Publicado el

Analisis | Crónica de la desgracia anunciada

ANÁLISIS: Una Serie de Eventos Desafortunados (Segunda Temporada)

Volver a la home

Por: Florencia Orsetti

Tags: Netflix
Rara hasta lo absurdo, la nueva temporada continúa por buen camino

Al final del carrusel de originales en Netflix, bastante sepultados bajo los últimos estrenos de abril, podemos encontrar los nuevos episodios de una de las series más extravagantes que se produjeron en el último tiempo. La segunda temporada de Una Serie de Eventos Desafortunados nos trae lo que queremos ver: humor negro y una pisca de ingenuidad infantil mezclada con gags de los más oscuros y adultos.

Los huérfanos Baudelaire, Violet (Malina Weissman), Klaus (Louis Hynes) y Sunny (Presley Smith) no mejoraron mucho su panorama. De hecho, arrancan la temporada siendo admitidos en una escuela en la que no solo el Conde Olaf (Neil Patrick Harris), sino también sus propios pares, los terminan rebajando, haciéndoles la vida más infeliz que nunca. Desde los primeros capítulos, que, como en la temporada anterior, están organizados de a pares para adaptar un volumen de la saga literaria cada dos, notamos que la serie tomó un ritmo bastante más llevadero. Ahora, más maratoneable que nunca, Una Serie de Eventos Desafortunados se lleva las mejores de nuestras risas e incomodidades.

La temporada sigue valiéndose de humor absurdo con una puesta en escena casi teatral. Sigue habiéndose muchísimos chistes metalingüísticos, una de las características más notables de la saga de novelas de Daniel Handler en la que se basa la serie. Cualquiera que las haya leído se encontrará con una recreación fiel, que hasta desafía algunas de las reglas del formato televisivo. De ahí que, para la mayoría de los espectadores, Una Serie de Eventos Desafortunados sea una producción difícil de digerir, especialmente porque no deben ser pocos los que la abandonaron en la primera temporada, en la que los problemas de ritmo eran más palpables.

Estos nuevos 10 episodios no tienen preámbulos innecesarios ni pistas que no llegan a nada. Ahora, el secreto de los padres Baudelaire es un tema recurrente y más claro. Es más fácil seguir el misterio. El único problema que nos queda, pero contra el que no podemos luchar, es que, a veces, la repetición del formato, heredada de la obra original, se vuelve algo densa. Sabemos que cada dos episodios veremos un nuevo disfraz del Conde Olaf, un nuevo escenario al que los Baudelaire se tienen que adaptar y un nuevo adulto que los quiere ayudar, pero que lo que tiene de bondadoso lo tiene de idiota. El guion encuentra inventiva, de todas formas, en los diálogos, el humor y en la química entre personajes.

Neil Patrick Harris sigue siendo todo lo que está bien en la serie, un villano hipnótico, que nos despierta odio, pero también ternura. El trio de huérfanos la juega muy bien también. La queja no me la guardo para algunos personajes secundarios como el Sr. Poe (K. Todd Freeman), que ya se quedó sin nafta, su ingenuidad ya no es motivo de risa sino de revoleo de ojos.

Por el contrario, una de las nuevas caras, Jacques Snicket (Nathan Fillion) le da una boconada de aire fresco al tono de predecible tristeza infinita que recorre toda la serie. Ante todo, Una Serie de Eventos Desafortunados es un relato trágico que habla de las injusticias, de los maltratos que sufren quienes no tienen voz para revertirlos y de un montón de otras cuestiones que, cuando las observamos con un ojo crítico, nos llegan y hasta están vigentes en la sociedad actual. Sin embargo, el nihilismo excesivo de las novelas puede ser abrumante y por eso creo que la serie consigue un relato más natural al incluir en esta temporada un par de personajes que quieran aportarle un poco de azúcar a toda esta amargura. Gracias a personajes como Jacques, los Baudelaire terminan saboreando un poco la esperanza, lo que hace que sientan más la desgracia cuando les toca y, por ende, a nosotros nos termine por llegar más.

Los últimos halagos que me quedan en el tintero se van para el diseño de producción. Cualquier amante del cine de Wes Anderson terminará delirando con la estética que maneja la serie, de cuento de hadas devenido en tragedia. La mano del director principal, Barry Sonnenfeld (Hombres de Negro, Los Locos Addams) sigue siendo la correcta y lo único que volvemos a reprochar al final es el uso de CGI.


Me llamó la atención la calificación de +7 que le da Netflix a la serie. Es cierto que no aborda ninguna temática adulta de manera explícita y que el sexo, las drogas y la violencia solo son sugeridas. Sin embargo, me cuesta muchísimo encontrar una serie más adulta dentro del género de fantasía juvenil. En una realidad paralela en la que me hubiese sido posible maratonearla en mi tierna infancia, hoy la recordaría como alguna de aquellas series que “volví a mirar siendo más grande” solo para horrizarme con la cantidad de tópicos sugestivos deprimentes y aterradores que nunca pudiese haber captado de niña. Ahora, no puedo evitar pensar en cómo Lemony Snicket nos avisa, desde el primer capítulo, que tendríamos que dejar de mirar si no toleramos los finales infelices. Suelo tolerarlos, pero después de 18 capítulos, dejando de lado todo problema de ritmo, me encariñé tanto con los Baudelaire que pienso esperar la tercera temporada con la esperanza de que encuentren su final feliz. No va a pasar.