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Ojos que no ven…

ANÁLISIS: Anon (2018)

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Por: Jessica Blady

Dejen de hacer porquerías "directo a vídeo".

Andrew Niccol es un tipo experimentado cuando se trata de ciencia ficción retrofuturista. Hablamos del responsable de “Gattaca” (1997) y “El Precio del Mañana” (In Time, 2011), entre otras cosas, que ahora arremete con “Anon” (2018) –abreviatura de anónimo, mal pensados-, un thriller a medio camino que mezcla asesinatos con la supervigilancia. Se ve que el amigo Andrés tomó nota de otras historias como “Minority Report”, “Matrix” o “Días Extraños”, ya que no podemos evitar ciertas comparaciones con sus temas, procedimientos o esa puesta en escena que cruza alta tecnología con los muebles de la abuela.

Clive Owen es Sal Frieland, policía de un futuro donde el gobierno intenta combatir el crimen eliminando todo tipo de privacidad. En el Éter se almacenan todas las acciones y recuerdos de los ciudadanos, capturados a través del “Ojo Mental”, un sistema de vigilancia y autocensura de facto que lo ve y oye todo. La vida del oficial se complica a raíz de una serie de crímenes donde resulta imposible identificar al asesino, los momentos previos fueron manipulados y queda en evidencia que hay un hacker involucrado.

La Chica (Amanda Seyfried), la hacker en cuestión, es una experta en eliminar todo tipo de momentos bochornosos o ilegales que sus clientes no quieren recordar o, peor aún, que sean vistos por otros ojos indiscretos; pero estos mismos clientes están convirtiéndose en cadáveres y, claro, ella termina siendo la sospechosa número uno. El temita es que nadie puede rastrearla, es un fantasma a la vista de todos. Ahora, Frieland y sus compañeros van a tener que hacer lo impensado para poder contactarla y empezar a descubrir todos los vericuetos que encierra este caso.

Si fuera un poco más concisa (y mejor estructurada) “Anon” podría pasar por un capítulo de “Black Mirror”. El problema principal es que se detiene demasiado en detalles superfluos y la obsesión del protagonista con su “presa”, y poco en explicar de qué se trata el “Éter”, o cómo funciona el “Ojo mental”, obviamente, implantado por el gobierno en cada individuo. Frieland lo sabe todo con sólo mirar lo que tiene en frente (muy a lo robot de Terminator), incluyendo todos los datos de una persona, hasta la marca del vino que está tomando.

En este futuro no tan lejano (los autos siguen siendo modelos antiguos, por ejemplo), todo está digitalizado y entra a la cabecita directamente. No hace falta discar un teléfono para comunicarse con alguien o entregar una tarjeta de crédito para pagar una compra, cada una de estas acciones se comparten desde el Éter; o es lo que vamos deduciendo a medida que avanza la historia, porque poco y nada nos explican sobre la marcha, y poco y nada se va entendiendo.  

Mucho menos la trama “detectivesca” y sus estrambóticos giros, pero sí hay tiempo de sobra para unas cuantas escenas voyeristas donde el protagonista se “sacrifica” en nombre del deber y entabla una relación más que cercana con la sospechosa, mientras todos sus compañeros observan desde su punto de vista.  

“Anon” es un tedio que no sabe aprovechar sus temas y los tiempos que estamos viviendo para generar algún tipo de análisis o discusión al respecto. Tampoco ayuda como entretenimiento y una trama de “misterio” tan enroscada que deja más interrogantes que respuestas al final del día. Esa estética minimalista y lúgubre ya la conocemos hasta el hartazgo, al igual que los grafiquitos en pantalla; y llegamos al punto en que Clive Owen y Amanda Seyfried hacen este tipo de historias que se saltean las salas de cine y van a parar derechito al streaming para evitar pérdidas financieras.  

LO MEJOR:

- Se sigue bancando esta estética retrofuturista.

- Una buena idea muy desaprovechada.

 

LO PEOR:

- Sin tetas no hay paraíso (¿?).

- No podemos entender la estructura de un universo, sino nos dan algunas pistas.

- Entonces, ¿el asesino era el mayordomo?