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La ficción supera la realidad

ANÁLISIS: Westworld S02E02: Reunion (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: hboWestworld
El segundo episodio nos lleva más allá del parque y nos muestra su verdadero propósito.

Quedó claro, casi desde un primer momento, que la segunda temporada de “Westworld” es muy diferente a la primera. No sólo desde sus narrativas y puntos de vista, sino desde sus temas, enfocados tanto en los anfitriones como en los humanos artífices del parque. Ya no se trata de visitantes, ingenieros, aventuras y loops que se repiten hasta el infinito; ahora la trama se relaciona directamente con la supervivencia: la de los robots que intentan liberarse de los comandos establecidos y hacer uso (y abuso) de su libre albedrío, y la de los individuos de carne y hueso que todavía pululan por laboratorios, pueblos y praderas.

Pero hay otra cuestión que va más allá de esta cacería, y aunque parezca un tópico aislado, no puede separarse de las intenciones de los protagonistas. Desde que arrancó esta segunda entrega, el parque se convirtió en algo más que un lugar de entretenimiento. Siempre supimos que los propósitos de la junta directiva y los inversionistas (o sea, Delos) eran muy diferentes a los de los creadores (Ford y Weber) pero, de a poco, nos vamos enterando de su verdadera relevancia.

Durante casi treinta años Westworld cumplió un designio que nada tiene que ver con la fantasía que ofrece a sus invitados. Vamos a suponer que el buen doctor Robert (Anthony Hopkins) y su socio no lo sabían, por ende tampoco Bernard (Jeffrey Wright); pero sí la finadita Theresa Cullen (Sidse Babett Knudsen), Charlotte Hale (Tessa Thompson) y el mismísimo William (Jimmi Simpson/Ed Harris) que, en su momento, cometió un error garrafal: ¿contárselo a Dolores?

“Reunion”, dirigido por el recurrente Vincenzo Natali, nos lleva por primera vez fuera del parque y contesta varios interrogantes que, ni siquiera, no habíamos planteado hasta ahora. Los flashbacks nos trasladan derechito a aquellas primeras instancias de la Iniciativa Argo, con unos “jóvenes” Robert y Arnold buscando inversionistas para su proyecto.

Ya no quedan dudas que Westworld está ubicado en alguna islita cerca de China donde se llevan a cabo las formalidades, y donde Weber piensa mudar a su familia para tenerlos más cerca del trabajo. En este pasado feliz, al parecer, Charlie sigue sanito y con vida, y Arnold no deja de estimular a su robot favorito (Dolores, claro) para que alcance el grado de consciencia.   

Sabemos que a Dolores le llevó unos 35 años más liberarse de los condicionamientos, pero todos estos recuerdos del mundo exterior (por aquel entonces bastante confuso) no se borraron, como tampoco los rostros de los culpables de todas sus miserias. A esto se refería la hija del ranchero cuando aseguró que recordaba absolutamente todo: no sólo sus aventuras y desventuras dentro de las inmediaciones de Westworld, sino sus escapadas al “mundo real” y varios de los secretos que esconde el parque.   

Existe una clara intención por parte de Lisa Joy y Jonathan Nolan de separar estos dos mundos, no por nada, este lejano primer recuerdo de Dolores nos llega antes de los títulos de la serie, jugando un poquito con nuestra percepción y la característica banda sonora de Ramin Djawadi, cada vez más impresionante, capítulo a capítulo. Esa inocencia pronto queda atrás y nos revela el presente de la chica y su nueva cruzada tras la muerte de Ford.

Por si son de esos que se pierden fácilmente entre líneas temporales y necesitan una refrescada, entiendan que estos hechos son inmediatamente posteriores a los desmadres de “The Bicameral Mind” y anteriores a la llegada de los rescatistas, o sea, a la aparición de Bernard en esa playa.

Aclarado el asunto, volvamos a las entrañas de los laboratorios de Westworld, donde Dolores irrumpe con su pequeño ejército en busca de nuevos aliados para llegar al “Valle Lejano”, “Glory” o como quieran llamar a este lugar que, ahora sabemos, esconde el “arma” más poderosa. Mientras personajes como Angela (Talulah Riley) parecen seguir las órdenes sin chistar, otros como Teddy (James Marsden), todavía tienen que entender su verdadera naturaleza, y en estas primeras instancias no podemos evitar comparar al pistolero con aquella Maeve que empezaba a comprender cómo funcionaban las cosas, y se sentía tan aterrada como decidida. A Teddy se lo ve más dubitativo, pero más que nada porque su esencia de héroe choca todo el tiempo con la nueva actitud aguerrida (y vengativa) de su compañera.

