislado o el simpático piloto que imparte sabiduría. Ok, es un punto de vista tan aceptable como cualquier otro, pero todo está tan fragmentado y mal llevado, que resulta imposible entender sus verdaderas intenciones.

Los rehenes terminan siendo números y moneda de cambio narrativas, ya que del otro lado de la historia el realizador nos muestra reuniones gubernamentales y militares, decisiones importantes y la visión de un joven soldado que marcha a la misión con la esperanza de volver a los brazos de su novia bailarina. Acá, Padilha mete una metáfora sobre la libertad (de ahí la canción “Echad Mi Yodea”) tan agarrada de los pelos que termina desequilibrando definitivamente la historia, aunque estos momentos “abstractos” sean los más interesantes del conjunto.

Existen infinidad de maneras de contar un hecho, pero Padilha no encuentra el tono adecuado cuando se trata de la “Operación Trueno”. Por un lado, no quiere tomar partido en esta eterna contienda política entre Israel y Palestina (una paz que, más de cuarenta años después, sigue siendo esquiva), pero tampoco parece condenar los actos terroristas del pasado. No se habla de los pormenores, no se le da lugar a las víctimas ni las represalias ugandesas; ni siquiera se molesta en narrar la historia en idioma original porque, al parecer, los alemanes si hablan en alemán entre ellos, y los franceses en francés, pero cuando el gabinete israelí se llama a sesión o los terroristas palestinos organizan sus causas, lo hacer en inglés para que todos podamos entenderlos (¿?).

Estas decisiones, como tantas otras, son inentendibles. Y lo peor llega al final, cuando la misión en sí dura apenas segundos en pantalla, sin despliegue, ni acción, lo contrario a lo que se esperaría del realizador. Suponemos que no quiso dramatizar los hechos más de la cuenta, ni exagerarlos, pero alguien tiene que avisarle que esto se trata de ficción (lo contrario de un documental), y el público espera cierta tensión y emociones fuertes a la hora de semejante rescate.   

A diferencia de los sobrevivientes del vuelo 139, no hay mucho para rescatar (valga la redundancia) de “Rescate en Entebbe”, una película bastante vacía que no ayuda como documento histórico o reflexión sociopolítica, mucho menos como thriller.  

   

LO MEJOR:

- Alguna metáfora que trata de deslizar.

- Recordar que estos hechos ocurrieron.

 

LO PEOR:

- La falta de tensión.

- La falta de compromiso con la historia y el desdén por las víctimas reales.

- Nadie quiere empatizar con terroristas, mucho menos si son alemanes (¿?).