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Analisis | Doesn’t look like anything to me

Previously on Westworld: ¿Hacemos recapitulación antes del domingo? (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: hboWestworld
Nos preparamos para el domingo, y hacemos un poco de memoria.

Este domingo arranca la segunda temporada de “Westworld”, el western sci-fi creado por Lisa Joy y Jonathan Nolan, basado en la película homónima de 1973, dirigida por Michael Crichton. La propuesta de HBO nació (un poco) con ganas de llenar el vacío que pronto nos va a dejar “Game of Thrones”, pero también para rescatar a esos loquitos seriéfilos amantes de las teorías infinitas que generan este tipo de thrillers conspiranoicos.  

Los valores de producción de “Westworld” están muy por encima de la media televisiva (como su presupuesto), por eso la apuesta es todavía más grande cuando se trata de conquistar a un público (¿nerd?) más activo que debe hacer un esfuerzo extra para seguir cada uno de los pormenores de esta historia. Seamos sinceros, esta no es una serie que se maratonea a la ligera, es más, gana relevancia con cada nuevo visionado, donde podemos ir descubriendo todos esos detalles que se nos pasaron de entrada.

Es altamente recomendable volver a ver, al menos, los últimos capítulos antes del estreno de la segunda entrega. Igual, nosotros les ahorramos el esfuerzo, y hacemos un recap de los sucesos más relevantes para que no estén tan perdidos cuando el domingo arranque “Journey into Night”.  

Para un análisis más extenso de cada episodio, pueden volver a leer las reviews correspondientes (el buscador del sitio es una herramienta fascinante), por acá vamos a acomodar los hechos que nos llevaron hasta la última narrativa del doctor Robert Ford (Anthony Hopkins) y el advenimiento del apocalipsis robótico en las inmediaciones del parque.

Olvidémonos de los loops y de las múltiples líneas temporales, y arranquemos por el presente de Westworld, un parque temático para adultos muy adinerados que pueden cumplir todas sus fantasías, aparentemente sin límites y sin sufrir las consecuencias. Los visitantes pueden recorrer cada uno de los rincones de este escenario del Lejano Oeste, vivir aventuras más casuales, o sumergirse en narrativas más alejadas y peligrosas, siempre interactuando con los anfitriones, inteligencias artificiales antropomórficas diseñadas (y programadas) para su cumplir todos sus caprichos, sean cuales sean.  

De los invitados más asiduos, se encuentra el Hombre de Negro (Ed Harris), un “cliente” más que fiel que lleva décadas recorriendo las instalaciones y desbloqueando todos sus secretos. Bueh, no todos, y esa obsesión lo lleva a cruzarse con el “laberinto”, un nivel mucho más avanzado del juego que se le viene escapando de las manos.  

Mientras todos lo pasan bomba en las diferentes locaciones del parque, en sus entrañas tenemos a los “titiriteros” que le dan vida a esta fantasía: ingenieros, programadores, directivos que lidian con cada uno de los aspectos que tienen que ver con estos sofisticados robots. Se dice que nunca hubo un incidente en los más de treinta años que Westworld lleva abierto al público, pero algunos de los anfitriones empiezan a presentar anomalías, a partir de un nuevo programa introducido por Ford, director creativo (y amo y señor) de este mundo, más allá de la presión de los ejecutivos de Delos, los verdaderos dueños de esta atracción.

Después de una serie de incidentes, Bernard Lowe (Jeffrey Wright), jefe de la División de Programación, comienza a indagar un poco más en el pasado del parque y de su cofundador, Arnold Weber, quien murió misteriosamente en el lugar antes de su inauguración. Lowe está convencido de que alguien está saboteando a sus criaturas, y el nombre de Weber no deja de aparecer en su camino, pero además de las anomalías de los host –de alguna manera recuerdan experiencias anteriores que deberían haberse borrado de su memoria-, parece haber una peligrosa fuga de información, una jugada sucia de la directiva que quiere retirarle el control a Ford, único conocedor de la patente de estos maravillosos robots.   

Mientras Bernad lidia con sus propios dilemas, algunos robots del parque comienzan a adentrase en los suyos. Sabemos que Arnold estaba muy encariñado con sus creaciones y, en cierta medida, trató de liberarlos antes de convertirse en esclavos de los caprichos de los futuros visitantes. Su anhelo: que alcanzaran el grado de consciencia y se independizaran de cualquier tipo de comportamiento programado. Un deseo que chocaba con las intenciones de Ford, que por aquel entonces no compartía esta ideología.

Por un lado, tenemos a Dolores Abernathy (Evan Rachel Wood), la dulce y optimista hija de un ranchero. Hablamos del primer robot construido por Arnold, y el primero que logra llegar al centro del laberinto (metafóricamente, alcanzar el grado de consciencia). El camino de Dolores está plagado de sufrimiento (físico y “emocional”), mucho del cual ni puede recordar, pero los flashes (ensueños) se empiezan a acumular en sus circuitos, mezclando diferentes etapas de su ‘vida’, y obligándola a recorrer esa travesía una y mil veces.

Dolores tiene una existencia cíclica que se acomoda a diferentes narrativas donde, la mayoría de las veces, es la damisela en peligro. Pero Ford tiene un nuevo papel para ella dentro de su acto más reciente, uno que la va a “despertar” y transformar para siempre. Ni Teddy (James Marsden), su eterno caballero de brillante armadura, pudo anticipar la llegada de Wyatt. El pistolero –ese que en un principio confundimos como otro visitante del parque- no entiende del todo el rol que cumple en esta historia, y todavía está por verse si va a poder soportar la nueva personalidad de Dolores.  