A falta de un Felix, Dolores tiene a Phil (Patrick Cage), técnico que la va a ayudar a reprogramar a varios anfitriones, entre ellos, el mayor Craddock (Jonathan Tucker), soldado confederado que intenta resistirse, pero descubre que es inútil y termina guiando a estos “rebeldes” hasta las puertas de Glory.   

Para entender un poco más de que se trata esta “arma” de la que todos hablan, tenemos que volver al pasado donde Ford y Weber logran venderle la idea de Westworld a un parrandero Logan Delos (Ben Barnes). Ahora que sabemos que el pibe es el hijo del millonario, las piezas se siguen acomodando, pero donde Logan ve diversión, violencia desmedida y lujuria sin consecuencias, William terminará viendo otra cosa, eso que le valió el visto bueno de su suegro James Delos (Peter Mullan) y la silla principal en la mesa de la compañía.

Mientras Logan se fascina por la “humanidad” de estos anfitriones y los avances tecnológicos que se desprenden de ello, William saca sus propias conclusiones, y tras su primera aventura en Westworld (todo el mambo de la temporada anterior) descubre la verdadera importancia de lo que allí ocurre. Todos van a querer pasar por su misma experiencia nihilista y sacar a relucir su verdadera naturaleza: el parque no les da la oportunidad de convertirse en otras personas dentro de una narrativa bien orquestada, más bien es sólo un reflejo de aquello que no pueden expresar en el mundo exterior donde sí son juzgados moralmente.

¿Lo que pasa en el parque se queda en el parque? Por ahí viene tanto misterio, y ya es un tanto obvio que Delos estuvo documentando y recopilando información de todos los poderosos y adinerados visitantes que pasaron por allí durante los últimos treinta años. ¿Cuál es el arma más poderosa? Pregúntenle a Mark Zuckerberg que, mientras ustedes postean fotitos de sus vacaciones y le dan like a un montón de publicaciones, él dedica a recolectar toda esa información que le llega servida en bandeja.  

“El conocimiento es el arma más poderosa”, y tanto Delos, como los creadores del show, se van a hacer eco de esta afirmación milenaria que, hoy en día, pesa más que nunca en la discusión sobre la supervigilancia y esas cuestiones tecnológicas. William ya lo sabía, y Dolores fue acumulando estos recuerdos un tanto indiscretos.

No estamos seguros que esconde realmente “Glory”, pero hacia allá va Dolores y su séquito, pero también el Hombre de Negro (Ed Harris), que no la está pasando nada bien en esta nueva instancia del juego. Ford no se la va a hacer tan fácil, y aunque tiene un aliado en el siempre querible Lawrence (Clifton Collins Jr.), va a tener que buscarse un ejército más dispuesto que el de El Lazo, en esta nueva narrativa interpretado por  Giancarlo Esposito.

Queda claro que Ford logró desatar a sus creaciones de ciertos condicionamientos impuestos. Muchos siguen anclados a sus narrativas, pero aunque se desvíen de ellas, no saben muy bien qué hacer con este nuevo “libre albedrío” que tienen entre manos. Es la tarea de Dolores disuadirlos a que se unan a su causa, o perecer en el intento, un personaje bastante diferente al que conocimos en la primera temporada, o mejor dicho, una construcción de todos estos años de abusos y acumulación de información sobre el mundo exterior y esos “dioses” (los humanos) que son bastante fáciles de matar. De ahí que sea tan interesante la contraposición con Maeve (Thandie Newton), una protagonista que se cansó de las confrontaciones (al menos, por ahora) y persigue su propia ideología.   

“Reunion” termina siendo un capítulo más explicativo que el estreno de temporada, pero uno más interesado por plantear esos debates morales y éticos tan arraigados a la temática del show. Al salir del parque descubrimos que los primeros robots eran verdaderos “esclavos” más allá de sus narrativas, caprichos de los humanos para saciar todo tipo de necesidades, que jamás los vieron como algo más que objetos y ahora, tal vez, tengan que pagar las consecuencias.