Antes de que lleguemos a ese momento culminante de la temporada (la rebelión y la masacre), volvamos el tiempo atrás, unas tres décadas, cuando William (Jimmi Simpson) llegó por primera vez a Westworld de la mano de su futuro cuñado Logan (Ben Barnes). Un muchacho retraído, no muy afecto a la violencia, que elige ser el héroe de su propia aventura, a diferencia de la brutalidad y la lujuria de su compañero. No pasa mucho tiempo hasta que cruza su camino con Dolores, y comienzan una travesía por los lugares más recónditos del parque. William no puede evitar enamorarse de esta chica que no tiene nada de real y le ofrece un mundo muy diferente al que experimenta día a día como subalterno. Tarde se va a dar cuenta que todo es parte de un artificio creado especialmente para él, pero que al mismo tiempo termina revelando su verdadera naturaleza.

Esta noción de que Westworld transforma a las personas es una mentira, más bien les muestra lo que realmente son. En el caso de William, ese Hombre de Negro que decide tomar las riendas de su vida y de su trabajo, ascendiendo en la escala hasta convertirse (en el presente) en el accionista mayoritario de Delos. Una vez que entendió el juego y aceptó la desilusión, salió en busca de cada uno de los secretos del parque, confrontando al mismísimo Ford y torturando a los anfitriones sin clemencia, incluyendo a su querida Dolores.

Si bien el laberinto no estaba diseñado para él, al final, cumplió su cometido jugando un pequeño papel en el “despertar” de Dolores que, después de tantos años, logró hacer encajar cada pieza de este rompecabezas. Habiendo agotado las posibilidades del parque, William es el primero (y el único humano) en alegrarse ante la masacre y el propósito de Ford. Celebra este nuevo nivel en el juego pero, ¿realmente entiende las consecuencias? Esa es una respuesta para esta temporada, así que sigamos adelante.

A Maeve Millay (Thandie Newton), la perspicaz administradora de Mariposa, le toca recorrer un camino un tanto diferente. Sabemos que cada una de sus acciones estuvo manipulada, pero al final es ella (y su nueva consciencia adquirida) la que decide bajarse del tren y regresar al parque para encontrar a esa “hija” de una vida (narrativa) pasada. Maeve es fogosa, atrevida, y aunque su actitud haya sido milimétricamente programada, nos gusta creer que tiene ese carácter impulsivo y que siente con cada fibra de su corazón artificial. Estas son las características que fueron atravesando cada uno de sus loops, y las que sobrevivieron para convertirla en este anfitrión que toma la iniciativa de, ahora en más, crear su propia historia.

Millay es tan antigua como Dolores, pero se nota a la legua que sus objetivos van a ser muy diferentes. Su odisea es más personal y emocional, sobre todo si tenemos en cuenta todas las “muertes” que atravesó para llegar hasta acá. Sin dudas, uno de los personajes más atractivos de la serie, cuya humanidad nos obliga indefectiblemente a pararnos de su lado y en la vereda de todas estas maltratadas inteligencias artificiales.

La tercera pata de esta historia (porque es obvio que Nolan y Joy le pusieron especial atención a sus robots) es el mismísimo Bernard, personaje conflictivo si lo hay. Lowe es un anfitrión creado por Ford a imagen y semejanza de su buen amigo Arnold, una de las criaturas más manipuladas del parque, más si tenemos en cuenta los trabajos sucios que tuvo que hacer, no contra los miembros de su propia especie, sino con algunos humanos que se entrometieron en el camino del director.  

Bernard no puede lidiar con su moral atrofiada, y esta doble existencia que lo obligaron a vivir. Antes de descubrir que era un ser artificial ya sentía empatía por estas criaturas que él mismo ayudó a construir, pero parece no terminar de encajar con los nuevos pensamientos de Dolores y Maeve, y prefiere la fachada “humana” que se sigue manteniendo tras la muerte de Robert Ford. A Lowe le falta encontrar su propósito en esta “revolución”, aunque su instinto de supervivencia no se vio afectado.

¿Cómo quedó la cosa? Ford quiso cerrar el círculo y matar varios pájaros de un tiro (literal y metafóricamente). Tras ser echado por la junta y la odiosa Charlotte Hale (igual, te queremos Tessa Thompson), decidió cumplir el sueño de Arnold y abrir la puerta para la liberación de sus inteligencias artificiales, con Dolores a la cabeza. Esto no garantiza que el resto de los host alcance el mismo estado de consciencia, pero ya es un primer paso que, de entrada, desestabiliza el estatus quo de Delos.

Súmenle que los robots del parque se salieron totalmente de control y empezaron a atacar a todo lo de carne y hueso que se atraviesa por su camino (sin distinguir entre visitantes o ingenieros); que gran parte de los accionistas de la compañía formaban parte de la soirée pergeñada por Ford como su acto de despedida; y el férreo interés de Delos por echar mano a la patente original, información que Hale pretendía sacar del parque camuflada dentro del cuerpo decomisado de Peter Abernathy (Louis Herthum), uno de los padres de Dolores.

La intención de Joy y Nolan es que cada temporada cierre la mayor cantidad de interrogantes posibles, así se pueden abrir otros nuevos, y que cada entrega de “Westworld” funcione como un capítulo dentro de una gran franquicia. Obviamente, hay preguntas que todavía no tienen respuesta y personajes que seguirán desarrollándose. Hay un cambio de actitud que abarca tanto a la historia como a estos protagonistas, que habrán encontrado el centro del laberinto, pero ahora deben hallar la salida.

To be continued…